Lavagna y sus referentes |Por Ricardo Kirschbaum
Una de las tareas más importantes que tiene Lavagna por delante es tratar de demostrar que Alfonsín y un cuarteto ubicuo de duhaldistas —Narváez, Caamaño, Sarghini y Alvarez— no han sido los parteros de su candidatura. El ex ministro quiere que su postulación aparezca ante la sociedad como una nueva alternativa sin referencias negativas con el pasado. Pero mientras Alfonsín y el duhaldismo residual sigan tratando de colarse en la marquesina, Lavagna parece incómodo y tiene la sensación de estar aferrándose a un salvavidas de plomo.
En otras palabras, la algarada que se armó a su alrededor, más allá de los méritos propios del postulante, fue producto de necesidades concretas de radicales y duhaldistas. Alfonsín acaba de dibujar una táctica en dos tiempos: llegar a la segunda vuelta y, así, aspirar todo el voto opositor. Según el ex presidente, esto es posible y llevará al triunfo.
En el campamento lavagnista, advierten que estos fuegos pueden hacer quemar el capital político que tanto cuesta juntar. Y no les cuesta olfatear conspiraciones u operaciones que apunten a minar la candidatura que Lavagna finalmente presentaría en octubre.
Ayer, los operadores del ex ministro se quedaron fríos y no fue por la ola polar. Las declaraciones de Menem admitiendo una posible alianza con Lavagna —reservándose la candidatura presidencial— provocaron reacciones destempladas. Creen que Menem, con estas sorpresivas palabras, se ha convertido súbitamente en kirchnerista. Conclusión que parece producto de una aguda paranoia política. ¿Cómo interpretar que no es una operación del Gobierno para desprestigiar a Lavagna?, se preguntaban. Y se respondían de manera asertiva.
Lavagna tiene un camino difícil si los socios y los oportunistas se resisten a salir de la primera línea. ¿Es esto posible?
Comentarios
Los comentarios están bloqueados