Palabras que abren un camino |Por Carlos Campolongo
La homilía que dio el cardenal Jorge Bergoglio en el Tedéum del jueves 25 de mayo ofreció una semilla para pensarnos hoy como país y como nación. Lo hizo, por supuesto, desde el texto evangélico, en parábola casi perfecta, deteniéndose en la frontera de la praxis política. Por sobre creencias religiosas, apropiada para cultivar un nuevo espíritu que deberá debatir con tecnocracias y economicismos dominantes y construir la ciudad, la polis, como ámbito verdaderamente humano del diálogo para la paz.
DIRECTOR DE LA CARRERA DE PERIODISMO DE LA UCES
En sociedades de riesgo e incertidumbre, podemos acompañarnos con organización cohesionada, desarrollándonos creativamente. Explorando una vertebración sabia entre instituciones, mercado, ciudadanía y sociabilidad. Promoviendo una etapa nueva de la República luego de la tragedia del terrorismo de Estado. Identificando la complejidad de nuevas situaciones, anticipándonos a la devastación del ambiente y la escasez de recursos energéticos.
Lo político, como cooperación y no pura competencia económica, cambiaría el paradigma para contener y orientar la economía. Posibilidad, en definitiva, de regular el capitalismo.
En la sociedad de la información, la paradoja es la desinformación. Obliga, entonces, a un espacio público crítico. La imagen muestra, pero también puede ocultar, tornando invisible, "naturalizando" o inundando de indiferencia lo que nos carcome como pueblo.
Urge la reforma política como síntesis novedosa entre poder y autoridad que conlleve a la justicia. La autoridad, en un estado de derecho, es la creencia del ciudadano. No solamente en un Presidente, sino además en su poder legislativo, judicial, medios de comunicación, grupos de referencia. El poder es "ingeniería" bastante desconocida por la opinión pública. La ley y las instituciones sirven para intervenir ese entramado, a veces opaco.
Acometer los problemas juveniles, para revertir dosis de escepticismo. Y, muchas veces, la conducta destructiva —hacia adentro o afuera— por no tener oportunidades de proyecto. Agravado por el narcotráfico. La generación —de cualquier década— no es la Patria, es una espacio común de experiencias, integradas y no cronológicas, labrando valores sociales. La sacralidad de la ley debería legarse de una generación a otra como cultura.
http://www.clarin.com/diario/2006/06/02/opinion/o-02502.htm
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