En Palermo, los cuidacoches aún son los dueños de las calles |Pese a que la actividad está penada, ni los fiscales ni la policía la combaten
Los vecinos de Palermo saben que algunas cosas cambiaron en su barrio desde que entró en vigor el Código Contravencional de la Ciudad, a fines de 2004: por ejemplo, Godoy Cruz dejó de ser la zona roja, que se mudó a los lagos.
Otros problemas crónicos del barrio, en cambio, siguen sin tener ningún tipo de solución, aunque el texto de la ley lo prohíba. Es el caso de los cuidacoches, que se adueñan de las veredas -incluso de aquellas en las que hay un cartel con una letra E cruzada por una banda roja-y del derecho a libre circulación y estacionamiento de vecinos y visitantes.
El artículo 79 del código, aprobado a fines de 2004, establece, que "quien exige retribución por el estacionamiento o cuidado de vehículos en la vía pública sin autorización legal, es sancionado/a con uno a dos días de trabajo de utilidad pública o multa de doscientos a cuatrocientos pesos. Cuando exista previa organización, la sanción se eleva al doble para el organizador".
Pero el texto de la ley se aleja de lo que en realidad ocurre en las calles de Buenos Aires, según pudo comprobar LA NACION durante una recorrida por las zonas de Recoleta, Palermo, Belgrano, Las Cañitas y Núñez. Los cuidacoches ejercen su actividad con total libertad e incluso, en muchos casos, exigen a los automovilistas el pago por adelantado.
¿Por que la policía no lo impide? En la actualidad, las autoridades entienden que, de acuerdo con el Código Contravencional, sólo se puede sancionar a los cuidacoches en caso de que el agente los sorprenda dañando un vehículo o en el acto mismo de reclamo del dinero.
Otra opción que tiene el vecino es denunciar la actividad al 0800-333- 347225 (fiscal), que es un teléfono gratuito al que se puede llamar. Durante la recorrida, LA NACION intentó comunicarse con ese número. Pero nunca contestaron las llamadas. Llamó en distintos momentos, más tarde y tampoco nadie contestó.
"Recibimos menos de una denuncia por día, son unas pocas por semana -dijo a LA NACION el fiscal general adjunto, Luis Cevasco-. Porque la norma demanda que haya una exigencia del dinero. No podemos actuar de oficio, es necesario que la persona que se siente afectada lo denuncie. Y el que está yendo a comer, pasear o a la cancha no denuncia porque no quiere perder ese tiempo."
Según dijo el fiscal general, las fiscalías sólo intervienen en casos de "cuidacoches abusivos", es decir cuando exigen 15 a 20 pesos en espectáculos deportivos o recitales. Entonces aplican otra figura distinta a la que sanciona la actividad: "Actividad lucrativa sin autorización en la vía pública", sancionado en el artículo 83 del código.
Algunos vecinos, consultados por LA NACION durante la recorrida, dijeron que ellos o sus invitados ya no denuncian, cansados de que la situación nunca cambie. Así lo afirmó una señora que vive a metros de San Martín de Tours y Castex y que pidió que no se publicara su nombre. Dijo que, además de padecer el acoso que sufren sus invitados cuando pretenden estacionar, ella y sus vecinos temen las represalias. "Esta gente trabaja con el guiño de la policía; ellos no hacen nada por combatirlos", dijo la mujer.
Como en su casa
Los cuidacoches están por toda la zona, sobre todo en la entrada del Museo Metropolitano, en Castex al 3100, que funciona en una antigua residencia, donde además hay locales, oficinas y estudios profesionales. Lo mismo que sobre San Martín de Tours, frente a la clínica Mater Dei.
Cuando reciben una denuncia por el tema, muchos jueces evalúan que no se puede sancionar a un cuidacoche si éste demuestra que cuidar autos es el único medio de subsistencia que tiene.
Los "trapitos" también copan las cuadras aledañas al hospital Fernández. Allí, en Cerviño y Ruggieri, estaba Alfredo, un señor de 84 años, que hasta hace cinco trabajaba en la industria del cuero y desde hace dos se desempeña como cuidacoches, entre las 20 y las 23. Es cuando emprenden la retirada los otros cuatro que tienen copara la parada. "El trato de la gente es bueno, y yo tengo el permiso en trámite", justifica. Desde la Subsecretaría de Transporte y Tránsito de la ciudad informaron que tales permisos no existen.
Las zonas cercanas a los estadios de fútbol suelen ser las más cotizadas. Tanto porque son más los interesados en cuidar coches en las inmediaciones, como por el cachet que exigen a quienes se estacionan.
Durante la recorrida, María Freire, una vecina de Núñez, que vive en Campos Salles al 1900, a tres cuadras de Avenida del Libertador, contó que a pesar de encontrarse a más de ocho cuadras del estadio de River, los días que hay partidos o recitales, los "trapitos" se adueñan de esa cuadra (entre otras). "¡Y a los automovilistas les exigen el pago de diez pesos por adelantado!", dijo.
Por Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION
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