Obispo Enrique Angelelli: El obispo que juró ser fiel a su prédica
LA RIOJA.- "Para servir, hay que tener un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo." Ese lema regía la vida del obispo Enrique Angelelli, cuya trágica muerte ocurrió 18 días después de cumplir los 53 años.
Por Arturo Ortiz Sosa (h.)
Corresponsal en La Rioja
Había nacido en Córdoba en 1923 y fue ordenado sacerdote con 26 años. Se integró a los sectores más progresistas de la Iglesia. Repartía sus horas entre la tarea académica en el seminario y el trabajo social en las villas miseria de la ciudad.
En 1961 fue consagrado obispo titular de Listra y auxiliar de Córdoba. Participó en el Concilio Vaticano II y en 1968 el papa Pablo VI lo nombró obispo de La Rioja. Cuando asumió, el 24 de agosto, lo recibió una caravana de fieles. Enseguida mostró su sencillez. Quiso ser "un riojano más". Apenas terminó la ceremonia, les dijo a los periodistas que querían hablar con él: "Esperen que desensillo y vuelvo". Regresó con una sotana color arena.
Muchos también recuerdan sus misas navideñas bajo un algarrobo en barrios donde la nada era todo, así como cuando tras una misa en la Catedral transportó a sus casas a varios fieles que habían quedado varados en el centro por la lluvia.
En 1969, cuando en el país se multiplicaban movimientos estudiantiles y obreros, Angelelli optó por una pastoral cercana a los reclamos de trabajadores y campesinos. En voz muy alta denunció la usura, la venta de droga, las casas de juego y el manejo de la prostitución en la provincia. Llegó a los pueblos más recónditos. Sostenía que un obispo debía "ser fiel a la palabra que predica".
En 1971, Angelelli se topó con un primer gran obstáculo: el gobierno prohibió la difusión radial de sus homilías. Por su apoyo a movimientos rurales de expropiación de latifundios se ganó el encono de sectores conservadores de la costa riojana, incluida la familia Menem. El 13 de junio de 1973 lo corrieron a pedradas de la localidad de Aminga. Lo empezaban a tildar de comunista.
Los cuestionamientos llegaron a el Vaticano. En 1974, el papa Pablo VI le confirmó su "paterna complacencia por su intensa y sacrificada actividad, sobre todo dirigida a los más necesitados". En un viaje a Roma, en 1974, a Angelelli le aconsejaron no regresar porque figuraba en las listas de la Triple A. Pero volvió.
Ya en la dictadura elevó el tono de sus denuncias. El 22 de julio de 1976 dio su última homilía en el entierro de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados por un grupo de tareas en Chamical. Dijo que las dos víctimas habían "atestiguado con su propia sangre" lo que "es ser cristianos". Una sangre "derramada por el Evangelio", para "servir a los hombres".
El 4 de agosto, en Punta de los Llanos, monseñor Angelelli murió al volcar la camioneta en la que viajaba. Pese a los primeros intentos por cerrar el caso como un accidente, quedó firme la sospecha de que fue otro asesinato político.
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