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Informe de Prensa

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Lunes, 04 de septiembre de 2006

El peligro de darle la espalda a un reclamo social |Por Daniel Casal

El persistente autismo del Gobierno tuvo una frontera demasiado
cercana que se dibujó en la mitad de la Plaza de Mayo, a metros de
la Casa Rosada, con el acto que encabezó Juan Carlos Blumberg en
reclamo de mayor seguridad.

Se pueden analizar los verdaderos motivos que llevaron al
ingeniero a concretar semejante acto de signo claramente opositor
al Gobierno, pero es estéril tapar con la mano el temor social
por los casos de violencia que se extienden ya en gran parte de la
geografía argentina.

Es que la gente sabe o percibe, más allá de sus simpatías y
odios a Blumberg, que hay amplios bolsones de corrupción que
alcanzan a políticos, jueces y fuerzas de seguridad, que en
muchos casos conviven con la delincuencia.

También que no hay acciones claras para atacar este flagelo y
evitar "la colombización" de la Argentina con violencia sin
tregua como se dan en las metropólis.

Es como que no se termina de entender que un tema de esta
naturaleza necesita de políticas de Estado con consensos amplios y
generales entre todos los sectores.

¿O acaso una concertación sólo debe ser vista como una unión de
partidos políticos con fines de exclusiva incumbencia electoral?

Sin embargo, el jueves pasado, las autoridades prefirieron
ponerle trabas al acto o sencillamente ignorarlo, algo que
potenció la concurrencia a la plaza.

Es decir que fue el propío Gobierno el que puso a Blumberg en
la primera línea de la escena política nacional que, al final,
contó con adhesiones que la mayoría de los políticos desearía.

Resultó hasta pueril negarse a recibir el petitorio con los
reclamos y la indiferencia sonó a darle espalda a un tema que
desgarra a la sociedad.

Hasta el propio presidente Néstor Kirchner debió pagar una
impensada factura cuando su nombre precedió a una estridente
reprobación de buena parte de la concurrencia al acto.

Hubo algunas "trampitas" por parte del ingeniero, dignas de un
político en campaña, como nombrar al Presidente sabiendo cual iba
a ser la respuesta de la gente y luego pedir respeto para las
autoridades.

Como así también llamar diez minutos antes del acto a
funcionarios del Gobierno para luego decir que nunca fue atendido.

Previamente, fue a la Catedral Metropolitana, a la misa en
contra del aborto, con el objetivo de forzar una foto con el
cardenal Jorge Bergoglio, quien prevenido de la jugada le cerró la
puerta en la cara cuando Blumberg lo persiguió para saludarlo.

Tampoco puede pasar inadvertida la intencionalidad de
proyección politica del padre de Axel si utiliza como blanco
preferido de sus criticas a Felipe Solá y su ministro de
Seguridad, León Arslanian, en un momento en que se le menciona
como posible candidato en la provincia de Buenos Aires.

Casi como de campaña, instó a sus seguidores a torcer la
realidad con el voto.

No hay que olvidar que está siendo coqueteado por el PRO de
Mauricio Macri para presentarlo como candidato a gobernador
bonaerense.

Este posible entendimiento político le pondría un nuevo límite
a las aspiraciones presidenciales del ex ministro Roberto Lavagna,
ya que podría tender a radicalizar las preferencias del electorado
de centro-derecha.

Esto derivaría en una polarización del electorado en las
elecciones del año próximo que dejaría al ex ministro en un
incómodo lugar del centro en el mapa de las ideologías.

Un dato curioso es que hace un par de meses la imagen de
Blumberg había ingresado en un cono de sombra, según lo demostraba
su cada más vez escaso poder de convocatoria, y dos casos de
violencia extrema no típicos de la inseguridad lo pusieron de
nuevo en órbita.

El de Matías Bragagnolo que murió por una pelea callejera
entre chicos de clase acomodada o el de Alfredo Marcenac que
cayó muerto cuando paseaba por la avenida Cabildo por una bala
que le disparó otro adolescente criado entre armas y locura.

A partir de ello retornó a los primeros lugares de la escena
y tuvo en el secretario de Tierras y Vivienda, Luis D´Elía, su
involuntario movilizador hacia la plaza.

El problema mayor de los reclamos de Blumberg es que apuntan
basicamente a combatir los efectos de la inseguridad y no sus
verdaderas causas.

¿O acaso se puede pensar en una reducción de los casos de
violencia con una baja en la edad de la imputabilidad de los
menores o con el aumento de penas para los detenidos?

Posiblemente, este tipo de medidas tengan el efecto contrario
porque una ley básica de la justicia dice que nadie abandona el
delito porque haya mayores penas. Es más, el acorralamiento
potencia la violencia extrema en cada hecho policial.

Aunque en esta oportunidad, los reclamos del ingeniero fueron
algo más extensivos ya que habló de menores en riesgo o de brindar
soluciones edilicias a las villas de emergencia.

Esquivó así ese trágico lugar común que utilizan muchos cuando
se habla de inseguridad de confundir "pobreza con delincuencia".

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