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Informe de Prensa

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Blog con información de prensa sobre determinados temas. Es de carácter privado pero no confidencial.

Viernes, 11 de agosto de 2006

Fernández minimizó el reto de Kirchner

Blumberg denunció que hay un boicot a su marcha a Plaza de Mayo y que le pincharon los teléfonos; se transfirió el Renar

    Inseguridad, ese problema al que Kirchner le teme |Por Joaquín Morales Solá






Aníbal Fernández y León Carlos Arslanian le deben una reprimenda presidencial pública a Juan Carlos Blumberg. ¿O acaso podría tratarse de una casualidad que Néstor Kirchner los haya zamarreado justo un día después de que Blumberg ratificara que hará una concentración masiva en la Plaza de Mayo para reclamar por la inseguridad? Hasta ahora, Blumberg nunca había llevado a la plaza de los presidentes sus reclamos sociales por la falta de seguridad.

La inseguridad, que en los últimos tiempos tuvo varios síntomas de agravamiento en la Capital, estuvo siempre ausente en los frecuentes discursos presidenciales. Raro en un político que confecciona sus arengas con los ojos puestos en las encuestas. Aun las mediciones de opinión pública hechas a la medida de los anhelos presidenciales, que no son pocas, coinciden en señalar que la inseguridad es, ahora y de lejos, la primera preocupación de las sociedades de la Capital y de la provincia de Buenos Aires. La inseguridad es, definitivamente, un conflicto que el Presidente no puede abarcar.

Por un lado, le teme a la sublevación de la calle, que podría encontrar un líder en Blumberg. De hecho, dirigentes opositores como Mauricio Macri y Ricardo López Murphy (y, hasta Roberto Lavagna) han hablado de la inseguridad y ninguno logró un segundo de la atención presidencial. Blumberg es otra cosa. Expresa la posibilidad de que la sociedad quejosa pueda llegar hasta la plaza que está a metros del despacho presidencial.

Kirchner nunca se entreveró en ninguna polémica pública con Blumberg y jamás lo enlazó con sus diatribas de fuego. Para colmo, Blumberg profesa las ideas políticas que el jefe del gobierno suele denostar para seducir a sus propios simpatizantes. En cambio, recibió al emprendedor ingeniero en la Casa de Gobierno y lo ayudó a construir la fundación que lleva el nombre de su hijo muerto.

El mensaje sutil y elegante que siempre le envió Kirchner (estilos que no frecuenta el Presidente) fue que prefería no ver a Blumberg y a sus seguidores protestando en la Plaza de Mayo. Kirchner sospecha que detrás de las peticiones sociales legítimas de Blumberg se podrían coaligar los sectores francamente antikirchneristas de la sociedad y convertir a la Plaza de Mayo en una romería opositora.

Kirchner tiene otro problema con la seguridad. No ha logrado elaborar un discurso -ni una estrategia de gobierno- para implicar convencidamente a las fuerzas de seguridad en un combate contra el delito. Por el contrario, usa al mismo tiempo el látigo contra los ministros y también contra la policía. No ha desarticulado aún a Blumberg, pero se alejó, en verdad, de cualquier simpatía de las fuerzas de seguridad.

Blumberg es un líder social de hecho, cuyo ascendiente en la gente común varía de acuerdo con los temas que plantea y la percepción circunstancial de la opinión pública. Kirchner lo ve de otro modo: es un referente social capaz de provocar, si las circunstancias lo ayudan, la sublevación de la calle. Y la indisciplina social es el único límite que Kirchner ha reconocido hasta ahora.

Desde Raúl Castells hasta los asambleístas de Gualeguaychú, pasando por los estudiantes de la UBA, cualquiera de ellos es un opositor más eficaz que el más pintado de los líderes opositores. La imposibilidad de Kirchner de enfrentar la rebeldía social convierte al presidente omnipresente en un presidente impotente cuando la protesta alcanza el espacio público.

La necesidad de enviarle un mensaje complaciente a Blumberg obligó a Kirchner, incluso, a meterse en la interna peronista de la provincia de Buenos Aires. Aníbal Fernández no es sólo el responsable de la seguridad en la Capital (y, en última instancia, en el país), sino también un obcecado candidato para suceder a Felipe Solá.

"No renuncio ni al tute"

¿Se puede empezar una campaña bonaerense con el pie derecho luego de que el Presidente le reclamó públicamente por no haber hecho los deberes de la seguridad? "Yo no renuncio ni al tute", ratificó ayer el ministro del Interior, aludiendo a su candidatura a gobernador. Solá pudo aplaudir ese reto presidencial: no está dispuesto a admitir a Aníbal Fernández como su sucesor en la gobernación bonaerense. "No tiene la estatura necesaria", ha deslizado en círculos íntimos.

