El Gobierno prefiere el Senado al momento de girar sus proyectos al Congreso
BUENOS AIRES, ago 6 (DyN) - La facilidad del Gobierno para controlar políticamente al Senado consolidó una relación privilegiada con la cámara donde se desempeña Cristina Fernández de Kirchner, tal como expresan las últimas estadísticas parlamentarias dadas a conocer en el Congreso.
Los números demuestran que al momento de elegir un cuerpo para enviar sus proyectos, el Poder Ejecutivo prefiere por amplia mayoría al Senado.
Entre febrero y julio de este año, el Parlamento aprobó 15 leyes elaboradas por el Poder Ejecutivo, de las cuales 12 fueron enviadas originariamente al Senado y sólo 3 a Diputados.
La elección de una cámara de origen para los proyectos que promueve el Gobierno supera la simple curiosidad estadística.
Si el Senado trata primero una iniciativa se queda con la última palabra en materia de modificaciones, ya que el sistema constitucional de aprobación de las leyes, en su artículo 81, otorga ventajas al cuerpo donde se trata primero.
El año pasado, cuando las elecciones de octubre todavía no habían modificado el escenario del Congreso a favor del kirchnerismo, la Cámara de Diputados se quedaba con más de la mitad de los proyectos que giraba el Gobierno.
Pero en los últimos tiempos el favoritismo por el Senado forzó los límites, ya que se transformó en la cámara iniciadora de los proyectos más controvertidos que impulsó el Poder Ejecutivo.
Primero fue la reforma del Consejo de la Magistratura, sancionada en diciembre en el Senado y en febrero en la Cámara de Diputados; y después, entre julio y los primeros días de agosto fue el turno del movimiento doble con la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia y la aprobación de los superpoderes, cuando se repitió la estrategia.
"El Gobierno prefiere empezar con el Senado porque se asegura una sanción rápida sin mayores costos políticos, para después dejar un margen de negociación para Diputados", explicó a DyN uno de los referentes del bloque oficialista en la Cámara alta.
El paroxismo de esta situación se dio con el proyecto de los superpoderes, que ingresó al Senado un viernes ante el absoluto desconocimiento de los propios legisladores kirchneristas, y recibió dictamen de comisión al miércoles siguiente, a pesar de que varios admitieron no haber analizado exhaustivamente la iniciativa.
También quedó abierto el debate porque, según recordó la oposición, la Cámara de Diputados es la encargada de abrir los debates parlamentarios sobre temas presupuestarios.
Otra situación insólita se dio la semana pasada en torno de un proyecto para reducir el impuesto a la harina de trigo, de 21 a 10,5 por ciento.
La norma era impulsada por el presidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda, Jorge Capitanich, quien convocó a sus colegas a analizar la propuesta con funcionarios del Gobierno y a representantes de la cadena de producción del pan.
Cuando promediaba el debate, y quedaba en evidencia que la reducción propuesta para la harina de trigo debía ser acompañada por un incremento en el gravamen a la comercialización del pan, Capitanich resolvió interrumpir el análisis y girar todo a Diputados para que comience de cero nuevamente.
El legislador chaqueño había advertido que la Constitución Nacional establece que sólo la Cámara de Diputados puede ser la vía de ingreso para proyectos que contengan modificaciones al sistema de contribuciones.
"Parece que están un poco 'cebados' con este tema de arrancar siempre por el Senado", ironizó un senador radical, mientras todos se levantaban del auditorio sin ningún progreso en la discusión del tema.
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