Francisco Panizza: "Volvió a la región el populismo clásico"
Considerado como una de las mayores autoridades mundiales en la materia, Panizza opina que el populismo nunca abandonó América latina sino que este fenómeno político fue cambiando de cara según los tiempos
LONDRES.- Gardel está en la London School of Economics. Más exactamente, sobre la pizarra de la oficina de Francisco Panizza, entre fotos de asados familiares y recortes de equipos de fútbol que hacen imposible ocultar su origen rioplatense. De hecho, Panizza, profesor del Departamento de Estudios de Gobierno de la prestigiosa institución británica y considerado una de las principales autoridades mundiales en populismo, es uruguayo, enseña política latinoamericana y recientemente publicó el libro " Populism and the mirror of democracy ", donde aborda el fenómeno en el sur del continente americano comparándolo con el modo en que se da en otras partes del planeta.
Sin embargo, Panizza se muestra reticente a hablar de un regreso del populismo en América latina: "Es que yo creo que nunca se fue -aclara en diálogo con LA NACION-. Simplemente ha ido cambiando de cara de acuerdo con los tiempos".
"En los años 90 tuvimos un populismo de corte neoliberal con líderes como Menem y Fujimori, y ahora lo que tenemos es -y en ese sentido quizás sí podamos hablar de un regreso- un populismo que tiene cierto aire de familia con el populismo clásico, más nacionalista, de los años 40 y 50. Pero lo importante no es tanto decir ´éste es populista; éste no , sino ver al populismo como una dimensión de la política, como un modelo de crear identidades que los políticos usan en mayor o menor medida. No hay un populismo netamente latinoamericano. Lo que hay es una abundancia de ese tipo de política, o de ese modo de identificación, en América latina más que en otras regiones del mundo. Pero hay casos de populismo histórico y reciente en todas partes", explica.
-Se habla de un giro a la izquierda en América latina y de la afinidad entre Evo Morales, Chávez y Castro como el surgimiento de un eje del mal. ¿Cuál es su opinión al respecto y en qué líderes regionales podría sostenerse un eje del bien?
-Más que de un giro a la izquierda deberíamos hablar de giros a las izquierdas, porque es algo muy variado. Además, no me parece muy productivo hablar en política en términos maniqueos de eje del mal y eje del bien. Yo tengo mis opiniones personales sobre Castro, Morales y Chávez. No creo, por ejemplo, que Castro tenga nada demasiado positivo para ofrecer a América latina en este momento, pero no se puede hacer una división entre héroes y villanos porque no queda claro qué significa y, por otro lado, tenemos muchos casos en América latina donde los buenos de hoy son malos de mañana. El más obvio, por supuesto, es Menem, el salvador de la patria a comienzos de los 90, el que había solucionado todos los problemas de la Argentina y ahora se ha transformado en el demonio, el culpable de todos los desastres de la política argentina. Hay muchos otros, como Alan García, el peor presidente de la historia de Perú en los años 80 y que acaba de ser reelegido. Esa es la relativización del bien y del mal en la política.
-¿El temor a la influencia de Chávez y su injerencia regional puede detener el giro a la izquierda? ¿Y el triunfo de Alan García puede leerse en esa línea?
-De vuelta, depende de las distintas variedades de la izquierda. Creo que Chávez en América latina es un personaje que fascina y rechaza por igual y es posible que haya influido en contra de Humala. Pero vamos a decir una cosa: ¡a Humala no le fue nada mal en las elecciones peruanas! Casi llega al 50% de las votos. Por otro lado, Alan García, un supuesto populista del mal, se ha transformado en un socialdemócrata del bien, por esa clásica ironía de la política latinoamericana.
-Justamente, ¿cree que puede esperarse el crecimiento de una izquierda latinoamericana "a la europea", es decir, menos populista y más socialdemócrata?
-Hay un intento de eso, pero hay que distinguir un par de cosas. Primero, hay en Europa variedades distintas de socialdemocracia. En Gran Bretaña, por ejemplo, está representada por el nuevo laborismo, que es mucho más pro mercado y, si queremos poner etiquetas, más liberal en lo económico que las socialdemocracias más tradicionales de Alemania o Francia. En América latina, dentro de esta variante más socialdemocrática, tenemos matices importantes entre lo que puede ser Chile y lo que puede ser Uruguay o lo que puede ser Brasil. Pero, en general, sí creo que hay un movimiento nuevo de una izquierda que no es la izquierda tradicional socialista y comunista, y que tampoco es esta izquierda más nacionalista y populista representada por Chávez y Morales como casos más obvios.
-¿Y cómo entra Néstor Kirchner en todo esto?