Pero las manos se le congelaron al gobernador en medio del aplauso. También su ministro de Seguridad, Arslanian, resultó recriminado por Kirchner. Esa generalización fue injusta. El delito es un problema aún mayúsculo en Buenos Aires, pero nadie puede negarle a Arslanian que, al menos, comenzó a resolver el problema.

La inseguridad seguirá siendo un problema irresuelto si se lo mira con el cristal de la ideología. En rigor, Kirchner pierde demasiado tiempo en establecer los supuestos lazos entre la "derecha" y las fuerzas de seguridad. No ha hecho nada tampoco para entregarle al gobierno de la ciudad la facultad de velar por la seguridad, más preocupado por el control del poder que por la eficacia de la política contra el delito.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/830661


El ministro del Interior, Aníbal Fernández, intentó ayer minimizar el reto público que recibió del presidente Kirchner, al afirmar que el reclamo para que la policía funcione como corresponde es algo sobre lo que ambos hablan cotidianamente.

Paralelamente, ayer apareció publicado en el Boletín Oficial el traspaso del Registro Nacional de Armas de la cartera de Defensa, a la de Interior, una de las medidas que había sido anunciada por Kirchner durante el acto en cuestión.

Anteayer, el Presidente se había dirigido a Fernández en un acto en el que anunció el Plan Nacional de Desarme para reclamarle: "Ministro, la policía debe dar seguridad". Lo hizo alzando la mano hacia el funcionario. También, había embestido contra la centroderecha por querer "politizar" la lucha contra el delito. En ese sentido, dijo que el crimen no se combate con mayores penas, sino aplicando la ley.

Juan Carlos Blumberg, inspirador de reformas penales que permitieron agravar las condenas, evitó responder directamente, pero denunció que quienes eso opinan "buscan perjudicar la convocatoria" para antes de fin de mes hacia Plaza de Mayo para protestar con la inseguridad, y expresó que sospecha que sus teléfonos celulares están intervenidos ilegalmente para que no hable con los medios y promocione su marcha.

Consultado por LA NACION sobre quiénes estarían escuchando sus conversaciones telefónicas, Blumberg utilizó una ironía: "Que la ciudadanía saque sus propias conclusiones. Mi opinión es que se busca perjudicar la convocatoria para la marcha contra la inseguridad".

"Me pinchan los teléfonos para que no hable con los medios de comunicación. Hoy [por ayer], mientras Luis Majul me hacía una entrevista radial, la comunicación se cortó cinco veces."

El ingeniero sostuvo que llevó el aparato telefónico a la empresa fabricante para hacerle un servicio técnico, pero le dijeron que el teléfono estaba en perfectas condiciones, aunque no le precisaron si esa línea estaba intervenida.

Hace 15 días, el ex ministro de Economía Roberto Lavagna también denunció que habían intervenido sus teléfonos, y ayer lo hizo el diputado kirchnerista Remo Carlotto, hijo de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto.

La inseguridad, reasumida anteayer como problema por el discurso presidencial, fue el tema de intercambios políticos entre el ministro del Interior y la oposición.

Fernández se sumó a críticas de Kirchner al diputado del Pro Mauricio Macri, pero lo nombró directamente, al asegurar: "Dice burradas inimaginables sobre el tema de la seguridad y a él le importa un comino que estén los muertos casi tibios. Utiliza esas cosas, las revuelve, las retuerce para que le dé algún tipo de posibilidades políticas", y remató: "Es el ejemplo gráfico inmejorable del tilingo argentino".

Macri dijo no sentirse aludido por las críticas de Kirchner. "Veo con agrado, como ciudadano argentino que el Presidente ponga el eje en el tema de la seguridad", expresó.

Fue otro legislador de Pro Eugenio Burzaco quien respondió públicamente a Fernández: "Es un parlanchín que hace poco por la seguridad".

El ministro dijo que las palabras que le dirigió el Presidente "no son otra cosa que una verdad de Perogrullo: lo reclama todos los días y está bien que lo diga públicamente". Y criticó el título de la tapa de ayer de LA NACION sobre el discurso presidencial que decía: "Kirchner pidió a Fernández que garantizara la seguridad". "Nada tiene que ver con la verdad, pero uno se acostumbra a estas cosas", dijo Fernández.

Controversia y campaña

Aníbal Fernández

Minimizó el reto del Presidente. Dijo que es una “verdad de Perogrullo”.

Mauricio Macri

Fernández lo calificó de “tilingo” y dijo que habla “burradas”.

J. C. Blumberg

Dijo que le pincharon los teléfonos para que fracase su marcha a Plaza de Mayo.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/830659

Inseguridad, ese problema al que Kirchner le teme |Por Joaquín Morales Solá

Aníbal Fernández y León Carlos Arslanian le deben una reprimenda presidencial pública a Juan Carlos Blumberg. ¿O acaso podría tratarse de una casualidad que Néstor Kirchner los haya zamarreado justo un día después de que Blumberg ratificara que hará una concentración masiva en la Plaza de Mayo para reclamar por la inseguridad? Hasta ahora, Blumberg nunca había llevado a la plaza de los presidentes sus reclamos sociales por la falta de seguridad.

