A 40 años del derrocamiento de Illia y el inicio de los tiempos violentos
Buenos Aires, junio 27 (NA) -- Un palaciego golpe de Estado
construido por una combinación de fuerzas militares y civiles
provocó hace 40 años la caída del Gobierno democrático del radical
Arturo Illia, cuyo derrocamiento inició un proceso oscuro y
violento en la historia argentina.
Sin un disparo, la asonada cívico-militar que condujo el
general retirado Juan Carlos Onganía hizo caer a un endeble
gobierno que había accedido al poder dos años y medio antes.
Este golpe de Estado no fue antiperonista, como el gestado en
1955 por la autodenominada "Revolución Libertadora", sino que
atentó contra el sistema político - partidario en su totalidad y
fue un preludio de los nefastos años 70.
La "Revolución Argentina" despertó con el alba del 28 de junio
de 1966, aunque se gestó desde mucho tiempo antes, desde el mismo
día que Illia ganó las elecciones con sólo el 25,76 por ciento de
los votos.
Fue además uno de los gobiernos más cortos de la historia al
durar dos años y ocho meses, sólo superado en ese sentido por la
segunda gestión de Hipólito Yrigoyen de 1928 a 1930.
La situación de un país en pleno proceso de lucha interna entre
peronistas y antiperonistas tuvo en el acotado período de gobierno
del médico radical un capítulo clave para entender los años que
vendrían después.
La decisión de proscribir al peronismo en las elecciones de
1963 desató el desbande de opción de buena parte de la población,
que dejó un alto caudal de votos en blanco, el más alto de la
historia argentina.
En medio de esa respuesta vertical a la determinación del
líder del justicialismo, Juan Domingo Perón, tuvo también como
escenario la disputa que desde el sindicalismo le hacía al viejo
dirigente el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.
Bajo ese paragüas, el Gobierno de Illia estuvo acosado desde el
principio y poco pudo hacer ante las presiones que llegaron desde
los sectores militares y los grupos civiles indentificados con los
bloques peronistas del Congreso y los sindicalistas.
A pesar de esta realidad, Illia -un dirigente radical nacido en
Pergamino pero formado políticamente en Cruz del Eje (Córdoba)-
impulsó importantes cambios, que no pasaron inadvertidos por sus
enemigos.
Impulsó un aumento del presupuesto de la Educación al 20 por
ciento, anuló los contratos de las empresas petreoleras que se
habían gestado durante el Gobierno de Arturo Frondizi y estableció
una nueva Ley de Medicamentos que acotó el poder de los
laboratorios extranjeros.
El Presidente aguantó los embates de cada uno de los sectores y
hasta intentó frenar el avance de los militares y en esa línea
buscó aliarse con un general democrático para promoverlo como jefe
del Ejército.
De esa manera, Illia intentó con Carlos Caro frenar las
ambiciones de Onganía, que desde su retiro de la fuerza, en
diciembre de 1965, se convirtió en el "candidato de todos".
El golpe llegó, como era habitual en esos años, durante la
madrugada del 28 de junio, con un militar avisando al Presidente
de una decisión tomada y que no dejó posibilidad de réplica.
Illia, con una dignidad que aún se recuerda, increpó a los
golpistas, los acusó de "cobardes e indignos" y se retiró por la
puerta principal de la Casa Rosada, vitoreado por sus seguidores.
El radical fue uno de los presidentes más austeros de la
historia, con una cotidianidad de hombre de pueblo, con costumbres
de tomar mate con cualquiera en la Casa de Gobierno y de salir a
la Plaza de Mayo a tomar el sol de la siesta.
Soportó con dignidad las ofensas a su figura y nunca se
molestó con la prensa y sus opositores que llegaron a denominarlo
"la tortuga", por su supuesto accionar lento en el Gobierno.
Lo que siguió después fue un Gobierno decidido a perpetuarse en
el poder, a fuerza de bastonazos y represión, un sueño que a
Onganía se le acabó por otro golpe, esta vez de sus propios pares
militares.
Comentarios
Los comentarios están bloqueados