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Informe de Prensa

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Jueves, 22 de junio de 2006

Editorial |El año polar y una amenaza mundial

El año próximo comenzará uno de los acontecimientos científicos de mayor importancia de todos los tiempos. Se trata del Programa Internacional del Año Polar (API/07). Da idea de su magnitud que en los dos años de tareas participarán aproximadamente 10.000 investigadores de 50 países, que disponen de 10.000 millones de dólares para llevar adelante más de mil trabajos vinculados con muy diversas especialidades. Quince de esas labores serán responsabilidad de expertos de nuestro país.

Por la complejidad de la organización del API fue convocada una reunión preparatoria -Ecopolar/06- efectuada hace pocos días en Ushuaia, con los auspicios del Instituto Antártico Argentino y la Dirección de Asuntos Antárticos de la Cancillería, y la participación de personal científico del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cedic).

En ese encuentro reciente hubo declaraciones de sumo interés respecto de problemas vinculados con el futuro planetario.

La gran pregunta que inquieta a todos y será cuestión central del API/07 es ¿a dónde lleva el calentamiento global? Sin duda, mucho se ha venido conociendo y difundiendo durante los últimos años, cada vez con mayor certidumbre y alarma. Se aportará ahora mayor conocimiento vinculado con los cambios que se operan en las regiones polares, lo cual debería influir para que los organismos que correspondan tomen las decisiones apropiadas para mitigar y ponerle remedio al creciente deterioro del medio ambiente.

Una de las afirmaciones más impactantes fue enunciada por David Carlson, geólogo de gran prestigio internacional y director del futuro API. Según sostuvo, como pronóstico de la más alta credibilidad, dentro de cincuenta años dejará de existir el Polo Norte, pues los hielos se habrán de derretir -ya lo vienen haciendo, a razón del 8% anual de su superficie- y sólo quedará el mar.

Ocurre que de acuerdo con las observaciones de diversas fuentes, fundadas en registros logrados con distintos instrumentos de medición y a través de espaciados intervalos, la reducción final de la superficie polar ártica se producirá poco más allá de la mitad de este siglo. Ello habrá de significar la desaparición de gran parte de su fauna, la pérdida de los ecosistemas que limpian la atmósfera y el agua del óxido de carbono, y, también, provocará severas alteraciones en el nivel, composición y temperatura del mar. Consecuentemente, toda esa negativa conjunción redundará en profundos cambios en las regiones continentales y afectará gravemente la vida humana. Además y como si eso fuese poco, al fundirse aquellos hielos disminuirá la radiación solar reflejada por la Tierra y, en consecuencia, se intensificará el calentamiento del mar y de la atmósfera: el saldo será que también comenzarán los deshielos del continente antártico y de Groenlandia, frígida erosión cuyas consecuencias definitivas serán impredecibles, aunque no es desatinado augurar que, por la parte baja, habrán de causar gravísimos perjuicios.

El panorama, apenas bosquejado -no son aquellas las únicas amenazas ambientales que, a modo de espada de Damocles, penden sobre el porvenir de la humanidad-, es trágico para nuestro planeta y sus habitantes. Cabe reiterar la pregunta: ¿cuándo el hombre detendrá acciones que están gestando calamidades que pronto serán inevitables?

El calentamiento global, eje de los males, es el resultado de la emisión de gases cuya producción hace tiempo que se reclama sea controlada y disminuida. Los pasos del protocolo de Kyoto exigen ser concretados con creciente y decidida firmeza, pero aún hay estados que se mantienen irreductibles en su oposición a esa determinación conjunta y en su negativa a acatarla.

Aquellas calamidades que hoy nos anticipan los científicos no tienen como meta ningún exceso mediático. Tampoco han sido emitidas con alegre irresponsabilidad, puesto que están fundamentadas por los irreprochables antecedentes de los hombres de ciencia. Esas autorizadas aseveraciones son, pues, frutos de trabajos efectuados con metodología de última generación. Y los hechos van confirmando los pronósticos. El API/07 debe, entonces, promover decisiones que rescaten a nuestro mundo de los tangibles peligros que amenazan su existencia y la de toda la humanidad.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/816775

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