Editorial |El valor de una disculpa
Es alentador y positivo que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, haya reflexionado acerca de la inoportunidad e inexactitud de sus recientes declaraciones, en las que minimizó el problema de la inseguridad y calificó como "un punch mediático" la justificada percepción de que los hechos delictivos siguen creciendo.
El ministro Fernández ha sabido ahora rectificarse, algo que no suele ser habitual en los funcionarios públicos.
Ante un grupo de vecinos de Barracas y de Belgrano, el titular del Interior, y por ende responsable de la seguridad de nuestra población, quien le había atribuido a los medios periodísticos incidir en el incremento del temor que embarga a la sociedad, admitió finalmente: "La sensación está, y la sensación no se cambia con discursos, se cambia con hechos, se cambia con testimonios (...) Yo sé que la sensación está porque no vivo dentro de un tupperware ". Y reconoció con inusual buen humor: "Metí la pata...".
No es poco y sienta un ejemplo para tomar en cuenta . Sometida a los embates de una delincuencia agresiva y ensoberbecida por la impunidad con que lleva a cabo sus iniquidades, nuestra sociedad necesita tener elementos para poder recuperar la confianza en sus autoridades. La oportuna franqueza del ministro Fernández podría ser un valioso primer paso en ese sentido.
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