Misiones: un obispo, líder de la oposición |Piña, contra la reelección de Rovira
La reelección eterna que busca el gobernador kirchnerista de Misiones, Carlos Rovira, deberá luchar contra una coalición que incluirá abiertamente a la Iglesia como principal oponente. Y será así porque el obispo de Iguazú, monseñor Joaquín Piña, aceptó ser el primer candidato a convencional constituyente en contra de la reforma constitucional que propone Rovira.
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El jesuita que lidió con Stroessner y con Rovira |Es catalán y trabajó 22 años en Paraguay
Sacerdotes atraídos por la política
El 29 de octubre habrá en Misiones comicios para elegir la Convención Constituyente que debatirá la modificación de un solo artículo de la Constitución provincial: el que se refiere a los plazos de gobierno.
Rovira, que cumple su segundo mandato consecutivo, necesita el beneficio de la reelección eterna o indefinida para poder aspirar a un tercer mandato.
La Iglesia de Misiones ya había mostrado su preocupación por el devenir institucional de la provincia , pero ahora tendrá un compromiso mayor: después de hablar con el cardenal primado, Jorge Bergoglio, jesuita como él, Piña aceptó ser candidato, según lo admitió ayer a LA NACION.
A Piña lo apoya un arco opositor que incluye a la UCR, buena parte de los dirigentes peronistas de la provincia, el socialismo, gremialistas de Hugo Moyano, al menos ocho partidos provinciales y organizaciones como la CTA.
“Yo siempre estuve en contra del proyecto reeleccionista porque me parece una aberración. Es un proyecto hegemónico que debemos frenar. Se trata de defender los derechos humanos y de salvar la democracia, la dignidad y las instituciones", explicó monseñor Piña.
El obispo de Iguazú, nacido en España hace 76 años, explicó cómo lo convencieron para que encabezara la lista contra la reelección de Rovira: "A mí me habían pedido desde muchos sectores que participara como candidato, pero me parecía que no era lo mío. Hasta que hablé con Bergoglio y él me dio a entender que me apoyaba. Después, la gente también empezó a reclamarlo. Y bueno, hubo una aprobación muy grande y yo estoy dispuesto a sacrificarme, así que dije que sí".
Será, así, el primer candidato a convencional constituyente por el Frente Unidos por la Dignidad, que integran la CTA, el radicalismo no kirchnerista, buena parte de los dirigentes peronistas, sindicalistas como el camionero Adolfo Velázquez -cercano a Hugo Moyano-, el socialismo y algunos partidos provinciales.
El Partido Justicialista de la provincia, originalmente incluido en el armado opositor, fue intervenido, de modo que por ahora no está claro si el Frente podrá contar con el sello del PJ o si deberá conformarse con la dirigencia partidaria que se opone al gobernador Rovira.
Las condiciones de Piña
Ante la cantidad de militancia política que aparecía detrás de su candidatura, Piña puso condiciones. "Dije que aceptaba sólo si me prometían que no se iba a politizar la campaña", reveló el obispo de Iguazú. Los partidos políticos, por lo tanto, se ocuparán de la logística, pero figurarán lo menos posible. "Esto es una lucha de la sociedad, no de la política", explicó monseñor Piña.
Para darle mayor envergadura a su cruzada, el obispo de Iguazú sumó al obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, y contó que buscarán pastores evangelistas y miembros de la comunidad judía para que integren la lista de candidatos convencionales opositores.
"No habrá ningún dirigente político notable en la lista. Queremos poner médicos, productores, colonos, pero nada de políticos", confió a LA NACION Jorge Galeano, presidente del Movimiento de Acción Popular (MAP), uno de los partidos provinciales que integran el frente.
Galeano también aseguró haber tenido una conversación con el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.
El cardenal, según aseveró el titular del MAP, dijo que apoyaría la candidatura de Piña. "Cuando le hablé del tema, me respondió que le parecía bien y que hasta sería capaz de pedirle por favor que fuera candidato a monseñor Piña", afirmó Galeano.
Qué dice el Episcopado
LA NACION intentó comunicarse con el cardenal Bergoglio para conocer su opinión, pero resultó imposible. Quien respondió fue el vocero del Episcopado, Jorge Oesterheld, que señaló: "Si Joaquín Piña dice que Bergoglio le dio su apoyo, es porque es así. Monseñor Piña es un obispo serio, que no macanea".
