"Los medios son un poder por encima de lo político" |Víctor Heredia alerta sobre la "deformación cultural" del país
"La realidad nos reubica en el exacto lugar que nos corresponde como hombres." Es la voz de Cipriano Airala, el protagonista de "Rincón del diablo" (Norma), la reciente novela del cantautor Víctor Heredia, que se revela en este libro como un interesante narrador. El autor de popularísimos temas identificados con una cruenta etapa política del país recibió a LA NACION en su silenciosa casa de dos plantas en el barrio de Palermo, hoy deshabitada, donde sobrevive un puñado de muebles valiosos. Dice el artista que dejó ese domicilio por la inseguridad, para mudarse a un barrio privado en Pilar.
Hay en "Rincón del diablo", su segunda novela editada, reconocibles anécdotas del imaginario popular y costumbrista. Pero el discurso personal de Víctor Heredia se hace presente en las historias de aparecidos y desaparecidos, y en la denuncia.
-¿La novela es pura inventiva o es parte de tu vida?
-Uno no puede inventar absolutamente todo. Detrás de cada personaje hay algo real. Cuando apareció en mi cabeza, Cipriano Airala se convirtió en un ser fantástico y carnal, y le dio volumen al resto de los personajes.
-¿Cuáles son tus obsesiones?
-La necesidad del conocimiento. Quizá tenga que ver con lo que vivió mi generación en comparación con lo que se les ofrece hoy a los chicos. La falta de lectura, la carencia de vocabulario, la síntesis en la expresión y el uso de las palabras... Esto es lo que les pasa hoy a los chicos. Mi generación tenía un vocabulario extraordinario y nació al amparo de grandes escritores: Borges, Cortázar, Arlt, Quiroga, Macedonio Fernández, Carpentier, Rulfo. Tal vez mi obsesión sea la necesidad de mostrar que a través del conocimiento, de la educación y la lectura un tipo puede formarse, empezar a entenderse y salir del lugar donde está. Además reverencio un deseo paterno. Mi relación con mi viejo venía de la biblioteca.
-Esa acumulación de saberes no le alcanza a Cipriano para ser un buen tipo.
-Su imperfección es parte de lo humano. Si hubiera sido perfecto, no hubiera tenido interés literario.
-Sos contemporáneo del presidente Kirchner. ¿Qué le quedó a tu generación de aquel acceso a la cultura?
-Le queda una gran preocupación. Supongo que tu pregunta apunta a saber qué hicimos con ese enorme bagaje cultural. El adulto debe replantearse que no se trata sólo de política ni de solucionar cuestiones vinculadas con el incremento del superávit fiscal. La cosa tiene que ver con la formación de quienes hacemos una nación. Aquí se ha malvendido el enorme poder de los medios, qué cosas nos han hecho perseguir y cuáles olvidar.
-¿Por qué los medios?
-Porque tienen un poder extraordinario: su presencia permanente en nuestro hogar. Cuando se bastardea el idioma y un animador está capacitado para reírse de todo, aparece la confusión en el nivel ético que hace trastabillar todo discurso. No se trata de defender las formas, sino lo ético. En pos del rating, estamos todos inermes. Pero no todo es un negocio. Hay gente que se ha jugado la vida para tratar de dirigir seriamente las cosas y merecen respeto. Los medios son un poder por encima de lo político.
-¿Y qué hay de la responsabilidad de la clase dirigente?
-Es la que le ha dado poder a ciertas corporaciones. Antes era imposible que un diario tuviera un canal de TV, una radio y tres diarios más. Desde un determinado gobierno, eso fue posible. Y las víctimas somos nosotros.
-Menem lo impulsó, pero Kirchner prorrogó licencias de radio y TV para salvar a algunos empresarios.
-Sí, esto aparece confirmado ahora. Es la política en la que estamos metidos. Pero a mí no me preocupa lo que les pase a ellos, sino a nosotros, con esta deformación cultural que desde hace 20 años nos ha devastado.
-¿No te desalientan los acuerdos con los peores exponentes de la vieja política?
-La única justificación es la necesidad inmediata de la acumulación de un poder. Si sigue la política que este gobierno propone, lo justifico. Pero si se tergiversa, yo seré el primero en plantear mis críticas. Pero esas alianzas no dejan de sorprenderme.
Susana Reinoso
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