Presión impositiva: La eficiencia del Estado, un aspecto clave
A la carga fiscal se la percibe más elevada cuando se evalúa que lo pagado no se vuelca efectivamente a la sociedad
La definición respecto de cuán elevada es la carga fiscal medida como porcentaje de los salarios tiene mucho de subjetivo. De hecho, depende de la percepción que cada ciudadano tiene del nivel de las prestaciones del Estado: de la calidad de los servicios de salud, educación y seguridad; de la derivación de los recursos en bien de la sociedad, y del mayor o menor grado de transparencia en la gestión.
Los investigadores de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade) concluyen que sacarle el 40% de lo que gana a una persona es realmente excesivo.
Según el informe, muchas veces los ciudadanos no conocen exactamente con cuánto están contribuyendo para mantener el aparato estatal, pero sí tienen una idea más clara de que lo recibido a cambio no es muy útil.
"No nos sentimos seguros y protegidos contra la agresión de los criminales; no sentimos que la Justicia funcione para con ellos ni tampoco para resolver las disputas que podamos tener entre nosotros; pagamos dobles muchos servicios: educación, salud, etc., que luego volvemos a contratar en el mercado", concluye el informe, en referencia a realidades como la presencia de empleados de seguridad de empresas privadas en muchos lugares de residencia. Con los servicios brindados por el Estado en nuestro país, a criterio de Eseade, es a todas luces absurdo que una persona que percibe un salario de $ 730 en mano, que no le permite siquiera mantener a su familia (mujer y dos hijos) al margen de la pobreza, tenga que dejar un tercio de ese ingreso en manos del sector público, sin poder disponer libremenente de ellos. El estudio se pregunta si el Estado resulta el mejor administrador de esos recursos, o si sería más bien aconsejable permitir que esos trabajadores invirtieran más en la educación de sus hijos, en vestimenta o en esparcimiento.
"En los segmentos de mayores ingresos, que tienen los medios culturales para discernir, la queja constante va a ser que se paga dos veces lo mismo: «Pago salud y pago educación, pero no uso ni el hospital ni la escuela», se dice", sostuvo Christian Bunge, director de la investigación presentada por Eseade. "Y el que tiene que tomar servicios del sector público se encuentra con que lo que recibe es de baja calidad", agregó.
Según afirmó José Manuel Pano, director ejecutivo de Eseade, también está quien paga la tasa de alumbrado, barrido y limpieza, pero a la vez contrata seguridad privada en la esquina, ve que no le podan el árbol y camina por una vereda que está sucia.
Claro que, más allá del servicio que se percibe para cada uno y los suyos, es valorable la acción del Estado como distribuidor de recursos; por ejemplo, en el pago de planes sociales. En este punto, eso sí, influye la sospecha del uso político o indebido de fondos en la percepción de la eficiencia del Estado, al que –por otro lado– vale más exigirle cuando uno mismo, en su conciencia, sabe que tiene una conducta personal inobjetable.
Las diferencias en cuanto a la valoración que se da a los servicios del sector público debe tenerse muy en cuenta a la hora de observar los resultados del "día libre de impuestos" obtenidos en varios estados, que se publica en un gráfico que acompaña esta nota. El estudio del tax freedom day, de hecho, se realiza en muchos países del mundo aunque –vale aclararlo– no existe una metodología unificada.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/805879
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