Editorial |Juguetes y entretenimientos peligrosos
Es evidente que los juguetes de que disponen los niños en la actualidad han avanzado en sofisticación y en el uso de una tecnología consiguiente. No sólo compiten en diseño, material y color, sino en sistemas de propulsión y de comunicación, y en el empleo de energía eléctrica.
Pero la mayor complejidad, que otorga una apariencia de mayor realismo, también lleva en latencia riesgos de los que hay que cuidar a los chicos. Las piezas que componen autos, aviones, lanchas, casas y tantos otros objetos lúdicos encubren peligros no desconocidos, pero sí multiplicados.
En consecuencia, es menester que padres o mayores prevengan daños que pueden llegar a ser severos. En este sentido, las pilas empleadas en tantos juguetes encabezan el listado de los materiales riesgosos, cuando están al alcance de niños pequeños que si se los llevan a la boca -órgano privilegiado de conocimiento para ellos- y pueden tragarlas. Precisamente, son los médicos pediatras los que observan con alarma el aumento de urgencias hospitalarias de pacientes infantiles por haber ingerido pilas y piezas de juguetes que se desarman. El peligro es tanto mayor cuando los objetos son más pequeños que el tamaño de la boca. Por eso siempre se recomienda vigilar los juguetes y las partes que lo componen a fin de verificar si cumplen con ciertas normas básicas de seguridad.
Otra forma de riesgo es el material de juego que posee puntas agudas o juguetes que, por estar rotos, presentan filos que pueden provocar heridas. También son dañinos los juguetes que producen ruidos estridentes que afectan el oído o las detonaciones que pueden lastimar los ojos.
La televisión también entraña ciertos peligros. Personalidades médicas prestigiosas y sociedades pediátricas del país y el extranjero se han pronunciado decididamente en contra de que chicos menores de 2 años vean programas de TV. Para los mayores de esa edad, la recomendación es que nunca excedan las dos horas de audiencia, y a ello se agrega un consejo bien conocido: que siempre haya un adulto que acompañe a los niños, comente lo que se ve y que interactúe con ellos, de manera que los mantenga "despegados" de la pantalla chica.
Con la misma firmeza se recomienda a los padres evitar que la TV sea "privatizada" en los dormitorios, tanto de los niños menores como de los adolescentes. Se señala que la TV resta tiempo y ocasión para leer, estudiar y hacer deportes; no sólo eso, también anula la actividad física y genera así condiciones para el sobrepeso y la obesidad. Todo esto sin entrar a considerar la baja calidad del material que la televisión suele difundir, con su continuo estímulo del consumismo y las moralmente riesgosas situaciones que promueve.
Como conclusión cabe reiterar, por el contrario, cuánto de bueno tienen los juegos y entretenimientos que movilizan a los chicos, los incitan a la actividad, al ejercicio de la imaginación y al desarrollo de habilidades. Estos juegos -y sus instrumentos, los juguetes- son beneficiosos para el organismo que crece, lo ayudan a contactarse con el mundo, a resolver problemas de adaptación, a expresarse y a sentirse creador.
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