La inseguridad, que en los últimos tiempos tuvo varios síntomas de agravamiento en la Capital, estuvo siempre ausente en los frecuentes discursos presidenciales. Raro en un político que confecciona sus arengas con los ojos puestos en las encuestas. Aun las mediciones de opinión pública hechas a la medida de los anhelos presidenciales, que no son pocas, coinciden en señalar que la inseguridad es, ahora y de lejos, la primera preocupación de las sociedades de la Capital y de la provincia de Buenos Aires. La inseguridad es, definitivamente, un conflicto que el Presidente no puede abarcar.

Por un lado, le teme a la sublevación de la calle, que podría encontrar un líder en Blumberg. De hecho, dirigentes opositores como Mauricio Macri y Ricardo López Murphy (y, hasta Roberto Lavagna) han hablado de la inseguridad y ninguno logró un segundo de la atención presidencial. Blumberg es otra cosa. Expresa la posibilidad de que la sociedad quejosa pueda llegar hasta la plaza que está a metros del despacho presidencial.

Kirchner nunca se entreveró en ninguna polémica pública con Blumberg y jamás lo enlazó con sus diatribas de fuego. Para colmo, Blumberg profesa las ideas políticas que el jefe del gobierno suele denostar para seducir a sus propios simpatizantes. En cambio, recibió al emprendedor ingeniero en la Casa de Gobierno y lo ayudó a construir la fundación que lleva el nombre de su hijo muerto.

El mensaje sutil y elegante que siempre le envió Kirchner (estilos que no frecuenta el Presidente) fue que prefería no ver a Blumberg y a sus seguidores protestando en la Plaza de Mayo. Kirchner sospecha que detrás de las peticiones sociales legítimas de Blumberg se podrían coaligar los sectores francamente antikirchneristas de la sociedad y convertir a la Plaza de Mayo en una romería opositora.

Kirchner tiene otro problema con la seguridad. No ha logrado elaborar un discurso -ni una estrategia de gobierno- para implicar convencidamente a las fuerzas de seguridad en un combate contra el delito. Por el contrario, usa al mismo tiempo el látigo contra los ministros y también contra la policía. No ha desarticulado aún a Blumberg, pero se alejó, en verdad, de cualquier simpatía de las fuerzas de seguridad.

Blumberg es un líder social de hecho, cuyo ascendiente en la gente común varía de acuerdo con los temas que plantea y la percepción circunstancial de la opinión pública. Kirchner lo ve de otro modo: es un referente social capaz de provocar, si las circunstancias lo ayudan, la sublevación de la calle. Y la indisciplina social es el único límite que Kirchner ha reconocido hasta ahora.

Desde Raúl Castells hasta los asambleístas de Gualeguaychú, pasando por los estudiantes de la UBA, cualquiera de ellos es un opositor más eficaz que el más pintado de los líderes opositores. La imposibilidad de Kirchner de enfrentar la rebeldía social convierte al presidente omnipresente en un presidente impotente cuando la protesta alcanza el espacio público.

La necesidad de enviarle un mensaje complaciente a Blumberg obligó a Kirchner, incluso, a meterse en la interna peronista de la provincia de Buenos Aires. Aníbal Fernández no es sólo el responsable de la seguridad en la Capital (y, en última instancia, en el país), sino también un obcecado candidato para suceder a Felipe Solá.

"No renuncio ni al tute"

¿Se puede empezar una campaña bonaerense con el pie derecho luego de que el Presidente le reclamó públicamente por no haber hecho los deberes de la seguridad? "Yo no renuncio ni al tute", ratificó ayer el ministro del Interior, aludiendo a su candidatura a gobernador. Solá pudo aplaudir ese reto presidencial: no está dispuesto a admitir a Aníbal Fernández como su sucesor en la gobernación bonaerense. "No tiene la estatura necesaria", ha deslizado en círculos íntimos.

Pero las manos se le congelaron al gobernador en medio del aplauso. También su ministro de Seguridad, Arslanian, resultó recriminado por Kirchner. Esa generalización fue injusta. El delito es un problema aún mayúsculo en Buenos Aires, pero nadie puede negarle a Arslanian que, al menos, comenzó a resolver el problema.

La inseguridad seguirá siendo un problema irresuelto si se lo mira con el cristal de la ideología. En rigor, Kirchner pierde demasiado tiempo en establecer los supuestos lazos entre la "derecha" y las fuerzas de seguridad. No ha hecho nada tampoco para entregarle al gobierno de la ciudad la facultad de velar por la seguridad, más preocupado por el control del poder que por la eficacia de la política contra el delito.

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