Crece la polémica por la irresponsabilidad (¿o cobardía?) de Alberto Fernández frente al Legislativo
Los legisladores contribuyen a la depreciación de su imagen ante la sociedad al no exigir el cumplimiento de la Constitución Nacional.
Alberto Fernández incumplió con un mandato constitucional: que el jefe del Gabinete de Ministros de la Nación informe al Congreso Nacional.
Tiene razón Elisa Carrió: “Es un claro incumplimiento de los deberes de funcionario público y estamos analizando una denuncia penal”.
El artículo 101 de la Constitución Nacional es concreto: "El jefe de gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes, alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 71. Puede ser interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las Cámaras".
Pero Fernández habitualmente incumple el inciso 9 del artículo 100: "Concurrir a las sesiones del Congreso y participar en sus debates, pero no votar", y el Legislativo nunca se lo hizo notar, ¿por qué no habría de incumplir otro más?
Sorprende el afán de Fernández de participar de un encuentro de presidentes en Brasil, cuando para la administración Kirchner, la política exterior no es una prioridad.
Además, hay un ministro de Relaciones Exteriores y Culto (Jorge Taiana, en teoría), que es el responsable de la agenda presidencial en estos encuentros.
En la página web de la Jefatura de Gabinete, aparecen las funciones de ese funcionario, y en el inciso 14 se lee: "El jefe de gabinete de ministros no podrá desempeñar simultáneamente otro ministerio".
¿No se encuentra sustituyendo al ministro Taiana?
http://www.jgm.gov.ar/Paginas/MisionesYFunciones.html
No hay un mandato constitucional de que el jefe del Gabinete de Ministros asista a una cumbre de jefes de Estado, pero sí lo hay para que informe al Legislativo, 1 de los 3 poderes republicanos, y quien, en teoría, podría cesar al jefe de Gabinete.
O Fernández desprecia / subestima al Congreso, o le teme.
Esto último resultaría llamativo cuando el Frente para la Victoria mantiene una cómoda mayoría en ambas cámaras. ¿Fernández le teme a alguna pregunta que pueda realizar la minoría? Poca confianza en su capacidad de respuestas y en la cobertura necesaria que le podría brindar el bloque oficialista.
Aparentemente, ni José María Díaz Bancalari ni Agustín Rossi pueden garantizarle a Fernández lo que éste pretende: la complacencia del Legislativo.
Pero hay algo peor en el ánimo de Alberto Fernández: el temor a que desde el oficialismo legislativo se produzca alguna consulta difícil, que refleje el sordo enfrentamiento que el jefe de Gabinete mantiene con su colega Julio De Vido, ministro de Planificación Federal.
Alberto Fernández se encuentra 'licuado' en la interna de un gobierno que se apresta a realizar cambios en la integración de su gabinete, y consideró que era mejor no arriesgar su propia estabilidad, aunque casi nadie cree que él podría marcharse en esta etapa.
El inestable e inexperto diputado nacional santafecino Agustín Rossi dijo que la ausencia con aviso de Fernández “es una situación absolutamente entendible”.
“Se suspendió la visita una semana, nada más”, agregó al respecto.
Esto quiere decir que el Legislativo no es prioridad ni siquiera para Rossi. Pero sería interesante precisar qué significa integrar el Legislativo: los electores se expresan a través de los legisladores; y el descrédito del Congreso ha perjudicado mucho a las instituciones republicanas. Fernández y Rossi convalidan ese descrédito.
Lo grave es que otros legisladores no se han hecho oir con suficiente autoridad acerca de qué está ocurriendo.
Por cierto que los propios legisladores aportan a su descrédito, en un suicidio interesante: delegan, reiteradamente, funciones que les corresponden, en la Jefatura del Gabinete de Ministros; no piden rendición de cuentas por esa cesión de facultades, y además aceptan convertirse en un recinto fungible.
Ocurre que hay una equivocada interpretación acerca de la lealtad y de la contribución a la gobernabilidad, como si los legisladores cuando son elegidos deben dejar de trabajar de legisladores para que le vaya bien al país. ¿Habrán sido tan estúpidos los redactores de la Constitución Nacional, o los ignorantes son los actuales legisladores?
Por supuesto que gran parte de este problema es la falta de una reforma política que establezca una elección uninominal, probablemente por circunscripción, de cada legislador; que en ese caso representaría a electores identificados y no a un universo inexpresivo.
Pero no son cuestiones que le preocupen ni al Presidente ni a Alberto Fernández ni, aparentemente, a la mayoría de los legisladores genuflexos como el tal Rossi, apenas un concejal de lujo.
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