Abel Fleitas Ortiz de Rozas: "Nunca he recibido presiones"
El jefe de la Oficina Anticorrupción sostiene que en la lucha contra ese mal "las deudas son también de la sociedad", no sólo del Gobierno; además, se atreve a decir que el secretario de Agricultura, Miguel Campos, debería renunciar
Fue juez federal en lo civil y comercial entre 1964 y 1976. Es profesor de derecho civil en la Universidad Nacional de La Plata y en la UBA. Antes de llegar a la OA, entre 2003 y 2004 fue secretario de Asuntos Legislativos del Ministerio de Justicia. Abel Fleitas Ortiz de Rozas, jefe de la Oficina Anticorrupción (OA) desde diciembre de 2004, es un hombre de contextura media, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco. Usa una barba candado prolijamente recortada y se peina hacia atrás, con una marcada raya al costado en el lado izquierdo de la cabeza. Su cabello es completamente gris, ni claro ni oscuro, ni largo ni corto. Nunca se despeina ni levanta la voz y mide cada palabra como si estuviera rindiendo un examen.
Con un tono moderado, que se ajusta a la perfección a su aspecto -y viceversa-, dice que en la lucha contra la corrupción "las deudas son también del país, de la sociedad", no sólo del Gobierno, aunque aclara que prefiere llamarlas "cuestiones pendientes". Es más, afirma que el gobierno de Néstor Kirchner "ha marcado una diferencia" en ese terreno.
Acerca de "las cuestiones pendientes" del Poder Ejecutivo en el combate contra la corrupción, no destaca el control de los gastos de la Secretaría de Inteligencia (SI, ex SIDE) ni el manejo de los cuestionados fondos fiduciarios, dotados este año con unos 4100 millones de pesos. Sostiene que lo principal sería "trabajar mucho más en el sistema educativo" para mejorar los valores de la sociedad.
En una sola "cuestión pendiente" se diferencia de la posición de la Casa Rosada. Piensa que "es aconsejable [...] considerar la posibilidad de la renuncia" del secretario de Agricultura, Miguel Campos, procesado el 20 de abril último por aparentes irregularidades en la distribución de la Cuota Hilton y ratificado luego en su puesto.
Durante una entrevista de una hora y media con LA NACION, Fleitas también debe admitir algunas "cuestiones pendientes" puertas adentro de la OA: aunque destaca la importancia del decreto 1172/03, que instrumentó el acceso a la información en la Administración Pública Nacional y la publicidad de la gestión de intereses, desde diciembre del año pasado Fleitas no difunde su agenda, tal como lo exige la norma.
- ¿Puede investigar al Poder Ejecutivo desde el Poder Ejecutivo?
-Sí, la oficina lleva seis años de actuación. Estamos llevando investigaciones sobre funcionarios de gobiernos anteriores y del actual.
-¿Sufrió alguna presión por investigar a funcionarios de este gobierno?
-No sufrimos nada que yo llame presión. Sí me llegan referencias de que puede haber funcionarios molestos por investigaciones en su área, pero no he recibido una reacción directa de presión, sino que más bien me he enterado indirectamente Son áreas en las que se pueden estar produciendo contrataciones o licitaciones donde hacemos investigaciones preventivas.
-Se me ocurre el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, a quien han denunciado.
-Bueno, ésa es un área donde hemos hecho denuncias. Pero, como no he recibido ningún comentario personal, tampoco quiero personalizarlo.
-El que se enojó fue Ricardo Cirielli (subsecretario de Transporte Aerocomercial y secretario general de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico, en uso de licencia), por la resolución de la OA que le impide intervenir en temas relacionados con Aerolíneas Argentinas. Dijo que usted seguía órdenes del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
-Sí, me hizo gracia [esboza una media sonrisa]. Aun cuando yo lo firme, todos los proyectos fueron elaborados por el personal técnico especializado en el tema de incompatibilidad.
-No es la primera vez que lo acusan de responder a Alberto Fernández. ¿Tiene alguna instancia de consulta con él?
-Mi cargo tiene autonomía de funcionamiento y, en lo administrativo, está bajo la órbita del Ministerio de Justicia. Me he encontrado con el jefe de Gabinete en situaciones puntuales. De hecho, tampoco tengo una relación propiamente política con él, no hemos estado en espacios políticos comunes.
-Su designación fue cuestionada porque los jefes de la OA tenían un perfil menos político.
-No me considero un político tradicional. Mi tarea más permanente es la académica. Antes de mí había un perfil de fiscales penales. Lo importante es que, al frente de la oficina, esté un hombre de Derecho. Para especialidad penal está el director de investigaciones.
En varias oportunidades, a lo largo de la entrevista, el jefe de la OA se preocupa por explicar su paso por el gobierno de Carlos Menem, en el que fue secretario de Asuntos Institucionales del Ministerio del Interior. Cuenta que llegó por su historia vinculada al peronismo y que se fue en 1994, cuando Menem logró su mayor poderío.
