Cambio en la selección de inspectores: Historia de nunca acabar
Como lo hicieron varios de sus antecesores, el ministro Diego Gorgal anunció ayer que renovará el plantel de inspectores de la ciudad para lograr una mayor eficacia en el sistema de control porteño.
Las buenas intenciones del funcionario no están en tela de juicio. Pero sí queda abierto por estas horas el interrogante sobre si su capacidad será más fuerte que la de una estructura históricamente viciada de corrupción, favores políticos y desidia.
Entre 1999 y 2004, hubo al menos trece modificaciones normativas que cambiaron sucesivamente la fisonomía del área de control, siempre con el pretendido propósito de transparentar las inspecciones y de aplicar la ley con más rigor. Sin embargo, esos intentos fracasaron y las fallas subsistieron. Así quedó acreditado durante el juicio político contra Aníbal Ibarra.
Precisamente, el último anuncio que hizo Ibarra sobre cambios en la estructura de fiscalización porteña terminó costándole el cargo al ex jefe de gobierno. Entre otras cuestiones, varios legisladores lo consideraron responsable de mal desempeño por no haber sido capaz de organizar una estructura de control eficiente para ejercer el poder de policía en la Capital, a pesar de haber encabezado personalmente la campaña contra el foco de corrupción de la ex Dirección de Verificaciones y Control.
En noviembre de 2003, Ibarra la disolvió; pasó a disponibilidad a 500 agentes y creó la Unidad Polivalente de Inspectores (UPI). Se suponía que la UPI, que estaría integrada por profesionales, llegaría para jerarquizar el área y “limpiarla”. Pero eso no sucedió. Según se ventiló en el juicio político, ni los agentes sospechosos fueron investigados, ni los profesionales decidían cuándo clausurar o no, con operativos “digitados” a distancia, por handy.
La tragedia de Cromagnon dejó a la luz que las fallas persistían en el sistema. Ahora, Gorgal vuelve a intentar superarlas.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/806391
Comentarios
Los comentarios están bloqueados