Temas de la Justicia |Una democracia inmadura
En la Argentina, la calidad institucional cotiza en baja y nuestra República continúa siendo tan inmadura como en los años ochenta.
Ayer, el titular de la Cámara de Diputados, Alberto Balestrini, decidió remover de la Comisión de Agricultura a la diputada María del Carmen Alarcón porque no coincide con la política del Poder Ejecutivo en materia de carnes. Hoy, la Cámara baja convalidará la medida, para lo que, según el reglamento interno, le basta con reunir la simple mayoría de votos.
La oposición objetó la movida política con toda razón. En la historia mundial, el Congreso y los Parlamentos no aparecieron como un apéndice del Poder Ejecutivo, sino como un ámbito para debatir libremente, al margen de los antojos del monarca del reino. Hoy, la Constitución sigue diciendo que el Congreso y la Justicia son poderes independientes. Además, la tarea de un presidente no es representar los intereses del Presidente, sino los intereses del pueblo que lo votó. Por eso, lo grave no es que Alarcón sea separada del Frente para la Victoria -porque ésa es una decisión exclusivamente partidaria-, sino que sea excluida de una comisión, porque esto afecta las instituciones.
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La Corte, por su parte, es quizás el poder estatal que más está haciendo para cobrar fuerza institucional -por lo menos es lo que pretenden y dicen algunos de sus jueces-, pero todavía varios aspectos siguen corriendo por el mismo carril de debilidad institucional.
La semana próxima, Diputados resolverá en forma definitiva que el legislador electo Luis Patti no puede incorporarse al cuerpo. La Corte tiene algo para decir al respecto, porque tiene en estudio un caso semejante, que surgió cuando en 1999 Diputados no permitió la incorporación del ex gobernador y también ex diputado Domingo Bussi. Sin embargo, nadie en la Corte tiene interés en apurar la decisión.
El caso Bussi está en la Corte desde hace dos años. Por supuesto que las acusaciones formuladas contra Bussi -haber sido gobernador de facto; dirigir centros clandestinos de detención, y haber tenido nivel de decisión en delitos de lesa humanidad- son mucho más graves que las que se formulan contra Patti. Y si la Convención Interamericana de Derechos Humanos sólo permite excluir de una elección a quien ya fue "condenado", es fácil entender que tal vez Bussi fue mal excluido, pero seguramente hay menos motivos para excluir a Patti. Esto, desde el punto de vista jurídico, más allá de la opinión que tengamos sobre las calidades morales de esas personas.
Hace 36 años, la Corte norteamericana, entonces de tinte muy progresista y presidida por Earl Warren, trató la exclusión de Adam Clayton Powell y resolvió que la Casa de Representantes (Diputados) había obrado en forma inconstitucional cuando impidió el ingreso del legislador.
En la Corte argentina, el caso Bussi no terminó de circular y, hasta ahora, las opiniones están divididas. Por cierto, todo indica que el máximo tribunal terminará por convalidar la atribución del Congreso de excluir a Bussi. Pero hubiera sido un signo de madurez que el Poder Judicial ya hubiese resuelto el tema Bussi, teniendo en miras también las diferencias con el caso Patti.
El tiempo pasa y la democracia argentina sigue sin madurar.
Por Adrián Ventura
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