¡Pobre Kant!
El filósofo aleman Inmanuel Kant solía definir al tiempo y al espacio como dos de las doce categorías del entendimiento que permitía al ser humano acceder al conocimiento.
Sin embargo, lo que este filósofo creía como rasgo saliente de su teoría, hubiere sido estéril de haberlo querido aplicar en la Argentina del siglo XXI.
Pero nuestros dirigentes aunque se esfuerzan, no consiguen llegar al conocimiento y así el país marcha hacia un escenario de tinieblas.
Poco a poco la administración Kirchner va consolidando el proceso de aislamiento internacional y va dejando al país con las puertas cerradas al indispensable acceso al financiamiento para la inversión.
Una consecuencia de ello, es la ley sancionada ayer por la cual se van a financiar obras de infraestructura en los sistemas de gas y electricidad.
Son obras de una envergadura muy importante y de un monto de inversiones multimillonario que deben ser financiadas con un alto costo para los clientes de esos servicios.
Este tipo de obras tiene otro mecanismo de financiación en tiempos y lugares normales. Generalmente, estos emprendimientos se financian mediante la emisión de algún bono ó empréstito que se calza sobre garantías estatales o sobre flujo de fondos futuros o bien sobre la base de algún crédito de organismos multilaterales, tal vez con la participación de un sindicato de inversores institucionales.
Pero está claro que la Argentina no discurre sobre tiempos normales ni tampoco el país es un lugar normal.
El revés de la trama de los cargos fijos es la falta de acceso a los mercados internacionales fruto de las "avivadas criollas" de las tres "D": Devaluación, Default y Depósitos confiscados. Así nos va.
Pero parece ser que la dirigencia política hace gala, cuanto menos, de su torpeza y reincide en los errores que llevaron a la Argentina a una crisis sin fin.
Es cierto que el tiempo y el lugar no son normales. Pero ello no obsta a que se termine con los disparates de antaño.
No conforme con lo vivido en los últimos 60 años, los políticos argentinos insisten con el imperio de la desconfianza y llevan a la defraudación como estandarte de su nave insignia: la corrupción.
La desaparición del presupuesto como instituto republicano y de control democrático ha recibido sentencia de muerte. El manejo discrecional de los recursos ha hecho desaparecer el presupuesto y la permanencia de la ley de Emergencia es el principal factor disruptivo en la atracción de inversiones hacia el país.
¿Quién se animará a prestarle dinero a la Argentina si los responsables del manejo de esos fondos pueden desviarlos de acuerdo con "su sano saber y entender", o "su estado de ánimo, o bien "sus necesidades político electorales"?
El amplio manejo discrecional de los recursos en la administración Kirchner es recurrente. La decisión de caer la concesión de Aguas Argentinas obligo a desviar fondos del persupuesto a la nueva empresa creada. Algo similar había ocurrido antes con el financiamiento para entes sin actividad como el caso de ENARSA, LAFSA y otros.
El mismo criterio de discrecionalidad se aplica en la asignación de subsidios. Cuando alguien recibe un subsidio hay otro que lo paga. Donde hay alguien que recibe un beneficio, hay otro alguien que soporta una carga. El desbalance es en muchos casos grosero dándose casos absolutamente irritantes como el reciente del Belgrano Cargas. Mientras desempleados y jubilados soportan una excesiva carga fiscal en detrimento de magros salarios, las "Patrias Contratista y Sindical" recibieron graciosamente de su "majestad" el PEN, un subisidio sin devolución para intentar poner en funcionamiento un ruinoso ferrocarril carguero.
La ilegitimidad, la emergencia, la discrecionalidad, cuando no arbitrariedad son los rasgos salientes de este tiempo y de este lugar que escapa a toda normalidad y previsibilidad.
íPobre Kant!
MAR
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