-Kirchner me parece un fenómeno muy interesante, la gente que trabaja sobre América latina en Europa tiene muchos problemas en encasillarlo. Es muy fácil ubicar a Chávez, incluso a Morales, y bastante fácil ubicar a Lagos y a Bachelet. Pero es difícil ver si Kirchner es más Chávez o más Bachelet, y representa un fenómeno de mucha ambigüedad. El viene de una clave que domina la política argentina desde hace 50 años, que es la clave peronista, y creo que ésa es la mejor manera de interpretarlo. En ese sentido estaría claramente más cerca del campo populista. Dicho eso, el peronismo tiene tantas caras que cuál es la de Kirchner sigue siendo una buena pregunta. Creo que Kirchner ha demostrado ser un político hábil y, como buen peronista, sabe lo que es poder y cómo manejarlo. En la economía también ha confundido a sus críticos y ha tenido éxitos innegables si se miran las cifras del crecimiento económico argentino de los últimos años y no se miran tanto la inflación real y la contenida y las grandes dudas sobre el mediano plazo. Pero me parece que el juicio último sobre Kirchner debe ser si su gobierno está haciendo a la política argentina más democrática, al Estado más transparente, a la economía más eficiente y a la sociedad más justa. Y me parece que, como mínimo, existen enormes dudas sobre cada una de estas preguntas.
-Uno siempre se pregunta qué tan ajustado a la realidad puede ser el análisis de centros europeos respecto de una realidad tan lejana como la nuestra
-Yo tengo un colega latinoamericanista que, al respecto, siempre dice que para hacer historia del siglo XIX no hace falta viajar al siglo XIX. En ese sentido, la distancia es muy relativa, y es mucho menor ahora con Internet. La información que se puede tener en cualquier parte del mundo sobre América latina es absolutamente enorme y muy barata o prácticamente gratis. Lo difícil e importante es el análisis que se haga de esa información; ahí influyen los recursos y la calidad de investigación que se pueda hacer en un centro determinado.
-Volviendo a la visión a través del océano, ¿qué evaluación se hizo en Europa de la discutida intervención del FMI en las economías de América latina? Porque días atrás se hizo público un lapidario informe de un grupo de expertos contratados por el FMI que dice que la institución eludió asumir su responsabilidad en la crisis argentina.
-No creo que sea algo que pueda verse a partir de una división entre héroes y villanos. Aquí diría que la visión es que el Fondo sí cometió errores -tal vez importantes- en la Argentina, pero que no puede convertirse, como se ve últimamente, en el chivo expiatorio de los problemas del país. Es decir, las decisiones políticas y las decisiones económicas se tomaron en la Argentina. Es cierto que tuvieron el apoyo del Fondo, pero fueron decisiones argentinas. No fue el Fondo el que creó la convertibilidad, que era insostenible, y si bien es cierto que el Fondo no lo alertó, la convertibilidad tuvo el apoyo de la opinión pública y el empresariado hasta prácticamente el último momento. Entonces, me parece una simplificación echarle la culpa al organismo internacional: es un error no mirar dentro de uno y no ver que somos nosotros, los ciudadanos de las sociedades democráticas, los que hacemos nuestro propio destino.
-¿Y cómo ve usted la crisis con Uruguay por las papeleras?
-Lo interesante es cómo la identidad nacional predomina sobre prácticamente cualquier posición ideológica o ecológica. No sé los números exactos de las encuestas, pero en Uruguay más del 80 por ciento apoya las papeleras y en la Argentina un número similar está en contra. Dicho esto, me parece inconcebible que se haya llegado al estado de cosas al que se llegó. En vez de politizar y calentar el asunto, los dos gobiernos tendrían que haber buscado una solución racional, a la que no hubiese sido difícil llegar si no se hubiesen dejado arrastrar las cosas por cálculos políticos y quién sabe qué otras cosas. Se ha ensuciado la relación entre pueblos que son, y sobre todo vistos desde acá, entrañablemente hermanos.
-¿Y Gardel era argentino o uruguayo?
- ¡Ahhh!... Me voy a escapar por la tangente y decir que, cuando estudiaba en Essex, había un profesor inglés, supuestamente la máxima autoridad en estudios gardelianos, que sostenía que era francés. ¡Pero yo sé que nació en Tacuarembó!
Por Juana Libedinsky
El perfil
De uruguay al reino unido
Nació hace 58 años en Montevideo. Estudio Derecho en la Universidad de la República y se doctoró en Ciencias Politicas en la Universidad de Essex. Es profesor del Departamento de Estudios de Gobierno de la prestigiosa London School of Economics.
Obras e ideas
Es el autor de Uruguay, batllismo y después: Pacheco, militares y tupamaros en la crisis del Uruguay batllista . En cuantro a estudios del populismo se identifica -"aunque no en un 100 por ciento", aclara- con el academico argentino Ernesto Laclau.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/817591
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