Eva Duarte: el legado de una vida, la presencia de un mito
BUENOS AIRES, jul 25 (DyN) - Una multitud cabizbaja despidió a Eva Duarte de Perón 54 años atrás, un 26 de julio, en un adiós irrepetible propio de la era de las grandes movilizaciones populares.
Pero el crecimiento mítico de la figura de Evita se extendería a lo largo del siglo y se reproduciría hacia el infinito a través de sus múltiples imágenes: la cenicienta de Los Toldos, la diva de la radio, la defensora de los humildes, la iracunda hostigadora de los adversarios, la Santa de las estampitas.
El velatorio que inundó Buenos Aires marcó el origen del mito, cuando los sectores sociales que habían redescubierto su propio protagonismo político se agolparon para ver pasar la cureña con sus restos, para sellar el compromiso final con su legado.
Cada fragmento de su biografía encajaba a la perfección con la elevación de la leyenda.
Eva María Duarte Ibarguren había nacido el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Fue criada por su madre, Juana, y sus hermanos mayores.
A los 15 años de edad viajó a Buenos Aires para buscar trabajo como actriz. Se abrió camino en el ambiente competitivo del espectáculo y en 1944, en un festival a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan, conoció al teniente general Juan Domingo Perón.
A pesar de las diferentes reconstrucciones, los detalles de aquel primer encuentro los guardarían para siempre en secreto sus dos principales protagonistas. "Eva entró en mi vida como el destino", escribiría Perón años después.
En la jornada del 17 de octubre, Eva preanunció la proyección de su protagonismo político al convertirse en una pieza determinante de la movilización y la liberación de Perón, detenido en la isla Martín García por decisión del régimen militar.
Poco días después, el 22 de octubre se casó con Perón en Junín. Así, desde su origen, la vida política y privada del matrimonio se entrelazaría en un camino indisociable.
La campaña electoral encontró en la voz y la experiencia radial de Eva una fuente incansable de propaganda. El triunfo sólo reforzó sus convicciones.
Con la llegada de Perón a la presidencia su figura política ya había consolidado un espacio propio de protagonismo. Su impronta ignoraba las medias tintas. Interpeló sin intermediarios a las clases populares, que convirtió en su principal fortaleza, y se convirtió en un nexo entre las CGT y Perón.
Eva imprimió a la tarea asistencial un vigor inédito. Aquello que los gobiernos anteriores habían limitado a las donaciones y la caridad se ensambló con la construcción de hospitales, asilos y escuelas.
La conquista del voto femenino quedó también indisolublemente ligado a su militancia. Y la llevó al frente de la rama femenina del Partido Peronista.
En 1947, Eva encabezó una gira por España, Italia, Francia y Suiza, que extendió su presencia a escala internacional. La revista Time reprodujo su imagen en la portada. Hermosa, controvertida, temperamental, Evita era un personaje irresistible para las miradas del mundo.
La veneración que despertaba y la virulencia de sus palabras la convirtió también en el blanco predilecto de los detractores del Peronismo.
A los 33 años, la penosa agonía provocada por el cáncer que la devoró desde el útero terminó por darle a Eva un final pasionario como su vida. La dimensión del mito, en cambio, todavía busca su frontera.
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