El operativo para convencer al obispo de Iguazú fue encabezado en Misiones por el presidente del Partido Socialista de la provincia, Mariano Díaz, que fue quien hizo la propuesta formal. La primera respuesta de Piña fue negativa, pero hace una semana la historia cambió.
Primero, el obispo de Iguazú se encontró con Bergoglio en La Rioja, durante el homenaje al obispo Enrique Angelelli. Allí conversaron del tema, según dijo Piña a LA NACION. Luego, hubo una nueva muestra de apoyo de la sociedad misionera.
"El domingo pasado se reunió muchísima gente en la Iglesia, así que me pareció el momento oportuno para definir las cosas", contó Piña. Allí reveló que sería candidato.
Frente a ese panorama, el obispo de Iguazú aceptó sumarse al Frente Unidos por la Dignidad junto con el obispo de Posadas, aunque con un protagonismo mayor.
Así es como la Iglesia misionera quedó embarcada detrás del rechazo a la reelección indefinida de Rovira. Monseñor Piña será el primer candidato del armado opositor.
Por José Ignacio Lladós
De la Redacción de LA NACION
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Una alarma en el sistema político |Por Martín Rodríguez Yebra
Carlos Rovira es un modelo del gobernador de estos tiempos: quiere borrar los límites temporales de su poder, batalló con suerte para destruir los partidos políticos, combatió a los jueces que sacan sentencias sin consultarlo y alimentó un sistema de medios de comunicación que sólo puede subsistir con el dinero público.
La fórmula del éxito en Misiones (también probada en Tucumán, Formosa, La Rioja, San Luis, Santa Cruz...) chocó ahora con un desafío casi sin precedente: la decisión de un hombre de la Iglesia Católica de convertirse en el líder formal de la oposición a ese sistema.
Monseñor Joaquín Piña, obispo de Iguazú, cruzó una línea al anunciar que competirá por un cargo de convencional constituyente para frenar el proyecto de reelección indefinida en la provincia. Las consecuencias de su decisión son imprevisibles y pueden saltar las fronteras de Misiones.
¿No alentará el contagio en otras provincias donde los opositores gritan en el desierto ante voluntades de poder similares a las de Rovira? Y, además, ¿podrá pasar inadvertido en el orden nacional el tácito apoyo que dio el Episcopado a la arriesgada movida del obispo?
No es para nada un secreto la ríspida relación entre el presidente Néstor Kirchner y la cúpula eclesiástica. La crisis empezó cuando el Gobierno quiso expulsar al obispo castrense Antonio Baseotto, pero ha seguido casi sin tregua durante ya casi dos años.
Tampoco caben dudas sobre el alineamiento de Rovira con la Casa Rosada. Incluso, al principio de la era Kirchner fue un símbolo de la "transversalidad" que quiso imponer el Presidente en todo el país (eso que ahora llaman "concertación"): rompió con el PJ, alentó una escisión en la UCR y ganó la reelección a la cabeza de un frente con nombre de fantasía y con promesas de inversión pública. Hasta ejecutó una conversión al progresismo que dejó helado a más de uno cuando empezó a citar en sus discursos al Che Guevara en lugar de Perón.
No hay un solo indicio de que la Iglesia al mando del cardenal Jorge Bergoglio vaya a transitar en el orden nacional el camino político que eligió el obispo Piña (y al que adhiere el obispo de Posadas, Rubén Martínez).
Por ejemplo, más allá de sus habituales apelaciones a la clase política, ni Bergoglio ni ninguno de los máximos dignatarios del Episcopado plantearon quejas públicas contra medidas institucionales del Gobierno que la oposición tildó de antirrepublicanas.
Kirchner no va a alarmarse. Sonaría absurdo siquiera imaginar una Iglesia movilizada como lo estuvo en los 50, en la etapa final del primer peronismo. Pero el caso de Misiones y la reacción de los obispos refleja una cara preocupante de la Argentina que él gobierna. Es difícil no pensar en un paso atrás en el tiempo cuando la política baja desde el púlpito.
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El jesuita que lidió con Stroessner y con Rovira |Es catalán y trabajó 22 años en Paraguay
Las libertades, dice monseñor Joaquín Piña, son innegociables. Y agrega inmediatamente que del tema sabe mucho. Los dirigentes políticos que lo tentaron para que asumiera la función de candidato antirrovirista dan más datos: Piña lleva 20 años como obispo de Iguazú, diócesis a la que llegó después de 22 años de trabajo en el Paraguay de Alfredo Stroessner.
