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Informe de Prensa

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Lunes, 22 de mayo de 2006

La pregunta es solamente ¿cuándo? |Por Roberto Cachanosky

Desde mi punto de vista, la política económica del Gobierno tiene, por lo menos, dos grandes inconsistencias, una de corto plazo y otra de largo plazo. La de corto plazo es intentar disimular las crecientes presiones inflacionarias detrás de un Indice de Precios al Consumidor "manejado" artificialmente. La segunda inconsistencia es pretender crecer sostenidamente sin crear condiciones institucionales adecuadas para atraer la inversión.

Dadas las inconsistencias mencionadas, que todos saben que existen pero pocos se animan a explicitar públicamente, la única pregunta que queda por formularse es: ¿hasta cuándo aguanta la distorsión de precios relativos? Responder a este interrogante no es nada fácil, pero lo que sí podemos afirmar es que, cuanto más amplia sea la distorsión y mayor el tiempo que se la mantenga, la salida será crecientemente traumática.

Sólo artificios

¿Por qué digo que el Gobierno se preocupa por manejar el IPC? Porque las medidas que viene tomando intentan, solamente, utilizar artificios para que este índice no refleje la realidad inflacionaria. Veamos algunos ejemplos.

Como la carne tiene una ponderación del 4,5% en el IPC, el Gobierno decidió prohibir la exportación de carne para que el precio baje artificialmente y no impacte sobre el índice.

Para evitar que un aumento en el precio de la energía influya sobre el IPC, el Congreso acaba de aprobar un impuesto sobre el consumo de energía eléctrica y gas con el argumento de que se van a financiar inversiones en el sector. En rigor, esto se podría haber solucionado con un aumento de la tarifa, pero si se aumenta la tarifa el IPC lo registra. En cambio, si se aplica un impuesto, el IPC no va a registrar estadísticamente el aumento en el costo de la energía. El consumidor va a pagar más cara la energía, pero no se va a reflejar sobre el IPC porque la tarifa que releva el Indec no se mueve.

El transporte no puede aumentar los precios para que no impacte en el IPC, pero recibe un subsidio del Gobierno para cubrir el quebranto por mantener congelados los precios. Y los ejemplos podrían seguir con el caso de la indumentaria o la recientes restricción "voluntaria" de exportación de trigo. El objetivo fundamental, entonces, es que el IPC no refleje la inflación.

Mientras el Gobierno distorsiona los precios relativos para que el IPC muestre un número que no lo complique políticamente, la producción de moneda crece a un ritmo mayor al que crece la producción de bienes y servicios.

El gráfico que acompaña esta nota muestra la relación entre circulante y PBI. Tomo el circulante porque refleja la expansión monetaria primaria, que podría ser asimilable a la producción de moneda que genera el BCRA y que queda en el mercado luego de la absorción vía Nobacs, Lebacs y demás instrumentos que utiliza. Es decir, a pesar de la utilización de dichos instrumentos, la cantidad de pesos en circulación crece. ¿Qué ocurre con la generación del resto de los bienes y servicios de la economía? Crece a un ritmo menor.

Durante la década del 90 la relación circulante/PBI se mantuvo entorno del 4%, es decir la producción primaria de moneda tenía un ritmo igual al del PBI, pero a partir de 2003 la relación sube constantemente hasta alcanzar casi el 7 por ciento. ¿Qué nos indica esto? Que la producción de moneda crece más rápido que la oferta de bienes y servicios que genera la economía, por lo tanto, el precio relativo moneda con el resto de los bienes tiende a deteriorarse en detrimento de la moneda. La moneda se está depreciando frente al resto de los bienes o, más popularmente, tenemos inflación.

El problema es que para sostener artificialmente alto el tipo de cambio el BCRA tiene que seguir produciendo moneda a un ritmo mayor al que crece el PBI y, por lo tanto, la inflación sigue su curso por más que el gobierno haga todos los esfuerzos por evitar que se refleje en el IPC. Sin embargo, en algún momento, esta distorsión tendrá que ser corregida y el reacomodamiento de los precios relativos será brusco.

Si uno repasa los esfuerzos que viene haciendo el Gobierno por disimular la verdadera inflación, se encuentra con los siguientes datos:

1) inició el "acuerdo" de precios con unos pocos productos cuando Lavagna todavía era ministro de Economía,

2) extendió los "acuerdos" a cientos de productos, 3) estableció la prohibición de exportar carne,

4) convocó a los intendentes a controlar los precios para amedrentar a las empresas,

5) resucitó la ley de abastecimiento que llevó al rodrigazó de 1975 como consecuencia de la política de inflación cero de Gelbard,

6) le exige a las empresas presentar inútiles planillas de costos para autorizar incrementos de precios y

7) ahora establece una restricción "voluntaria" para la exportación de trigo. Es decir, el control de precios, más que ser limitado y transitorio, tiende a extenderse y a ser cada vez más férreo, lo cual es grave, porque mientras con mayor dureza se intenta "dibujar" el IPC, la inflación sigue creciendo de la mano del BCRA.

Duración limitada

En este contexto de precios relativos distorsionados la gran pregunta que todos se formulan es: ¿cuánto puede durar esta estructura artificial de precios relativos? En otras palabras, todos saben que en algún momento las variables tendrán que sincerarse, por lo tanto, al escaso ambiente de negocios que hoy existe en la Argentina para realizar inversiones se le agrega la incertidumbre sobre los precios relativos. El resultado no puede ser otro que inversiones limitadas a lo estrictamente necesario y financiadas con los flujos que tienen las empresas.

Dada la ausencia de un clima de negocios, uno no puede esperar que en el futuro la cantidad de bienes y servicios crezca dado que estará limitada a la capacidad de producción existente.

Si la oferta de bienes y servicios no crece por falta de inversiones y, además, la economía sigue cerrada vía un tipo de cambio artificialmente alto, cabe esperar que la relación circulante/PBI sigua aumentando. Y salvo que la gente quiera mantener inmovilizada una mayor cantidad de pesos, la inflación seguirá subiendo por más que el IPC no lo refleje.

Para evitar un brusco cambio en los precios relativos el Gobierno debería cambiar por completo su estrategia económica. Dejar de sostener artificialmente alto el tipo de cambio y cambiar el modelo de sustitución de importaciones por otro basado en la inversión, lo cual exigiría una profunda modificación en las reglas de juego existentes. Si el Gobierno cambia su actual modelo podemos evitarnos una nueva crisis de precios relativos. Si no lo hace la pregunta que queda pendiente de respuesta es: ¿hasta cuándo dura la actual distorsión?

El autor es economista.


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