Lunes, 12 de junio de 2006
Opinan cuatro diputados
- Candidatos para que nada cambie |Por Patricia Vaca Narvaja
Cambios en el escenario politico | Por Federico Pinedo
Construir una alternativa renovadora y progresista |Por Adolfo Stubrin
Una propuesta de futuro |Por Adrián Pérez
Candidatos para que nada cambie |Por Patricia Vaca Narvaja
BUENOS AIRES, jun 10 (DyN) - El pasado 25 de mayo la inmensa mayoría de los argentinos celebramos vivir en un país que se encuentra nuevamente de pie.
Ese día, el pueblo recuperó a la Plaza de Mayo para expresar su esperanza, para reafirmar su identidad, para realzar su autoestima.
Aquella también fue la Plaza del compromiso mutuo entre el pueblo que se siente protagonista de un movimiento nacional en ciernes y el presidente Néstor Kirchner, quien poco a poco, con su coraje, con sus convicciones y su sencillez, se ha ganado el reconocimiento de la mayoría de los argentinos.
La Plaza del pasado 25 de Mayo puso de manifiesto que, como hacía décadas no ocurría, el pueblo y la conducción de ese movimiento nacional se encuentran alineados, están comprometidos en la búsqueda de los mismos objetivos, que no son otros que la posibilidad de dotarnos de un Estado presente, de recrear una sociedad cohesionada, de poner en marcha una economía productiva y genuinamente competitiva, de sentar las bases para un país federal con sólidas economías regionales.
Esa realidad no pasó desapercibida para los sectores que disfrutan los privilegios de una economía concentrada y que siguen necesitando de un Estado dócil y funcional a sus intereses. Muy por el contrario, la Plaza provocó escozor e irritación, y generó la inmediata reacción de los grupos de poder económico que se resisten a discutir la redistribución de los ingresos, a pensar una Argentina socialmente más equitativa e integrada.
Vemos a diario como después del acto del 25 de mayo, dichos sectores empezaron a seleccionar en la derecha, que desde siempre defendieron sus intereses, y la izquierda, históricamente funcional a sus apetencias, caras prolijas a las que puedan mostrar como opciones electorales.
No debe sorprendernos que unas de las caras que han encontrado sea la de un ex miembro de la administración del presidente Kirchner porque a lo largo de la historia estos sectores trataron de dividir al movimiento nacional para boicotearlo y destruirlo.
Esa virtual candidatura representa la emergencia de un "caballo de Troya" en favor de los grupos de poder que se sienten amenazados por el proyecto político que lidera el presidente Kirchner. Pero es evidente que la intención de sus promotores de atribuirle de manera casi exclusiva los méritos y virtudes del actual gobierno no soportará el examen de la realidad.
El 25 de mayo pasado el presidente Kirchner nos convocó a trabajar en la creación de una gran fuerza política, plural y representativa, que reunirá a los trabajadores, las organizaciones sociales, los empresarios, los estudiantes, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y aquellos radicales y socialistas que quieran construir un país diferente.
Esa fuerza, que no surgirá de arreglos de cúpulas ni responderá a intereses corporativos, servirá para poner en marcha crear un genuino movimiento nacional, herramienta esencial para edificar una Argentina desarrollada, cohesionada, integrada, justa y verdaderamente democrática.
(*) Vicepresidente de la Cámara de Diputados Nacionales. Bloque Frente para la Victoria-PJ.
Cambios en el escenario politico |Por Federico Pinedo
BUENOS AIRES, jun 10 (DyN) - Si uno analizaba estudios de opinión pública previos al 25 de Mayo, veía que el presidente Kirchner gozaba de una extraordinaria opinión positiva, conformada por quienes consideraban que el jefe del Estado tenía una imagen muy buena, buena o regular tirando a buena.
Lo mismo indicaban sondeos muy preliminares de intención de voto a presidente para 2007, donde parecía que el titular del Poder Ejecutivo podría ganar -si las elecciones hubieran sido entonces- aún en primera vuelta, seguido por Mauricio Macri -con buenos guarismos de alrededor del 20% de la intención de voto- y por la Dra. Carrió, con bastante menos.
Alguien dijo que a las personas se las conoce en los malos momentos. Otros consideran que lo mismo sucede en los momentos muy buenos. Estos últimos se dan cuenta de que el viejo amigo del barrio, una vez designado subsecretario o diputado, ya no nos saluda en la calle como antes y camina balanceándose como si su traje de corte pendiera de una percha. Yo creo que algo de esto último se nota en los oficialistas. Siguiendo a los psicólogos de café que nos orientan en la materia, creo que ellos, en las buenas, con crecimiento económico y opinión positiva, está sacando afuera su verdadera esencia.
