Acusan al FMI de eludir su responsabilidad en la crisis |Afirman que la entidad debe hacerse cargo de sus equivocaciones en el estallido de 2001
En una especie de autopsia intelectual sobre otra autopsia previa, un lapidario informe de un grupo de expertos contratados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) afirmó ayer que el organismo multilateral de crédito eludió asumir su responsabilidad en la crisis argentina de fines de 2001 y le recomendó fortalecer su nivel de crítica para poder superar su profunda crisis. Un panel de expertos que revisó el trabajo de la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) del Fondo -creada para revisar la actuación de la entidad en los países más problemáticos (ver aparte)- sentenció que en el examen del caso argentino hubo manipulación informativa y que los funcionarios de Washington no prestaron suficiente colaboración para llegar a la verdad en el momento adecuado.
- El informe que dio origen a esa crítica |Análisis poco exhaustivo de los errores propios
El informe de evaluación externa sobre la OEI, publicado ayer en la página de Internet del FMI, fue encabezado por la ex directora de EE.UU. ante el Fondo Karin Lissakers, junto con el ex presidente del Banco de Paquistán Ishrat Husain y la directora del programa de Gobierno Global de la Universidad de Oxford, Ngaire Woods.
Ese trío se encargó de entrevistar a funcionarios, economistas y analistas del Fondo y de los países en los que actuó la OEI, entre los que se destacó la Argentina por la estrepitosa crisis que desembocó en la caída de la convertibilidad después de una larga recesión, el default y la pesificación asimétrica. El reporte, de 91 páginas, dirige en forma clara sus dardos a la saliente directora ejecutiva del Fondo, Anne Krueger, representante del pensamiento más duro de la administración republicana respecto de la Argentina. Se trata de un informe crudo que originó una dura discusión interna y que se dio a conocer un mes antes de que el directorio que encabeza Rodrigo de Rato analizara el artículo IV, que contiene un perfil crítico de la situación económica del país.
La conducción del Palacio de Hacienda no expresó opinión oficial sobre el informe, aunque su satisfacción era inocultable, ya que se trata de un diagnóstico implacable sobre el organismo que hace una semana criticó la política de precios y la suba del gasto público, entre otros ejes.
Los expertos -que también trabajaron sobre los otros nueve casos que examinó la OEI- repartieron críticas tanto sobre los evaluadores (al afirmar que muchos de ellos tienen un vínculo demasiado estrecho con los funcionarios del FMI) como sobre el staff y el management del organismo, al acusarlos de restricciones en la información, escaso presupuesto y falta de obligación de cumplir con las recomendaciones de la OEI.
En cuanto a la Argentina, las conclusiones fueron las siguientes:
* Hubo discusiones con el ministro Domingo Cavallo en 2001 sobre la posibilidad de efectuar cambios estructurales en la política económica argentina si el nivel de reservas llegaba a un piso demasiado bajo, que no fueron debidamente difundidas y a las que la OEI no les otorgó suficiente trascendencia. "El panel pide determinar si estas restricciones son consistentes con la misión que el board le dio a la OEI", se afirmó.
* Existió preocupación sobre el proceso de "feedback" entre los técnicos de la OEI y la conducción del Fondo, ya que "una cantidad de directores ejecutivos afirmaron que el management ejerció demasiada influencia sobre el producto final". "El panel comparó el informe preliminar del reporte sobre la Argentina con la versión final y encontró cambios significativos que redujeron o eliminaron las críticas al management y al staff", se sentenció.
En el primer caso, se afirmaba que la responsabilidad primaria del colapso argentino recaía en el Fondo, mientras que en el segundo se enfatizaba sobre "la falla de los funcionarios argentinos para tomar las medidas correctivas necesarias". Según los expertos, la OEI "acomodó" las conclusiones para no herir la "sensibilidad" de los directivos del Fondo "en detrimento del valor de la evaluación de la información y de su contribución a la visión global del board".
* Hubo arduas discusiones sobre la conveniencia de que la OEI evaluara a la Argentina mientras se discutía el último programa firmado con el Fondo. "Algunos miembros del management y autoridades del staff se quejaron de que el reporte sobre la Argentina le daba munición al Gobierno para atacar al Fondo", se afirmó. Por el contrario, según el panel, para fortalecer la misión de la OEI es necesario compatibilizar ambas tareas, ya que no existe evidencia de que las evaluaciones dañen más las relaciones con los países examinados y deben realizarse antes de que sea demasiado tarde, tal como ocurrió con la Argentina.
En las últimas páginas del informe, el management y el staff hicieron su defensa del caso, restándoles crédito a los cuestionamientos de los expertos y afirmando que la OEI debe continuar como hasta ahora, en una clara señal de que los vientos de cambio aún no soplan con demasiada fuerza en el Fondo.
Por Martín Kanenguiser
De la Redacción de LA NACION
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El informe que dio origen a esa crítica |Análisis poco exhaustivo de los errores propios
El informe de la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) que analizaron los expertos contratados por el Fondo se ocupó de buscar las razones de la crisis de 2001, aunque sin analizar en forma exhaustiva los errores cometidos en el seno del propio organismo.
Preparado desde 2003 y difundido un año más tarde, los conceptos planteados sobre las causas del colapso argentino fueron los siguientes:
* Una política fiscal demasiado expansiva, particularmente durante la etapa del crecimiento rápido en la década del 90, que derivó en un déficit casi permanente, financiado por el ingreso de capitales hasta que se vio que el sistema no funcionaba más.
* El sistema de convertibilidad en sí mismo, que no permitió un ajuste del tipo de cambio, debido a la atadura entre el peso y el dólar, mientras la moneda norteamericana se apreciaba y el real brasileño se devaluaba.
* Un contexto de flujos de capitales para los mercados emergentes demasiado volátil, ya que en la década de la convertibilidad pasaron el efecto tequila, la crisis asiática, de Rusia y la devaluación brasileña de 1999.
* Escasas reformas estructurales, lo que impidió un ajuste de precios y salarios acorde con los problemas de competitividad que enfrentaba la economía.
* Elementos políticos e institucionales que inhibieron la puesta en marcha de elementos de corrección, como los casos de corrupción.
* El fuerte aumento de la deuda, debido a un contexto favorable para el ingreso de capitales (fuera de los shocks antes mencionados) y al permanente déficit.
* La debilidad en la defensa del sistema bancario, que contribuyó a una falta de confianza en la moneda local, pese a que se avanzó en las regulaciones y en la presencia de entidades internacionales.
Apenas hubo en el documento, rechazado en forma tajante por el Gobierno, algunas referencias a la falta de vehemencia del Fondo para forzar a la Argentina a abandonar la convertibilidad antes de que se llegara a su salida forzosa.
Además, se dijo que el organismo no apoyó la instauración del plan de estabilidad en 1991, ya que se "careció de herramientas objetivas para evaluar la idoneidad o sustentabilidad del régimen cambiario de un país". Por otro lado, se deslizó que no había suficiente voluntad como para hacerse cargo de las consecuencias de la salida del uno a uno ni por parte de las autoridades locales ni por parte de la conducción de la entidad.
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