Hospitales: las guardias reciben más consultas y no dan abasto
Se incrementó la población del conurbano que busca contención y también la que perdió su obra social o su prepaga. Y creció el número de consultas sin urgencia, que oscila entre el 20% y el 60% de los casos.
- Corridas, agresiones y estrés
Prioridades |Sergio Danishewsky
Guardias pediátricas |Los desafíos de una nueva realidad social
Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.com
La tendencia arrastra unos cuantos años y parece perpetuarse a ritmo sostenido: en la última década, el número de consultas por guardia creció un 77% en los hospitales porteños. Los servicios de emergencia reciben 1.170.000 consultas anuales más que en 1995. Según los especialistas, más de la mitad de esos pacientes no presenta patologías de gravedad o urgencia y podría atenderse por consultorio externo. Pero, explican, a los servicios de emergencia —y a los profesionales que los encarnan— les toca ponerle el pecho a situaciones y problemáticas impensadas hace una veintena de años.
Los datos son elocuentes. Hace una década, hacia 1995, las guardias de los hospitales porteños recibían 1.520.314 consultas por año. En 2005, la cifra había trepado a 2.694.171, un nivel de incremento inédito y difícil de "digerir" para los servicios de emergencia de la Capital Federal.
"Seguimos manteniendo un porcentaje alto de gente del conurbano (35%), y también conservamos una buena porción de la clase media que, tras la crisis, se acercó al hospital, encontró una buena respuesta y se quedó —explica el doctor Donato Spaccavento, ministro de Salud porteño—. Pero el mayor problema es el aumento de la consulta "banal" (la que podría atenderse al día siguiente por consultorio), que oscila entre un 40 y 50%. Esa consulta abruma al hospital, aumenta los costos del sistema y baja la calidad de la atención de quienes sí necesitan la urgencia".
"La explosión de la demanda obedece a diversos factores. En nuestro caso, casi la mitad de la población atendida proviene del conurbano bonaerense —apunta el doctor David Brodschi, jefe de Guardia del Hospital Argerich—. También recibimos una gran cantidad de gente que perdió en los últimos años su prepaga u obra social. El servicio tiene más de 70 profesionales por turno y no damos abasto: tenemos una 1.200 consultas diarias".
Un panorama similar vive el hospital Fernández, que tiene, además del servicio de guardia, un un centro de emergentología. "Recibimos 500 consultas diarias. Muchas veces el servicio se recarga porque se acaban los turnos en los distintos servicios y la gente se va a la guardia. Hay personas que sólo vienen a tomarse la presión o por una lumbalgia. Más de un 50% de las patologías que atendemos no son estrictamente de guardia, pero el paciente demanda la urgencia y uno responde", dice el doctor Ernesto Ibarra Puentes, jefe del Servicio de Urgencia del Hospital.
Según los expertos, el porcentaje de gente que va a la guardia sin necesidad no es menor: oscila entre el 20% y 60%, según la institución. "El problema es que para ver a un médico en el consultorio hay que sacar turno y concertar una cita, y a veces la gente no puede faltar al trabajo o hacerse espacio en la agenda y prefiere ir a la guardia, esperar e irse con el problema resuelto. Por eso mucha gente exagera el síntoma, para que le pidan estudios que forman parte del chequeo de rutina, como una radiografía o un electro", revela Germán Fernández, director del SAME, adonde se puede llamar (107) para recibir orientación sobre si uno debe ir a una guardia o puede esperar.
El problema no afecta sólo al sistema público. En los sanatorios privados la consulta "injustificada" también es moneda corriente. "Tras la evaluación del paciente, en el 70% de las consultas que recibimos en el servicio encontramos que el problema no reviste severidad, pero el paciente no lo sabe hasta que consulta", dice el doctor Pablo Pratesi, jefe del Servicio de Emergencias del Hospital Austral, donde el número de consultas diarias se quintuplicó desde el 2000.
"Es que el colapso de los servicios de emergencia no es un problema de la ciudad de Buenos Aires y tampoco de la Argentina. Es un fenómeno que se repite en todo el mundo, y nadie tiene claras las causas", dice Fernández.
Spaccavento coincide: "Es un problema a nivel mundial. Nosotros estamos evaluando un proyecto para instalar un software que funciona muy bien en Estados Unidos y permite filtrar la consulta banal. Es una línea gratuita, manejada por operadores que, a partir de una base de datos con 800 síntomas establecidos por protocolos científicamente avalados, permite orientar al que llama. Le da un diagnóstico de presunción y le dice si puede resolver el tema con medidas de autocuidado, si necesita ir a la guardia o si le mandan la ambulancia. El año que viene podría estar funcionando", dice.