Su recorrido en la política había comenzado en los años 70. Su militancia en la Juventud Peronista hizo que en 1976 la dictadura lo cesara en su cargo como juez federal en lo civil y comercial. Volvió a un cargo público en 1987, durante la gestión de Antonio Cafiero en la provincia de Buenos Aires, a quien acompañó en la renovación del peronismo. Hoy, destaca que tiene el mismo auto desde 1998, un Ford Escort.
-¿Le parece que el Gobierno tiene voluntad política para luchar contra la corrupción?
-Hemos recibido un buen respaldo en esto. No ha habido interferencias y, además, creo que si miramos la evolución de los últimos 15 años, este gobierno ha marcado una diferencia en un proceso evolutivo donde todavía queda mucho por hacer.
-¿Con qué ha marcado la diferencia?
-Ha marcado la diferencia con respecto a una historia que venía de la década del 90, con hechos muy escandalosos, con actitudes de manipulación de la Justicia. Se puede advertir un cambio en el tono general. No ha habido actitudes de tolerancia o de encubrimiento frente a hechos de corrupción como había hace diez o quince años atrás. Frente a denuncias públicas que comprometían a determinados funcionarios, la actitud había sido "investiguemos al que denuncia y no al denunciado".
-Pasó algo parecido en el caso de Campos.
-No intervinimos en el caso del procesamiento, por lo que no puedo abrir juicio.
-Pero hablaba de protección a funcionarios acusados. ¿Le parece que el Gobierno debería desplazar a funcionarios procesados?
-Si hay un funcionario que es procesado fundadamente debería considerarse la posibilidad de su renuncia. Creo que eso es aconsejable. Pero esto no tiene punto de relación con lo que podemos recordar de casos escandalosos de los años 90.
-¿Qué deudas tiene el gobierno en la lucha contra la corrupción?
-No, yo creo que las deudas las tiene el país, las tenemos todos. El Gobierno, pero también la sociedad. En la Argentina hay una cultura de poco cumplimiento de la ley. A esto apunta nuestro plan vinculado a la educación en valores porque es muy importante la presencia social en la lucha contra la corrupción.
-Pero usted es el encargado de luchar contra la corrupción en el Poder Ejecutivo. ¿Le parece que este gobierno tiene deudas?
-Yo no lo llamaría deudas. Tenemos muchas cuestiones pendientes...
-¿Cuáles?
-Trabajar mucho más en el sistema educativo. Pero no es sólo una tarea del Ministerio de Educación, es una tarea conjunta, del Gobierno, del sector social, de empresas, de las ONG.
-¿Qué opinión tiene de la multiplicación de los fondos fiduciarios?
-Los fondos fiduciarios están sometidos al control público, si bien tienen más flexibilidad que otras formas de contratación. Tenemos investigaciones sobre fondos fiduciarios [de otros gobiernos]. No descalifico al sistema de fideicomisos. Son una herramienta útil y eficaz pero requieren una atención importante para evitar abusos.
-¿No le preocupa que la ley de acceso a la información no esté en la agenda del oficialismo?
-A mí me preocupa el tema, pero tenemos una herramienta que es eficaz, que es el decreto del año 2003 de acceso a la información.
-Desde diciembre del año pasado usted no cumple con la publicación de su agenda, uno de los puntos del decreto 1172/03. ¿Por qué?
-Yo creo que no es así. Una vez por mes me reúno con mis colaboradores y les paso toda la agenda. Creo que la última agenda que completé fue la de abril. Así que debería estar publicada.
-Puede chequearlo en Internet y verá que no.
-Bueno [manda a uno de sus colaboradores a averiguar. Un instante más tarde, el asistente vuelve con la respuesta]. Me dicen que están corroborando los datos personales de los visitantes, yo pensé que los tenían.
-Otro tema que no está en la página es el informe anual del año pasado.
-Sí a ese informe creo que le faltaba completar algo de investigaciones.
-Desde la creación de la OA no hubo ninguna sentencia, ¿qué explicación le encuentra usted?
-Este no es un problema sólo de la OA, sino de las investigaciones de corrupción. Responde a varios factores. Por un lado, la complejidad de las causas. Además, en hechos de corrupción, las defensas son mucho más activas que en delitos comunes. También hay un elemento que yo llamaría de cultura procesal y es que todavía está bastante latente en la justicia penal federal un concepto de la instrucción exagerado. Asimismo, ha habido causas que se han demorado. Cuando empecé la gestión hice una información pública sobre demoras muy marcadas en algunos juzgados y creo que esto ha ayudado a que hubiera una mayor celeridad.
-¿Hay corrupción entre los jueces?
-Hay una evolución de la Justicia. Se advierten jueces mejor calificados. Y más allá de que puede haber jueces que vienen de la década del 90 y otros que pueden ser nuevos, me parece que hay una renovación en el espíritu.
Por Gabriel Sued
El perfil
Medalla de oro
Abel Fleitas Ortiz de Rozas nació en 1943, en la ciudad de Buenos Aires. Está casado en segundas nupcias con Silvina Fazio, abogada. Tiene cinco hijos, cinco nietos y uno más en camino. Se recibió de abogado en la UBA, en 1967, con medalla de oro y premio al mejor promedio.
Tribunales y política
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