EDITORIAL |Indefinición sobre la Corte Suprema
La falta de definición del Gobierno sobre la cobertura de las vacantes en la Corte Suprema, afecta el funcionamiento del máximo tribunal y por lo tanto de la Justicia. La Corte debe tener una dinámica acorde con su relevancia institucional.
A pesar de que semanas atrás el presidente de la Corte Suprema, Enrique Petracchi, hizo pública su preocupación por la marcha de la actividad de la cabeza del Poder Judicial, el Ejecutivo no ha dado ningún signo de atender la situación.
Concretamente, la existencia de cargos vacantes en la Corte está impidiendo la resolución de numerosas causas judiciales, ya que no se alcanza la mayoría de votos necesarios. Hay cientos de expedientes en los que las posiciones están divididas y ninguna de las tesituras alcanza el mínimo de los cinco votos hoy necesarios para la toma las decisiones. La persistencia de los puestos vacantes genera, entonces, acumulación de tareas e imposibilidad de resolver causas de relevancia jurídica, como se supone que son las que llegan a la máxima instancia de nuestra estructura judicial.
El presidente del máximo Tribunal había afirmado que "debería completarse la Corte, o que mediante una ley se disponga que tienen que quedar siete miembros". En este último caso, la mayoría necesaria para resolver debería fijarse en cuatro votos coincidentes.
Sin embargo, el Gobierno parece no prestar atención a la situación y no ha manifestado ninguna intención de tomar una determinación. Aparentemente, no sería una prioridad del Ejecutivo atender a esta cuestión, lo cual entra en colisión con la preocupación inicial que tuvo el Gobierno en materia judicial y que originó una profunda renovación de la Corte a través de un procedimiento de designación que contó con tramos de gran transparencia y debate público.
Lejos, entonces, del mandato constitucional de afianzar la justicia, las causas se acumulan en la Corte, un tribunal del cual se espera que redefina su incumbencia y el modo de actuar en los procesos, convirtiéndose en una instancia transparente y de verdadero resguardo de la Constitución. Los restantes poderes deben, por su lado, dejar de lado la pasividad y dar los pasos necesarios para que la Corte pueda establecer una dinámica acorde con la relevancia institucional que tiene en nuestra República.
http://www.clarin.com/diario/2006/05/11/opinion/o-02601.htm
Comentarios
Los comentarios están bloqueados