Peligros de las escuelas sin voz |Por Mariano Narodowski
Prohibir celulares o permitir ver el Mundial son instrucciones que llegaron a las escuelas desde arriba. Para no debilitar la autoridad de los docentes, es necesario delegar en ellos decisiones que pueden ser tomadas con autonomía.
Mariano Narodowski
Director del Area de Educación, Universidad torcuato Di Tella
Prohibir los celulares y permitir mirar por TV el Mundial de fútbol. Desde hace semanas una parte del aparato estatal del área educativa está dedicada a la promoción, regulación o restricción, según el caso, de estas dos cuestiones.
El Parlamento Nacional y algunas legislaturas provinciales debaten acerca de la conveniencia de sancionar leyes para que los celulares pasen a la clandestinidad en el ámbito escolar y se discute si es constitucional requisarlos a la entrada para devolverlos a la salida o si la obligación de docentes y alumnos es mantenerlos apagados.
El efecto educacional negativo del "modo silencioso" o el "vibrador" resultan aspectos controversiales sobre los que nuestros representantes deberán resolver.
Respecto del Mundial de fútbol, la altura alcanzada por el debate teórico pedagógico no es menor, pero en este caso —al contrario del anterior— la visión es permisiva. Algunos gobiernos provinciales —que son los responsables directos de la administración de las escuelas— se han adelantado con varios meses al máximo evento del fútbol, anunciando que el Mundial por TV entra a la escuela.
La querella en este aspecto consiste en determinar si sólo se trata de los partidos en los que juegue la Selección argentina; si los alumnos extranjeros pueden ver el partido en el que jueguen sus equipos, si un alumno extranjero cuya selección no haya clasificado para el Mundial —por ejemplo Bolivia— está obligado a asistir a los partidos de Argentina o acaso puede optar por hinchar por otra Selección —supongamos México— y solicitar ver el partido en la escuela; si a los docentes y alumnos a los que no les gusta el fútbol se les permite enseñar y aprender los conocimientos del currículum (y si lo hacen sin permiso, qué sanción se les aplica) y si en las escuelas en las que no hay televisión deberán conseguir una o escucharlo por radio.
Por su parte, el Gobierno nacional ha elaborado material pedagógico sobre los medios y el Mundial de fútbol y lo ha presentado junto a varios jugadores de nuestro equipo nacional para ser luego distribuido en todas las escuelas del país y así "trabajar pedagógicamente" el tema. El interrogante de muchos es si esta actividad se repetirá con las Leonas, los Pumas, la Hiena Barrios o la Selección de Manu: las autoridades tienen la palabra.
¿Qué tiene en común estimular que los estudiantes vean los partidos en hora de clase y a la vez prohibir el uso de celulares en escuelas? Esta aparente contradicción se explica por el afán de muchos funcionarios por indicarles a los docentes cómo deben educar.
La estrategia elegida parece consistir en que las decisiones del nivel macropolítico (legislaturas, ministerios) son más acertadas que las que los educadores puedan determinar en cada aula y en cada escuela.
Así, maestros y profesores deben resolver los problemas (que son muchos y muy complejos) de acuerdo con los que se regula desde los lejanos escritorios de políticos y especialistas y no en referencia a la aplicación en cada situación de sus saberes profesionales.
Esta estrategia, que plantea decisiones "de arriba hacia abajo", tiene tres consecuencias negativas. Por un lado, legislar sobre lo que pasa en el aula torna rígida a la actividad pedagógica: en el caso de los celulares, es posible que en poco tiempo se haya generalizado a bajo costo la navegación por Internet que es una función que muchos de estos teléfonos ya tienen, lo que redundaría muy positivamente en el aprendizaje cotidiano. Las leyes habrán quedado obsolescentes y mientras tanto habremos perdido otra oportunidad de hacer más eficaces y equitativos estos procesos de modernización tecnológica.
Por otro lado, decidir desde arriba arrasa con la posibilidad de nuestras escuelas de adecuar su propuesta institucional a las necesidades de los alumnos. El poder político que regula prohibiendo o compeliendo deja afuera la mayoría de las situaciones de la vida real, que son matices entre esos extremos y que sólo los docentes, en cada situación que se presenta, saben responder adecuadamente.
Si los docentes no saben, o no pueden, los funcionarios deben ayudar y no resolver desde afuera: frente a un conflicto en la escuela, ya se sabe quién da la cara.
Finalmente, y lo más importante, cada vez que legislaturas y ministerios deciden lo que pasa en el aula contribuyen a desgastar un poco más la ya esmerilada autoridad docente: ¿qué margen tiene una escuela para decidir ofrecer a sus alumnos otras actividades que no sean el Mundial después que las autoridades políticas decidieron por ellos y propalaron la medida en todos los medios de comunicación? ¿Cuál será la imagen de un docente que decide usar celulares y debe hacerlo fuera de la ley?
La función del Estado es financiar adecuadamente la educación (cosa de la que lamentablemente estamos muy lejos) y apoyar a los docentes en las decisiones profesionales que tomen, para así reestablecer en nuestras escuelas la capacidad y el entusiasmo con la educación. Celulares y Mundial pueden tener diversas expresiones en las escuelas y todas pueden ser válidas. Los educadores son los que deben decidir.
http://www.clarin.com/diario/2006/05/31/opinion/o-02701.htm
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