Cómo humanizar la política |Por Eduardo Valdés, abogado de Hilda Molina
Generalmente las decisiones políticas están subordinadas a la defensa de intereses y olvidan el sentido de justicia. Los gobernantes deben lidiar todo el tiempo con este tipo de dilemas y hacer equilibrio en una cornisa plagada de obstáculos, donde muchas veces lo que se resulta justo está en contra de determinados intereses y la defensa de intereses termina afirmando ciertas injusticias.
El presidente Néstor Kirchner no escapa a la regla general de tener que enfrentarse a tales disyuntivas. Auspiciosamente, sin embargo, su firme decisión de tomar como propia la causa de los derechos humanos tiene un claro sentido de justicia. En este plano se enmarca la entrega de la carta con el pedido al presidente de Cuba, Fidel Castro, para que la médica Hila Molina pueda viajar a Buenos Aires a reencontrarse con su hijo y conocer a sus nietos.
El pedido de permiso para Hilda Molina no distorsiona el sentido de las relaciones diplomáticas entre Cuba y la Argentina y es precisamente en ese marco en el que se debe resolver el conflicto.
Castro fue invitado a la Cumbre del Mercosur donde se firmaron acuerdos que beneficiarán a los países participantes. Caminó por las calles cordobesas, visitó el museo del Che Guevara y realizó un mitin político. En ese marco de total libertad se hizo efectiva la entrega de la carta. Qué mejor escenario para demostrar que el libre tránsito debe ser un derecho indiscutible, sobre todo para una persona que, como Hilda Molina, no tuvo ni tiene ninguna causa judicial.
El pedido de Kirchner humaniza la política y es un punto de inflexión que supera antiguos dogmas de izquierda y derecha en materia de derechos humanos. También demuestra que los incuestionables logros de la Revolución Cubana en salud y educación, que están por encima de los alcanzados por cualquier país latinoamericano, no son incompatibles con el cumplimiento de las libertades individuales.
Humanizar la política significa cumplir con la doctrina internacional de los derechos humanos que establece el principio pro homine. Por lo tanto, humanizar la política es estar a favor del hombre, evitarle dolores y riesgos innecesarios, atreverse a decir que no existe razón de Estado que impida a dos niños argentinos conocer a su abuela cubana y permitirles a los padres elegir el lugar de encuentro.
http://www.clarin.com/diario/2006/07/29/opinion/o-02502.htm
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