Plural, no pluralismo |Por Ricardo Kirschbaum
La idea de un Gobierno más plural, que lanzó Kirchner en Plaza de Mayo, necesitaba ciertas precisiones. Ya se conocen dos. La primera condición que se puso a esa convocatoria es que todos los que se sientan atraídos deben tener el mismo objetivo que tienen quienes la formularon; la segunda condición es que piensen como piensa el Gobierno. Tanto el jefe de Gabinete como el ministro del Interior aclararon que más que el origen político de quienes adhieran a la iniciativa, importa la coincidencia con las metas a lograr.
Esta propuesta gira exclusivamente alrededor de la incorporación de dirigentes al proyecto de Kirchner para la construcción de una nueva fuerza política que tiene una fuerte matriz peronista, pero que no se agota allí.
Alberto Fernández recordó ayer que Juan Perón ya había incorporado figuras del radicalismo y del socialismo a su movimiento. Y que esa experiencia podía darse en otro contexto, como el que se vive actualmente.
Es por eso que la utilización del adjetivo plural por el oficialismo alude a las múltiples fuentes de confluencia hacia el oficialismo y no a las distintas miradas, aun a aquellos apoyos críticos. Queda claro que el proyecto no es un "sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o métodos en materia política, económica, etc.", tal como se define al pluralismo. De hecho, no sólo los opositores como Carrió, Macri, López Murphy o Sobisch, quedan fuera del esquema.
Los gobiernos que se sucedieron desde 1983 han sido "plurales". Alfonsín incorporó a socialistas, conservadores y peronistas; Menem llamó a los seguidores de Alsogaray; De la Rúa llegó en 1999 en una coalición con el Frepaso.
Kirchner intenta usar su poder para atraer a otros sectores a su proyecto, fundiendo identidades y construyendo otras que vayan dejando atrás al justicialismo tradicional.
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