El efecto Blumberg y el dilema de la inseguridad | Por Mariano Spezzapria
La marcha convocada por Juan Carlos Blumberg a la Plaza de Mayo inquietó al Gobierno desde el mismo momento de su anuncio, pero fue incrementando los nervios del poder a medida que se acercaba la fecha de la concentración para reclamar por mayor seguridad.
Tampoco la oposición estuvo ajena a la convocatoria: varios de sus dirigentes anunciaron su presencia en la marcha y es cada vez más ostensible que buscan sacar rédito político del acto que se hará a las puertas de la Casa Rosada.
El propio Blumberg marchará por primera vez a la Plaza de Mayo -las convocatorias anteriores apuntaron contra el Congreso y el Palacio de Justicia-, mientras analiza una propuesta para saltar a la arena política como candidato a gobernador de Buenos Aires.
También hay que tener en cuenta que distintos grupos de presión actuarán a favor y en contra de la marcha, con intervenciones que pueden enrarecer el clima de una manifestación que en anteriores ediciones se mostró tan importante como pacífica.
Entre esos grupos de presión se puede contar a los militares retirados cuya vocera es Cecilia Pando, que estarán en la marcha.
De la vereda de enfrente, marcharán en forma paralela organismos de derechos humanos liderados por Adolfo Pérez Esquivel. Y también piqueteros oficialistas con Luis D´Elía a la cabeza.
Todos estos condimentos nutrieron la previa de la convocatoria de Blumberg y en medio quedaron los ciudadanos, que simplemente reclaman por mayor seguridad.
Se trata de una preocupación social prioritaria, según reflejó una encuesta recientemente realizada por Hugo Haime: a comienzos de este mes, la problemática de la inseguridad superó luego de mucho tiempo al desempleo entre las angustias de los argentinos.
No es un tema fácil para el Gobierno de Néstor Kirchner, quien reaccionó ante el malhumor social mandando al archivo el proyecto de reforma al Código Penal que pergeñaba una comisión de juristas en el ámbito del Ministerio de Justicia.
Ese proyecto iba a contramano de las demandas de endurecimiento de penas que realiza Blumberg tanto en sus intervenciones públicas como en sus reuniones con distintos funcionarios. La oposición se aprestaba a encaramarse sobre las críticas del ingeniero.
En especial, la bandera de la seguridad fue tomada por Mauricio Macri, referente de la centroderecha. El potencial candidato a presidente por el PRO no duda en tomar el reclamo como propio e incluso le ofreció a Blumberg sumarse a su espacio político.
Otros dirigentes opositores quedan a mitad de camino, porque combinan sus críticas al Gobierno con la prevención que les despierta el ideario de Blumberg, al que relacionan con la "mano dura". Es el caso de Carrió, Lavagna y los radicales.
El Gobierno, por su parte, osciló entre cortejar a Blumberg -como hizo al momento de su irrupción pública, tras el secuestro y asesinato de Axel- y vincularlo a "la derecha", categoría en la que suele incluir a la mayoría de sus adversarios.
Ahora, que olfatea un hipotético interés político por parte de Blumberg, le dio rienda suelta a Luis D´Elía para saliera a hacer su juego: el "trabajo sucio" que no pueden hacer los funcionarios de primera línea, al menos los que tienen proyección electoral.
El ex piquetero y funcionario del área de la Vivienda montó una campaña de dos semanas con declaraciones filosas contra Blumberg y a nadie le quedaron dudas ya de que la marcha a la Plaza de Mayo había incomodado al propio presidente Kirchner.
"El tema de la inseguridad es complicado para el Gobierno por su orientación ideológica. Es el talón de Aquiles", reconoció a la agencia Noticias Argentinas un encumbrado miembro del oficialismo.
Y se animó a conjeturar: "la próxima campaña en la provincia de Buenos Aires va a girar en torno a la inseguridad, porque el tema económico está resuelto".
El problema de fondo, mientras tanto, no se resuelve con marchas ni con discusiones estériles entre "mano dura" y "garantismo", sino con políticas activas tanto económicas como sociales y con una Justicia que actúe con sentido común.
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