Cosas que no se ven, pero se sienten |Por Néstor Scibona
Todos los que visitan el despacho del titular de la AFIP se quedan perplejos. Sobre su escritorio, Alberto Abad dispone de dos grandes pantallas planas conectadas al centro de cómputos del organismo donde se van contabilizando en tiempo real, como si fuera el reloj de un taxi, la marcha de la recaudación diaria, el monto acumulado mensual, las declaraciones juradas que se presentan, los trámites jubilatorios que se inician, o los pagos de impuestos que se canalizan electrónicamente a través del sistema bancario.
Dicen que el presidente Kirchner se quedó maravillado cuando visitó hace poco el centro de cómputos de la AFIP, que es una virtual fábrica de recaudar. Allí trabajan 800 especialistas, con un nivel de equipamiento y refinamiento tecnológico que demuestra que, cuando el Estado se lo propone, puede hacer las cosas muy bien. La inversión realizada en hardware y programas de software (del orden de 150/180 millones de dólares en el último año) se recupera con creces con el aumento de la recaudación. Y le permite al organismo contar con una gigantesca base de datos por medio de la cual, por ejemplo, puede examinar toda la historia tributaria de un contribuyente con sólo ingresar el número de patente de su auto; o advertir si declaró un domicilio falso cruzándolo con los que surgen de sus cuentas bancarias, tarjetas de crédito o facturas de servicios, a raíz de que se encuentran almacenados más de 8 millones de domicilios alternativos.
Antes de fin de año, este sistema evolucionará gradualmente hasta posibilitar la existencia de una cuenta corriente única para cada contribuyente, para ser consultada a través de Internet; lo cual permitirá, por ejemplo, constatar el ingreso de presentaciones o pagos, consultar los saldos de créditos fiscales o efectuar compensaciones, de manera similar al sistema de banca electrónica.
Un mérito que habrá que atribuirle a la AFIP es que contribuyentes o evasores sienten su creciente presión aunque no la vean por TV. Esto marca una gran diferencia con lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires, donde abundan los espectaculares operativos mediáticos que no llegan a nada por la inexistencia de bases de datos actualizadas; o en la Capital Federal, que el año pasado obligó a reempadronar a todos los contribuyentes de Ingresos Brutos, pero aún sigue sin resolver cómo éstos podrían pagar el impuesto a través de Internet o, siquiera, en alguna otra entidad que no sea el Banco Ciudad, con ventanillas atiborradas en las fechas de vencimiento.
Distorsiones silenciosas
No se trata, sin embargo, de los únicos casos en que existe una enorme brecha entre lo que no se ve pero existe, o entre lo que se dice pero no se ve. Cada semana, la Argentina ofrece un muestrario de ejemplos y contradicciones en este sentido:
* El campo, junto con el sector petrolero, es el principal proveedor de ingresos fiscales a través de las retenciones a la exportación. También el complejo agroindustrial es la mayor fuente de divisas, en un mundo donde crece la demanda de alimentos. Sin embargo, el Gobierno consideró que ningún funcionario debía asistir al acto inaugural de la Exposición Rural, como si el sector no tuviera importancia económica. Aun si se tratara de una cuestión ideológica por la tradición de la SRA, o bien de una represalia por el paro ganadero que no fue encuadrado dentro del derecho de libertad de expresión, tampoco se explica por qué el Presidente no asiste a las exposiciones dinámicas de maquinarias, tecnología e insumos agropecuarios que en los últimos años permitieron aumentar fenomenalmente la producción.
* Las retenciones a la exportación abultan los ingresos del Estado nacional, pero no llegan directamente a las provincias porque no se coparticipan. El Gobierno tampoco impulsa ninguna reforma del régimen, porque el actual le permite asignar discrecionalmente los excedentes de recaudación (por medio de decretos de necesidad y urgencia) que aumentan la dependencia política de los gobernadores.
* Como las provincias vienen gastando más que lo que suben sus ingresos, está bajando en forma alarmante el superávit primario. En el primer trimestre de este año se redujo 33% con respecto al mismo período de 2005. En la provincia de Buenos Aires, que probablemente termine el ejercicio en rojo, la caída alcanzó a 83 por ciento. De ahí surge el reclamo de otro Fondo del Conurbano, que el Gobierno podría disponer unilateralmente. Sin embargo, tarde o temprano, esta tendencia terminará por afectar parte del superávit primario nacional. Por eso, el Gobierno frenó en los últimos dos meses el aumento del gasto de caja (pagos a proveedores y contratistas).
* Detrás del conflicto con Chile por el precio del gas natural hay una cuestión de cantidades. Nadie lo dice, pero las exportaciones a Chile son hoy la variable de ajuste frente a la escasez de gas natural para abastecer la demanda interna de la Argentina en las épocas pico. En los últimos meses se llegaron a recortar hasta 50% los envíos sin previo aviso. El último acuerdo con Bolivia no aumenta la oferta de gas: consiste en pagar más caro hasta fin de año lo que ya se venía importando. Mientras tanto, aumenta el subsidio al consumo interno y desalienta a los productores locales, que perciben menos de la tercera parte de lo que se paga por el gas boliviano.
* El apagón que este fin de semana afectó a 200.000 usuarios de Edesur fue un accidente. Pero no debe considerárselo un hecho fortuito. El sistema eléctrico está operando al límite, con una demanda interna que crece sin parar y sin inversiones suficientes a causa del congelamiento de tarifas para no presionar sobre los índices de inflación.
* Por segunda vez se postergó la licitación (esta vez hasta mediados de agosto) para construir dos centrales eléctricas de ciclo combinado, que resultan imprescindibles para evitar problemas de generación a partir de 2007. Parte de esta inversión se financia con deudas por subsidios de combustible que el Estado mantiene con las generadoras. Pero como ninguna de ellas sabe a qué precios venderá la electricidad en el futuro, eso dificulta la obtención del resto de la financiación. En cambio, el Gobierno prefirió avanzar en otra licitación, la del tren bala entre Buenos Aires y Rosario, a un costo no inferior a los 1000 millones de dólares.
* El Banco Central acaba de elevar hasta 90% el límite de los créditos hipotecarios para vivienda única. Pero esta razonable medida choca contra la indefinición del problema de los remates hipotecarios, que el Congreso viene prorrogando sistemáticamente. Por eso, los bancos piden garantías adicionales ya que las propiedades que financian no son ejecutables. Esto restringe el acceso al crédito, lo mismo que las normas que privilegian a los asalariados en relación de dependencia y aumentan las exigencias sobre los autónomos.
Se trata en todos los casos de distorsiones silenciosas, relegadas a segundo plano por la euforia del crecimiento y el manejo de la información oficial. Pero ninguna podrá corregirse con el mero trámite de no mencionarlas.
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