Algunos especialistas atribuyen la saturación de los servicios de guardia al abuso de recursos que —dicen— termina disparando la gratuidad del sistema público de salud. Otros, en cambio, prefieren hablar de falta de educación y campañas públicas sobre cómo utilizar los servicios de urgencia.
"Mucha gente llama a la ambulancia para pedir un certificado médico o usa el vehículo de taxi para ir al hospital —dice Spaccavento—. En otros países esa mala utilización es multada. Acá no hay sanciones, pero el software, al identificar al que llama y registrar su historial, permitirá detectar a los graciosos y a los irresponsables".
Corridas, agresiones y estrés
El incremento de consultas y el colapso de los servicios de urgencia no son los únicos problemas que enfrentan las guardias. La agresividad de los pacientes y la falta de respeto a la función médica son otro de los males que afrontan los especialistas en emergentología.
"La gente viene muy agresiva, maltrata, grita, desconfía. Se perdieron algunos códigos: el respeto al médico y su función desaparecieron. Y eso hace que los médicos se desgasten —dice el doctor Germán Fernández—. Hay una edad para la guardia, no es para cualquier momento de la vida. Es un sector con mucha adrenalina y se toman decisiones todo el tiempo". También las ambulancias y el personal médico que transportan soportan el quiebre de algunos códigos. "Antes, no había problema para entrar a una villa de emergencia. Hoy hay que ir con custodia policial porque, cada tanto, nos rompen las ambulancias", revelan en el SAME.
"Son frecuentes los casos de burnout (cerebro quemado) y crecieron las agresiones a médicos. El respeto por la profesión y la función cayeron mucho", asegura Juan Ferrero, jefe de Emergencias del Hospital Durand. El cambio cualitativo en la demanda también aporta tensión. "Hay casos que denotan niveles de violencia inéditos. Aumentaron los pacientes víctimas de traumas domiciliarios y peleas callejeras", añade.
Prioridades |Sergio Danishewsky
sdanishewsky@clarin.com
El propio Néstor Kirchner lo deslizó en la edición de Clarín de ayer: una nueva ley sobre el sistema de salud forma parte de las prioridades del Gobierno. Está claro que algunos de los motivos que hacen colapsar las guardias de los hospitales porteños tienen que ver con cuestiones estructurales, demográficas o culturales, y el porcentaje de pacientes que proviene del conurbano es un buen ejemplo. Pero la sensación de asignatura pendiente tiene razón de ser. En Estados Unidos, por caso, una aceitada red de personal paramédico obra como primer filtro. Y una pediculosis jamás llegará a ser motivo de consulta en una guardia. Claro que formar paramédicos en un país que padece un brutal déficit de enfermeras es utópico. De allí lo del comienzo: la necesidad de repensar la salud en la Argentina. Y de no bajar la guardia.
http://www.clarin.com/diario/2006/05/29/sociedad/s-03215.htm
Guardias pediátricas |Los desafíos de una nueva realidad social
El mayor problema que enfrenta hoy el área de urgencia pediátrica no es el volumen de consultas. Somos el barómetro y la barrera de contención de una nueva realidad social que trastocó nuestro trabajo y nuestra función. Ya no nos ocupamos sólo de las patologías médicas (gripes, accidentes, infecciones), sino de un montón de situaciones que rebotan en el hospital y exigen un replanteo de la estructura del servicio y de nuestra tarea en sí", sentencia el doctor Jorge Fiorentino, jefe del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños R. Gutiérrez.
Y ejemplifica, enumerando "las nuevas patologías prevalentes": lesiones traumáticas cada vez más graves, alcohol y drogas, sida, situación de calle, abuso y maltrato, patologías psiquiátricas, embarazo de niñas y adolescentes, patología respiratoria estacional... "Cuando terminamos con todo eso atendemos a los chicos enfermos", bromea, pero habla en serio. "Nos preocupa porque nosotros no estamos preparados —ni lo está la estructura del servicio— para contener y abordar estas nuevas situaciones", dice.
A Fiorentino le preocupa, sobre todo, "la sobredemanda de enfermos psiquiátricos y de niños abstinentes: cuando internamos a un chico con síndrome de abstinencia debemos hacer un bloqueo y perdemos tres camas por habitación. Los nuevos problemas condicionan hasta la estructura hospitalaria". Otro problema inédito son los niños custodiados o esposados a la cama y los baleados. "Hace 20 años llegaba un chico baleado y se revolucionaba el hospital. Hoy entran de 30 a 40 por año", revela.
"Tenemos cada vez más casos de pobreza y la degradación social, y eso cambia el perfil de la guardia", asegura, sin minimizar otros males: "Más de 1.500 chicos mueren por año e ingresamos dos a terapia por semana por accidentes vehiculares".
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