El renacimiento de la oposición |Por Fernando Laborda
La reciente irrupción de Roberto Lavagna en el escenario marcó el renacimiento de la oposición. Y también de la política.
Podrá cuestionarse que, cuando falta tanto tiempo para las elecciones presidenciales, ya se hable de candidaturas. Sin embargo, en una Argentina donde todo parecía pasar por Néstor Kirchner y por el oficialismo, es significativo que las fuerzas de la oposición hayan salido de su letargo para empezar a barajar alternativas.
No hay democracia posible sin oposición. No sólo porque es necesaria la posibilidad de la alternancia en el poder, sino porque también es imprescindible para la transparencia y la gestión eficaz que el gobierno de turno perciba que alguien puede controlarlo y sucederlo. De lo contrario, sólo podrían esperarse menos pluralismo y más pretensiones hegemónicas que conducirían a un modelo de pensamiento único.
La hipotética postulación presidencial de Lavagna impactó tanto en un gobierno mal acostumbrado a la escasa potencia de las voces disidentes como en una oposición bastante devaluada.
Por el efecto Lavagna, el gobierno de Kirchner sabe que, más que nunca, necesita mantener bajo control la inflación y otras variables económicas. Es que cualquier complicación que sufra la economía potenciaría las perspectivas electorales del ex titular del Palacio de Hacienda. Por el contrario, si 2006 concluye con un índice de aumento del costo de vida inferior a los diez puntos -en 2005 fue del 12 por ciento- y una tasa de desempleo también menor, los adláteres del Presidente podrían exclamar: "¡Vieron que sin Lavagna estamos mejor! ¡Vieron que no lo necesitábamos!".
* * *
El ascenso de Lavagna a los primeros planos hizo que Mauricio Macri se sintiera obligado a anotarse en la carrera presidencial para no perder espacio dentro de la oposición. Lo hizo sin desacreditar al ex ministro de Economía, aunque tampoco sin dar señales de un probable acuerdo entre ambos.
Las dudas están a la vuelta de la esquina. Un arco opositor dividido entre tres candidatos presidenciales como Lavagna, Macri y Elisa Carrió parece la mejor garantía para la reelección de Kirchner.
Si en las elecciones parlamentarias de octubre último las fuerzas que adhirieron al kirchnerismo redondearon algo más del 40 por ciento de los votos válidos emitidos, y si a ese porcentaje se le suma buena parte del duhaldismo, que, tras aquellos comicios, se alineó junto al oficialismo, la conclusión es elemental: si las elecciones presidenciales fuesen hoy, con una oposición muy dividida, Kirchner ganaría en la primera vuelta con el 45 por ciento de los votos o más.
Es cierto que teóricamente faltan casi 17 meses para los comicios y que, en ese lapso, muchas cosas pueden cambiar. Pero aun así, una atomización de la oposición le daría demasiada ventaja al kirchnerismo.
¿Existen probabilidades de un entendimiento opositor con vistas a formar una gran coalición? Tal vez sí, aunque el síndrome de la Alianza UCR-Frepaso todavía está fresco en la memoria colectiva. ¿Es improbable un entendimiento para que Lavagna sea candidato presidencial y Macri busque la jefatura porteña? El líder de Pro teme que, si se produce ese acuerdo y finalmente Lavagna pierde, el kirchnerismo le haga la vida imposible en la ciudad y hasta le mande todos los días a los piqueteros. Algunos macristas apuestan a que como candidato presidencial Lavagna le reste más votos al kirchnerismo que a la oposición y que eso le permita a Macri llegar al ballottage contra Kirchner. Se trata de conjeturas demasiado sofisticadas que, por ahora, sólo distraen a la oposición de la difícil pero imperiosa tarea de buscar coincidencias programáticas básicas.
flaborda@lanacion.com.ar
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/812972
Comentarios
Los comentarios están bloqueados