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Informe de Prensa

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Blog con información de prensa sobre determinados temas. Es de carácter privado pero no confidencial.

Lunes, 07 de agosto de 2006

De elecciones y superpoderes

BUENOS AIRES, ago 6 (DyN) - El presidente Néstor Kirchner consiguió esta semana una ley clave para ampliar su poder en el manejo presupuestario con vistas a las elecciones generales del año próximo.

    Con los "superpoderes", vendran las "superfiscalizaciones"



Es por la aprobación parlamentaria de la modificación a la Ley de Administración Financiera que el Gobierno se empeña en evitar que se la denomine como "superpoderes", a pesar de que de esta forma ha quedado instalada en la opinión pública.

A partir de esta norma, el jefe de Gabinete tendrá poderes especiales permanentes para la reasignación de partidas presupuestarias, sin previa autorización del Congreso.

No es una facultad menor si se tiene en cuenta que el año próximo será netamente electoral y que, de inclinarse finalmente Kirchner por la reelección o incluso si "bendice" la candidatura de su esposa Cristina Fernández, y que la gestión será su mejor arma proselitista.

Es una costumbre de la mayoría de los gobiernos recurrir a los anuncios de obras públicas y mejoras salariales o jubilatorias en época electoral, disposición presupuestarias mediante, y ya para los comicios de octubre del 2005 Kirchner no fue la excepción.

Con todo, esta ley de "superpoderes" fue una de los principales ejes de disputa entre el oficialismo y la oposición y que podría exceder el Congreso teniendo en cuenta que el radicalismo amenaza con llegar hasta la Justicia para rebatir la norma.

La Casa Rosada argumenta que la mayoría de las provincias y los municipios poseen leyes similares, Kirchner dice que sin este instrumento no puede gobernar y que no se hace más que consolidar la condición administradora del Poder Ejecutivo.

Además, en un informe difundido por la Jefatura de Gabinete, se acusa a la oposición de querer "transformar un tema administrativo en un problema político, tergiversándolo con falacias de todo tipo" y agrega que "el Parlamento debe controlar, no cogestionar".

Los sectores que rechazan la concesión de estos poderes especiales en forma permanente para manejar el Presupuesto (que año a año necesita de la aprobación parlamentaria) dicen que significa un nuevo avance hegemónico de la administración kirchnerista.

En el medio, la inquietud ciudadana sobre la fortaleza y el respeto por las instituciones de la democracia.

Con los "superpoderes", vendran las "superfiscalizaciones"

BUENOS AIRES, ago 6 (DyN) - Con la acumulación de poder lograda desde el aplastante triunfo electoral de octubre pasado, el presidente Néstor Kirchner demuestra a las claras que no tiene intenciones de perder un solo minuto en seguir tejiendo a máquina su cada vez más ancha base de sustento para asegurarse un nuevo período de Gobierno: el sueño de todo político.

Hasta ahora, transita por la pista en la carrera presidencial no lanzada oficialmente pero ya en pleno desarrollo, con la calma del que se sabe el mejor piloto en estas lides, pero a una velocidad que la distancia de sus adversarios no justifica.

Sin embargo, parece razonar que nada está demás a la hora de ajustar férreamente su cinturón al poder en la Argentina.

Hasta ahora, Kirchner no soportó escándalos ni caídas como el otrora líder popular brasileño Luiz Inacio "Lula" da Silva; se siente más identificado con el venezolano Hugo Chávez.

"Lula" comienza a ser acechado por denuncias de corrupción en su entorno y se debilita a grandes pasos; Chávez se inclinó por el poder absoluto, la liquidación de la oposición en todas sus expresiones, y un estilo de liderazgo que quiso imitar al de Fidel Castro.

Pero todo llega a un punto en que languidece: "Lula" ya lo está demostrando; Fidel, en su lecho de enfermo, revela al mundo que llegó el momento en que su récord en el poder -el más largo en el mundo- también tiene un límite: todo tiene un límite.

Kirchner, sin embargo, quiere cuidar hasta el más mínimo detalle para que esa frontera no se le acerque. Después el destino dirá.

