Tensiones de Kirchner con Washington y el G-7 |Por Joaquín Morales Solá
Kirchner ha descartado la posibilidad de una reconciliación personal con George W. Bush. En cambio, ha reconocido frente al espejo -aunque nunca lo aceptará en público ni en privado- que la indiferencia del poderoso G-7 con la Argentina es un problema que debe resolver. En días recientes, el grupo de los siete países más desarrollados del mundo envió varios mensajes de reproches al gobierno argentino.
Kirchner le dedicó un atril a Washington, pero no dijo nada de los seis países restantes. Reconoce de hecho el vacío de su diplomacia. La Argentina ya no tiene relaciones carnales con los Estados Unidos: ¿cabía alguna duda al respecto? Aquella metáfora de Di Tella nunca fue feliz, pero la cercana aclaración de Kirchner es una obviedad. Las relaciones internacionales no se llevan bien con atriles ni con obviedades.
Kirchner ha cambiado mucho en los últimos años su posición frente a Washington. Comenzó su gestión con un proyecto de acercamiento a Bush y a los empresarios norteamericanos; creyó siempre que éstos habían sido excluidos en beneficio de los europeos durante el menemismo. Luego, Kirchner tomó distancia (o, más bien, lo confundió a Bush con el contraste entre sus palabras privadas y sus palabras públicas) y se volvió más estatista que antes. Nunca habrá caudalosas inversiones norteamericanas si el Estado es el patrón de la economía.
¿Qué cosas empujaron ese cambio? Las versiones son diferentes si se ponen los oídos en Buenos Aires o en Washington. Kirchner se queja de la frialdad de la administración Bush con respecto a América latina y pone especial énfasis en señalar que su país debió reconstruirse, tras la homérica crisis de principios de siglo, abandonado por Washington.
La novedad más iridiscente de los últimos meses fue que Kirchner decidió hablar de esas cosas en público. Lo hizo por primera vez ante el Parlamento español, lo repitió luego en Caracas y acaba de despacharse en Buenos Aires contra la principal potencia del mundo. Antes no hablaba de Bush en público ni en privado.
Washington cree que es injusta la imputación de la indiferencia norteamericana ante la crisis argentina. Muchos acuerdos con el Fondo Monetario (cuando la Argentina era un fuerte deudor del organismo) fueron respaldados por los funcionarios de Bush, que debieron enhebrar antes un acuerdo con el renuente G-7. El ex ministro Roberto Lavagna dio testimonio en su tiempo de esas gestiones norteamericanas. Los Estados Unidos tampoco aceptan la tesis de su frialdad con América latina.
En los últimos días hubo dos decisiones de Washington que dispararon la reacción argentina. Una fue el anuncio de que podrían terminar las excepciones arancelarias para varios productos argentinos. Kirchner contestó en público denunciando el final de las relaciones carnales. Eso cae bien , se ufanan a su lado. Ni el tema comprendía sólo a la Argentina ni el monto en discusión es significativo como para justificar tanta batahola. Se trata de beneficios por menos de 100 millones de dólares y está Turquía entre los países eventualmente perjudicados junto con la Argentina; Turquía es un importante aliado de Bush en el mundo.
Es una cuestión administrativa para el Ejecutivo norteamericano. El Congreso puede hacer una lectura política, pero no el gobierno , aclararon en Washington.
El otro asunto fue la abstención del G-7 en el BID, que decidió, no obstante, conceder un crédito de 650 millones de dólares a la Argentina para el tendido de una red eléctrica en el Norte. En ese caso sí hubo un doble mensaje de Washington al BID y a la Argentina. Los Estados Unidos están trabajando para modificar el sistema de concesión de créditos fáciles del BID y ésa fue una oportunidad política para sentar su posición.
El mensaje a la Argentina tuvo un contenido también político: Washington no comparte la estrategia del gobierno argentino de que el Estado debe asumir las inversiones que los privados no quieren hacer por falta de condiciones. Esas cosas las decía antes en el directorio del Fondo Monetario, pero la Argentina ya le pagó al FMI y no le importan los pataleos del G-7 en el organismo. Estamos fijando nuestra posición en otros foros , aceptaron en Washington.
Francia fue el único país del G-7 que votó a favor de la Argentina en el BID, aunque tras un debate previo en París entre los políticos y los ortodoxos. España también votó a favor. Siempre hay otra oportunidad para Kirchner de parte del gobierno español. Kirchner empieza a responder. Resolvió parte del viejo problema de Aerolíneas Argentinas y se deslumbró con la reunión que tuvo con la nueva conducción de la empresa. Es el rey, es el rey , suele repetir el Presidente. El rey Juan Carlos tiene relación personal con los dueños de Aerolíneas.
¿Influye en la tensión con Wa-shington la relación de Kirchner con Hugo Chávez? Está claro que Bush detesta al populista venezolano, pero su gobierno entiende los tratos de Kirchner con él, por ahora al menos, como una relación económica más que política.
La cercanía de Chávez es un problema para Kirchner. Chávez acaba de visitar a todos los autoritarios del mundo y se coaligó con Irán en su posición contra Israel. La comunidad judía, a la que Kirchner trata de seducir, toma distancia de él. El Presidente lo sabe: prometió que recibirá a la comunidad judía venezolana, enfrentada con Chávez, cuando viaje a Caracas.
En verdad, el problema con Wa-shington está encerrado en la relación rota entre los presidentes. Bush está en los últimos dos años de poder, pero le quedan dos años aún. Los comportamientos de Kirchner desconcertaron a Bush: hubo cordiales reuniones bilaterales seguidas de encendidas arengas públicas contra Washington. La relación con Washington será regular mientras esté la administración Bush. Cambiará con un demócrata o con un republicano preocupado por América latina , explican al lado de Kirchner.
La relación entre los gobiernos es otra cosa. Hay intensos -y reservados- programas sobre la lucha contra el terrorismo, contra el narcotráfico y contra el lavado de dinero. La CIA y el Mossad (la inteligencia israelí) ayudan mucho a la Argentina, incluso en el combate del delito común , aseguran los que conocen las cosas secretas del Presidente.
Pero el mundo es más pequeño de lo que parece. Algunas señales argentinas impresionan mal en el mundo. Luis D Elía parece responder más a la ideología de Chávez que a la de Kirchner, pero es funcionario de Kirchner. Kirchner debería frenarlo cuanto antes: aquél se está por dar el gusto de convertir en ley la violación constante de la ley.
Julio De Vido y Alberto Fernández recitaron discursos diferentes ante el Consejo de las Américas. Fernández fue más conciliador con los empresarios y De Vido dio por abolida la ley de la competencia. Los empresarios deberán acostumbrarse a ganar menos, dijo. Kirchner creía, antes de asumir, que los precios se disciplinan con competencia y con inversión. Son las ideas que reinan en el mundo, equivocadas según la mirada de los argentinos. Ahora, está más preocupado por la inflación del mes en curso.
Sucede que los empresarios quieren recuperar ya en la Argentina la inversión que en otros lugares del mundo les lleva más tiempo. Es el argumento del Gobierno. Si todo fuera cierto, políticos y empresarios han adoptado entonces la cultura punk: la vida hay que vivirla hoy, porque el mañana no existe.
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