En la carrera electoral, el Gobierno busca ahora fragmentar a la oposición |Apunta sobre todo a la UCR, para complicar a Lavagna, y también al centroderecha.
En el discurso hay oscilaciones —elegir un solo enemigo, confrontar en bloque o, rara vez, intentar el silencio frente a declaraciones adversas—, pero en el terreno de las operaciones concretas, y sostenidas, el Gobierno pone cada vez más energías en desarticular a la oposición. Los ejemplos más concretos son los esfuerzos para evitar que Roberto Lavagna teja una base firme de lanzamiento, pero los intentos incluyen al centroderecha, entre las principales fuerzas críticas de la gestión presidencial.
La semana pasada mostró variedad en el discurso oficial frente a los opositores. Néstor Kirchner dio una respuesta implícita a otra tanda de declaraciones de Lavagna, pero hubo mucho celo para evitar reacciones frente a las denuncias de pinchaduras telefónicas que dejó caer el ex ministro en un almuerzo de TV. Casi en simultáneo, y en el Congreso, el kirchnerismo debatió fuerte con la oposición por la polémica ley de superpoderes, pero en este caso eligió no hacer diferencias en sus embates: acusó a todos de no dejar gobernar.
Fue esa, tal vez, una señal en sí misma. Hasta no hace mucho, el Gobierno pretendía moldear una oposición a su gusto. Prefería como figura para confrontar a Mauricio Macri, en el imaginario de un oficialismo de centroizquierda enfrentado a los riesgos de una oposición de centroderecha. La llegada de Lavagna, aunque aún no formalizó su candidatura, cambió el escenario: luego de frustrados intentos para contarlo en las filas propias para el 2007, pasó a ocupar el sitio de peor enemigo.
Pero no se trata sólo de discursos. Hay datos concretos de los esfuerzos para desarmar a los principales opositores, en un doble juego: evitar que alguno termine liderando en buena medida el voto opositor y tener al mismo tiempo una oposición cuya debilidad —es decir, la dispersión— sea centro de cuestionamientos por su incapacidad para convertirse en alternativa.
En el caso de Lavagna, los movimientos para debilitar su armado inicial están dirigidos en especial al radicalismo. Varios operadores de la Casa Rosada, que reportan directamente a Kirchner, redoblaron en los últimos días el trabajo sobre los gobernadores e intendentes más seducidos por la alianza que propone el Presidente. Hay contactos desde la Jefatura de Gabinete, el Ministerio del Interior y las oficinas del secretario Carlos Zannini, además de la Secretaría de Obras Públicas. Junto a Zannini se maneja Roberto Porcaro, radical correntino, uno de los operadores preocupados incluso por el recuento de voluntades para la Convención nacional de la UCR, que se sesio nará el 24 de este mes.
Antes, esperan una convocatoria fuerte, el sábado, de los cinco mandatarios y el conjunto de jefes comunales más jugados a favor del acuerdo con el Gobierno, actor y a la vez espectador de un proceso que podría fisurar al principal partido opositor.
Ese dilema estará planteado en la Convención radical. ¿Irán los denominados gobernadores e intendentes K? Los sectores de la UCR que promueven el proyecto de Lavagna —alfonsinistas y buena parte de los legisladores y autoridades partidarias— quieren que de esa cita salga la decisión de plantarse como "alternativa" frente al oficialismo. ¿Se perfilará además una salida de compromiso que permita flexibilidad electoral para evitar rupturas? Ese in terrogante inquieta a la mayoría de los referentes radicales, metidos de lleno otra vez en la interna, aunque esta vez con el agregado del peso kirchnerista.
El Gobierno sigue de cerca también el proceso que se da en el centroderecha y no lo hace de manera pasiva. Un reciente encuentro de Kirchner y el gobernador Jorge Sobisch llamó la atención en esa vereda política.
Sobisch, que se fue de aquella cita con varias promesas de obras públicas, mantiene un discurso crítico hacia el Gobierno. Pero el neuquino es un competidor del centroderecha y es sabido que sus movimientos generaron malestar a Macri y Ricardo López Murphy, que últimamente recompusieron su relación. El objetivo del oficialismo no se vincula con la búsqueda de aliados, sino más bien con la intención de ampliar la oferta para lograr una dispersión, aunque sea módica, del voto de esa franja electoral.
Todos son movimientos que siguen alimentando en forma prematura la carrera electoral, algo compartido por la oposición, más allá de los costos que podrían tener en la sociedad, hoy lejos de ese juego.
http://www.clarin.com/diario/2006/08/07/elpais/p-00701.htm
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