Si no fuera por ese anhelo tan firme, no se comprendería por qué razón un presidente que sigue ubicado en la cima de los políticos con buena imagen en la Argentina, que goza de un crecimiento económico basado en la simplísima receta de la devaluación, y que no tiene que pelear para derribar a sus adversarios, sino que simplemente se sienta a ver cómo caen solos, sigue tan afanosamente buscando una acumulación que ya raya con la laceración de aspectos fundamentales del sistema democrático.

Por qué los "superpoderes", podría uno preguntarse, si el Congreso no es más que una caja de eco de la voluntad del Presidente: ninguna norma importante, fundamental para el manejo de la cosa pública, le ha sido denegada hasta ahora por el Poder Legislativo, donde la oposición tiene sólo el espacio de despotricar en los discursos, pues no cuenta con los votos necesarios para torcer ninguna de las voluntades presidenciales.

El argumento oficial es simplista: hay que "administrar" sin ningún tipo de trabas y demoras, como si el país todavía viviera una emergencia y fueran necesarias decisiones inmediatas, casi de gobierno de facto, para administrar los dineros públicos.

Que se sepa, el país no atraviesa ninguna amenaza de crisis inmediata. ¿Cuál es la justificación, entonces, para ir cercando las posibilidades de discusión y control e ir acumulando poder de decisión a tales niveles?

Octubre del 2007 parece ser la única respuesta. Falta poco más de un año para las elecciones generales, y el país está sumergido, a instancias del Gobierno, en una campaña que si no es feroz, por lo menos es de una tenacidad que no condice con los datos favorables que goza el oficialismo.

¿Cuál es el temor, entonces, de Kirchner? El Presidente ha demostrado tener una personalidad desconfiada hasta límites casi mórbidos; no tolera la menor señal de discrepancia y vive castigando en sus discursos a la prensa porque no se inclina ante su imagen en el ángulo más estrecho que él desearía.

Disfruta, además, de un país cuya ciudadanía tiene poca, muy poca memoria. Los deslices del pasado inmediato se borran como por arte de magia.

Muy atrás pareció haber quedado el debate y el rechazo al proyecto de reducir el número de miembros del Consejo de la Magistratura, una decisión sospechada de interferencia directa en el Poder Judicial para lograr un manejo cómodo de la designación o el desplazamiento de jueces.

La escasa polvareda que levantó el proyecto, luego convertido en ley, de regular los decretos de necesidad y urgencia para convertirlos en un instrumento legislativo por sí mismo manejado por el Poder Ejecutivo, volvió a posarse sobre el suelo y rápidamente fue barrido bajo la alfombra.

El fracaso en las demandas internacionales para detener la construcción de las pasteras uruguayas pasó al olvido, como tantas otras cosas.

Las denuncias sobre los riesgos de que el país caiga en una grave crisis energética, fueron disminuidas a ruidos de la oposición.

La pelea con el Gobierno chileno por el tema del aumento en la venta del precio del gas, que puso también a la Argentina al borde de otro conflicto internacional, como ya pasó con el Uruguay de las papeleras, no mereció ningún análisis en el nivel oficial, al menos ante la opinión pública.

Pues bien, ahora el Ejecutivo también logró que le voten los poderes para modificar partidas presupuestarias, utilizarlas según el mejor saber y entender del jefe de Gabinete.

Fue otra de las jugadas audaces del kirchnerismo, que se pasea por el poder con instrumentos cada vez más cerrados para sus propios intereses.

Se descuenta que el Gobierno habrá medido el costo político que puede pagar a partir de ahora.

La oposición sigue endeble, sigue sujeta a los convites que Kirchner está haciendo a dirigentes de otros partidos para sumárselos.

Los "superpoderes" tienen mucho que ver con eso: todos saben que si le dicen sí a todo, Kirchner tendrá una mano generosa a la hora de entregar recursos a las distintas jurisdicciones.

Sin embargo, los líderes partidarios que están dispuestos a pelearle la presidencia el año próximo ganaron un arma insospechada: la obligación de fiscalizar el manejo de los recursos que se utilizarán "superpoderes" mediante.

Un solo paso en falso podría ser fatal para las ambiciones gubernamentales. Ahí sí, Kirchner tendrá que caminar con pies de plomo. No sea cosa que el instrumento por el que tanto luchó, se convierta en su propio dolor de cabeza.

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