Después de la elección de 2005 el kirchnerismo cambió. En la Cámara de Diputados, donde el buen trato era la regla y donde se aceptaban propuestas y sugerencias de la oposición -aunque fuera muy minoritaria- para mejorar los proyectos de ley, se pasó a un régimen de ataque, temor, "tómalo o déjalo". Así vino el Consejo de la Magistratura en el que la única opción era aceptarlo a libro cerrado o ser considerado "persona no grata" por el presidente; el resultado fue que el legislativo independiente de la Constitución, agachó su cabeza, con pases de bloque incluidos.
Los jueces pasaron a depender de la buena voluntad del oficialismo. Más adelante, bastó que una diputada no pensara exactamente igual que el presidente en todo, para que fuera vergonzosamente desplazada de una comisión, en la que había sido nombrada presidenta por decisión unánime de sus pares. Continuaron los ataques desde el atril presidencial hacia la prensa y la descalificación a cuanto opositor apareciera. El presidente movió a intendentes del conurbano y viejos sindicalistas a "su" Plaza de Mayo y anunció, en éxtasis, que el próximo presidente sería "pingüino o pingüina". Todo en familia.
La opinión pública, que en buena medida apoyaba a Kirchner "porque no había nadie enfrente", sintió el vacío que generaban estas actitudes. Mientras tanto se tensaba la cuerda con Uruguay como nunca antes en la historia y se hacía un acto frente a sus costas en una bravuconada de corto aliento a la que se sumaron filas de gobernadores obedientes.
El Presidente optaba además por violar los compromisos internacionales y las leyes nacionales prohibiendo toda exportación de carne, generando una pérdida al país de 500 millones de dólares y al fisco (que se privaba de impuestos a la exportación) de 75 millones, en un par de meses.
Allí fue que la Dra. Carrió anunció su candidatura presidencial para el 2007 por su espacio de centro izquierda. A los pocos días, el propio ministro de Kirchner que piloteó la salida de la Argentina de la crisis de 2002 hasta hace pocos meses, Roberto Lavagna, amagó con postularse al cargo fogoneado por viejos políticos como Alfonsín y duhaldistas no K.
El ingeniero Macri consideraba que no era razonable iniciar una disputa electoral 16 meses antes del comicio, pues los años no electorales hay que aprovecharlos para sancionar normas de consenso, como la ley de educación. Sin embargo, los movimientos sobre la opinión pública y sobre sus electores, que le dieron el triunfo en la Ciudad de Buenos Aires por tres veces consecutivas a los partidos nucleados en PRO (una con López Murphy y dos con Macri), lo obligaron a dejar en claro dos cosas: a) que PRO es un trabajo de largo plazo, para darle a la Argentina, junto a varios importantes partidos provinciales, una alternativa moderna y que transforme la vieja política; y b) que PRO va a cumplir con su deber de darle a los Argentinos una alternativa competitiva, con posibilidades de acceder a la presidencia a partir de 2007.
En ese contexto, Macri anunció que si su espacio lo propone, va a ser candidato presidencial el año que viene. En sus declaraciones Macri agregó que la presencia de Lavagna enriquece el debate, lo que es bueno, porque habría que enfocarse en la discusión de las políticas públicas para salir de tanta decadencia. Ya no hay nadie solo en el escenario. Empieza entonces la evaluación sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos.
(*)Diputado nacional de PRO
Construir una alternativa renovadora y progresista |Por Adolfo Stubrin
BUENOS AIRES, jun 10 (DyN) - Como integrante de la conducción nacional del radicalismo asistí a la reunión de consulta con Roberto Lavagna el martes pasado, que tanta repercusión pública tuviera.
El sistema político de la Argentina podrá mejorar si el Dr. Lavagna decide postularse, porque se trata del artífice de la reactivación económica en curso y sus aportes para la construcción de un modelo de desarrollo nacional serían apreciados.
El gesto de convocar a un partido político de larga tradición e inserción nacional como el nuestro obliga al reconocimiento. Son pocos los actores de la vida pública de la Argentina que entienden como Lavagna que los partidos son instituciones indispensables para la política democrática.
El gobierno sin ir más lejos prescinde de los partidos, empezando por el propio justicialismo. El oficialismo opera desde el propio Estado, apropiándose de sus recursos de autoridad y financieros para fines proselitistas y replicando su dominación, de manera burocrática, en las esferas provinciales y municipales, enervando sus autonomías.
La aspiración hegemónica del gobierno incluye no sólo monopolizar los centros estatales que orientan el voto popular el año próximo, sino también digitar a la oposición, de suerte que su rival principal, a modo de un partenaire, convalide a través de una competencia no competitiva la victoria oficialista.
La preferencia de los operadores oficialistas para que encarne ese papel una expresión de derecha, que no es partido nacional y está asociada a la ideología prevaleciente en los noventa, es inocultable.