"Trabajé bajo el peso de otra dictadura", recordó Piña el último domingo en su carta pastoral. Y reforzó la palabra "otra" porque considera que el gobierno que en Misiones encabeza el kirchnerista Carlos Rovira es lo más parecido a una gestión en la que las libertades se ven amenazadas.
"Cualquier persona sensata tiene que estar contra este proyecto hegemónico. Le dije a la gente que sé que ahora me van a caer palos, pero que estoy dispuesto a sacrificarme. No tengo miedo", dijo el obispo a LA NACION.
Monseñor Piña tiene 76 años y dejará la vida eclesiástica a fines de año, cuando se jubile. Es jesuita, como el cardenal primado Jorge Bergoglio, con quien mantiene una buena relación.
"Bergoglio dijo en La Rioja que hay que tener coraje y aguante. Yo le pido a Dios que me los dé a mí y que se los dé a ustedes, y que a estos pobres que están enceguecidos que les haga ver mejor", agregó el obispo de Iguazú en su carta pastoral.
Monseñor Piña nació en España -es catalán- el 25 de mayo de 1930, pero a los 25 años vino a vivir a la Argentina, donde hace un buen tiempo obtuvo la nacionalidad.
Independientemente de su trayectoria en la Iglesia, el obispo de Iguazú estudió en Buenos Aires durante cuatro años y luego se radicó en Misiones.
Viajó más tarde a Paraguay, enviado por la orden jesuítica, y su trabajo allí coincidió con la dictadura de Stroessner.
Luego, a mediados de los años 80, cuando el Vaticano decidió dividir en dos a la diócesis de Posadas (hasta ese entonces, era la única diócesis de toda la provincia) y creó así la diócesis de Iguazú, lo convocaron y volvió a Misiones para conducir el obispado del Norte de la provincia.
* * *
Piña se mostró desde el comienzo en contra de la reelección de los gobernadores, de modo que siempre dejó en claro que su oposición al proyecto del gobierno misionero no era una pelea particular contra Rovira, sino una cuestión ideológica "en defensa de la democracia y de las instituciones".
No estuvo a favor del segundo mandato de Rovira, por ejemplo. Y ahora, cada domingo, en misa y en sus cartas pastorales -que, vale contarlo, se publican en algunos de los periódicos de la provincia-, el obispo de Iguazú cuestiona permanentemente el afán reeleccionista del gobernador.
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Sacerdotes atraídos por la política
El del obispo de Iguazú, monseñor Joaquín Piña, no es el primer caso de un religioso con pretensión de ingresar en la política.
El caso más recordado es, tal vez, el del padre Luis Farinello, que en 2001 fue candidato a senador nacional por el Polo Social. El obispo de Quilmes, Jorge Novak, lo autorizó a presentarse, pero lo condicionó a oficiar misa sin fieles.
No entró en el Senado y al año siguiente se confesó defraudado: "Sufrí mucho. La política es más sucia de lo que creía. El poder y el dinero estropean todo. No hay humildad". Hoy se lo suele ver en actos kirchneristas.
En enero de 2005, el caso de un sacerdote que quería ser candidato en Chubut desató la polémica y una puja abierta entre el gobernador Mario Das Neves, del PJ, y la Iglesia local.
Negativa
El padre Gustavo Maitello quería presentarse como candidato a diputado nacional por el justicialismo chubutense, pero el entonces obispo de Comodoro Rivadavia monseñor Pedro Ronchino le negó la autorización.
El gobernador, que impulsaba la candidatura de Maitello, no aceptaba el mandato del obispo y se trenzó en una pulseada con la iglesia chubutense.
Finalmente, el sacerdote acató la orden de las autoridades eclesiásticas y renunció a la candidatura.
Tres meses después del episodio, la Iglesia designó un nuevo obispo en Comodoro Rivadavia y monseñor Ronchino cambió de diócesis.
Otro caso con menos polémica sucedió en 1994, cuando el entonces obispo de Neuquén Jaime de Nevares fue elegido representante de la convención constituyente por el Frente Grande.
Diez años antes, durante la gestión del presidente Raúl Alfonsín, De Nevares había integrado la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).
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