La economía en el centro del debate político |Por José Calero
Buenos Aires, junio 9 (Especial para NA por José Calero) --
Julio De Vido es el ministro más poderoso del gabinete nacional,
no sólo porque maneja el presupuesto más alto y atiende áreas
clave, sino porque es uno de los pocos funcionarios que sabe de
memoria lo que piensa el presidente.
Sin embargo, mantuvo un estratégico silencio ante las
advertencias lanzadas por Roberto Lavagna en materia energética y
los cuestionamientos hacia el acercamiento de la Argentina a
Venezuela, a pesar de que ambos temas son de su área.
Y tampoco salió a sacudirlo luego de que el ex ministro volvió
a criticar el "capitalismo de amigos", para sugerir que las obras
de infraestructura se estaban digitando desde la cartera de
Planificación Federal.
No fue la primera vez que Lavagna cuestionó el manejo de áreas
bajo la responsabilidad de De Vido. Ya lo había hecho cuando
todavía era ministro de Economía y fue desautorizado por Kirchner.
Por eso, si bien por ahora la elegida para contestarle a
Lavagna es Felisa Miceli -quien asumió la tarea con entusiasmo de
militante- en el gobierno creen que esa soledad de la ministra no
durará mucho, porque se aguarda una andanada de cuestionamientos
hacia la política económica por parte de sectores que fustigan la
estrategia argentina en materia de servicios públicos y la
supuesta ausencia de señales claras para atraer inversiones.
En la Casa Rosada no consideran aún que haya una ofensiva
coordinada por parte de sectores que no comulgan con este modelo,
pero sí advierten que Lavagna terminará posicionándose como el
aglutinador del reclamo de asignaturas pendientes en materia
económica.
El dato que Lavagna habría mantenido contactos con
funcionarios estadounidenses antes de decidirse a instalar su
candidatura, no pasó desapercibido para un gobierno que empieza a
sumar desconfianzas.
La Fundación Mediterránea, fundada por el ex ministro Domingo
Cavallo pero ahora alejada de su figura, concluyó un trabajo que
enciende luces de alarma sobre el panorama energético.
Allí se advierte que será imposible sostener el crecimiento si
la Argentina no invierte en el sector energético unos 1.300
millones de dólares anuales en los próximos años.
Jorge Vasconcelos, economista de esa fundación, criticó que el
gobierno se concentre sólo en la lucha contra la inflación y deje
de lado las políticas para generar un clima de inversiones.
Cuestionamientos similares parten desde otros "think thank"
críticos del modelo de dólar alto y tarifas congeladas.
Un rosario de especialistas señala que el gobierno deberá
buscar mayor competitividad sincerando, por ejemplo, el atraso
tarifario.
También hay cuestionamientos hacia el nivel del dólar, porque
se considera que el Banco Central lo sostiene en forma artificial
en un nivel de 3,10 pesos, cuando su valor debería ubicarse varios
escalones más abajo.
Los principales dardos de quienes cuestionan el rumbo de
la economía están destinados hacia el aumento del gasto.
Los enviados del FMI no pudieron con su genio y se fueron del
país con un agrio comunicado, en el cual aconsejaron "un esfuerzo
fiscal y monetario adicional para contener las presiones sobre los
precios".
También pidieron impulsar un nivel de inversión más alto en el
mediano plazo y recomendaron reformas para sostener la
competitividad y alentar inversiones.
El planteo intentó ser realizado personalmente por los enviados
del Fondo Monetario, pero la ministra Miceli los paró en seco con
cara de pocos amigos.
El organismo se quedó sin mucho margen de maniobra luego de que
la Argentina canceló toda su deuda y dejó en evidencia los errores
de diagnóstico que su burocracia cometió durante la crisis.
La ministra no sólo les ratificó la política fiscal, sino que
se anticipó a cualquier otro atisbo de crítica confirmando que la
administración Kirchner quiere un dólar por encima de los 3 pesos,
como cotiza en la actualidad.
Ante el camino que va tomando el país, distintos actores se
van posicionando, y esa tendencia se agudizará en los próximos
meses, cuando se dispare la disputa electoral.
Uno de los sectores que deberá definirse es la comunidad
empresaria, muchos de cuyos dirigentes mantienen una visión
crítica sobre las acciones que lleva adelante la Casa Rosada, y en
especial hacia los interlocutores que se sientan a la mesa de
negociación.
Un caso claro es el de los cambios en las leyes laborales: la
UIA reiteró en la semana sus cuestionamientos hacia la política
laboral del gobierno, en el encuentro que la OIT realizó en
Ginebra.
Los industriales consideran muy difícil avanzar con las
inversiones si no existe un panorama más claro sobre los costos
que deben afrontar en indemnizaciones por riesgos del trabajo.
Y tampoco se sienten a gusto teniendo a Héctor Recalde, un
hombre muy cercano a Hugo Moyano, como referente principal en la
Comisión de Legislación Laboral de Diputados.
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