Hay cinco coincidencias que advertí en la conversación con Roberto Lavagna sobre las que pienso que un desarrollo programático haría viable combinar su candidatura con una participación oficial del radicalismo, sin perjuicio de una amplia coalición renovadora con otras vertientes políticas y sociales. 1- La defensa enérgica de la autonomía universitaria, ante el peligro de que la Universidad de Buenos Aires fuera tomada por el oficialismo a través de una intervención, acechanza que parece haber disminuido gracias a muchos esfuerzos y también a la alerta pública formulada por Lavagna. 2- La reivindicación del MERCOSUR como proyecto de integración que sea eje de la política de inserción internacional vigorosa de la que la Argentina carece por culpa del gobierno en este tramo de su vida institucional. 3- La reafirmación de los derechos humanos en la clave doctrinaria establecida durante el gobierno del Dr. Alfonsín: la búsqueda incansable de la verdad a través de la CONADEP y el Nunca Más y el castigo judicial de los culpables del terrorismo de Estado pero también de todos los delitos aberrantes de las formaciones insurgentes, con la prioridad moral de castigar a los asesinos por sobre el natural interés de perseguir a los matadores. 4- El control sobre el festival de subsidios que, al amparo de la bonanza fiscal, está desatando el actual gobierno nacional, sin que haya racionalidad ni cálculo fiscal riguroso de esas medidas que son semilleros de corrupción a la vez que instrumentos de represión artificial de variables económicas destinadas a estallar más adelante. 5- La denuncia contra el sacrificio de conquistas estructurales de nuestra economía, como las exportaciones cárneas, en aras de réditos coyunturales para la imagen de los gobernantes, a la vez que se omiten políticas públicas eficaces para organizar la producción y regular los mercados.
Sobre estas bases entiendo que el proyecto de confluencia es factible porque puede enarbolar contenidos progresistas que se diferencien sin antagonismos de la gestión del gobierno.
El radicalismo hará funcionar todos sus resortes orgánicos y su democracia interna hasta alcanzar las definiciones que permitan construir, a través de la selección de la mejor variante entre las varias que están siendo exploradas, una alternativa.
Construyendo una alternativa, el radicalismo cumplirá su deber de principal partido en la oposición: protagonizar con vocación de poder la democracia argentina durante 2007 como lo viene haciendo sin interrupciones desde hace 115 años.
(*) Prsidente de la Convención Nacional de la UCR.
Una propuesta de futuro |Por Adrián Pérez
BUENOS AIRES, jun 10 (DyN) - Una de las características de la política argentina es su renuencia a dejar atrás viejas prácticas, que se reciclan a través de anquilosados dirigentes que ven lo nuevo con desconfianza y lo combaten.
A pesar de que muchas veces formó parte de slogans de campaña y de nombres de líneas internas dentro de nuestros partidos, la palabra renovación sigue siendo una flor rara en el yermo paisaje de la política local.
En las últimas semanas hemos visto como las viejas prácticas del clientelismo y del uso del aparato alcanzaban su cénit a través de aquellos que dicen formar parte de la nueva política.
Otra vez la vieja burocracia sindical -que ni siquiera tuvo el decoro de renovar los apellidos que la conducen desde hace casi tres décadas- aliada con los intendentes con mandato a perpetuidad del Conurbano bonaerense, "garantizaron" la multitud que vivó el yermo discurso del Presidente, a tres años de su asunción.
Unos días más tarde, el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, insinuó su candidatura a Presidente de la República bien custodiado por los restos del aparato duhaldista y el tesón del alfonsinismo que no se atreve a decir su nombre.
Antes, el ARI proclamó en un Congreso en Mendoza, la candidatura de Elisa Carrió a presidenta de la República.
Y lo hicimos sobre la base de una clara propuesta de y con futuro: fundar un nuevo contrato moral en la Argentina para desterrar las prácticas políticas corruptas y clientelares; garantizar un nuevo espacio republicano para que de una vez por todas se terminen los atropellos del poder sobre las instituciones y los ciudadanos; y promover un nuevo esquema de distribución de la riqueza, que garantice un ingreso ciudadano para todos los argentinos y resuelva el problema de la pobreza.
En la danza de candidatos, referentes, armados electorales, especulaciones y otras yerbas, la del ARI es a la fecha la única propuesta de futuro que, claro está, deberá enfrentar grandes desafíos para avanzar. Porque sigue habiendo en la Argentina sectores que se oponen a democratizar las instituciones del Estado, porque la corrupción continúa absorviendo los recursos necesarios para gestar un verdadero modelo de desarrollo, y porque al país de los privilegios y las prebendas lo incomoda la justa distribución del ingreso.
El ARI siempre se ha negado a ser el mascarón de proa de la vieja política. Es por eso, porque no debemos favores a nadie, que la nuestra es la única propuesta que ofrece a la ciudadanía una visión de futuro.
AP ZER MP
(*) Diputado nacional del ARI.
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