La "latinoamericanizacion" del modelo laboral en la Argentina |Por Alejandra Torres
En Latinoamérica, la mayoría de los países se caracterizan por tener una poco ambiciosa legislación laboral y de la seguridad social, tasas de desempleo no muy altas y una fuerte incidencia de la pobreza.
Por Alejandra Torres
Economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino.
En Latinoamérica, la mayoría de los países se caracterizan por tener una poco ambiciosa legislación laboral y de la seguridad social, tasas de desempleo no muy altas y una fuerte incidencia de la pobreza.
Esta paradoja conduce a la formación de un mercado de trabajo profundamente segmentado con normas laborales sólo aplicables a un pequeño sector moderno integrado mayoritariamente por las empresas más grandes.
En contraste, hay un extenso sector informal que subsiste gracias a la sistemática violación de las normas.
Como la mayoría de los trabajadores no se pueden dar "el lujo" de permanecer desocupados -dado que las coberturas asistenciales son muy limitadas- aceptan desarrollar cualquier tipo de actividad, sin importar cuán bajo sea su nivel de productividad y remuneración: esto explica las tasas de desempleo relativamente bajas.
El panorama se repite en toda la región, obviamente que con diferencias según los niveles de desarrollo de cada país.
La excepción es Chile que muestra progresos sistemáticos de mejora en sus indicadores laborales y sociales.
En el lado opuesto se encuentra Argentina que presenta niveles de segmentación similares, o incluso peores, a los observados en países con menor nivel de desarrollo económico. Aunque es el país con el producto per capita más alto del Mercosur, la incidencia del empleo no registrado solo es superada por Paraguay.
En Argentina, el empleo no registrado afectaba a menos del 20 por ciento a comienzos de los '80 pero llegó al 31 por ciento luego de la hiperinflación. Y antes de la crisis del 2002, se había extendido al 38 por ciento del total del empleo asalariado.
En la actualidad, aunque en términos de nivel de actividad económica la crisis fue superada, el trabajo "en negro" llega al 46 por ciento. Esto implica que acumulamos tres décadas de agravamiento persistente.
¿Cómo se explica un fenómeno tan dañino? Aunque subyace una multiplicidad de factores causales, uno muy importante es la tendencia a aplicar disposiciones legales poco apropiadas para la problemática laboral de las empresas más pequeñas.
Normas que se justifican en función de un objetivo de protección del trabajador terminan teniendo un impacto discriminador porque en su diseño no se contemplan las realidades que enfrentan las unidades productivas más pequeñas.
Esta es una debilidad histórica pero que se ha acentuado en los últimos años, llevando la segmentación del mercado de trabajo a niveles nunca vistos en la Argentina.
Tanto o más importante que definir un objetivo de política es diseñar e instrumentar la herramienta apropiada para lograrlo. En el tema laboral no vamos a mejorar la situación con la mera declamación de principios sino encontrando mecanismos innovadores que den garantías de que la protección efectivamente llegue a los trabajadores.
Por ejemplo, la simplificación de la registración laboral, la erradicación de la litigiosidad y la instrumentación de un mínimo no imponible para la determinación de las cargas sociales rompen con la ortodoxia tradicional y son medidas a través de las cuales se pueden reducir costos que den márgenes para aumentar salarios sin riesgos de afectar los precios.
Además inducen a la formalización de las pequeñas empresas. Esto es clave para que el rol protector de las leyes deje de ser una declamación.
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