Cromañón, marketing macabro y fuego final |Por Marcelo A. Moreno
Los ecos de la catástrofe de Cromañón siguen resonando cada vez más extraños, cada vez más sombríos.
Resulta asombroso el empeño de Callejeros por volver a tocar. Pareciera que 194 muertos no fueran suficientes para desalentar la vocación artística de la banda, más poderosa, se diría, que la de Mozart o la de Barenboim.
También rozan lo increíble las declaraciones del líder, Pato Fontanet, alegando que no los dejan tocar por "una cuestión pura y exclusivamente política", como si alguna agrupación o partido ganara o perdiese adhesiones por la presencia o la ausencia de la banda en un escenario. Pero si faltaba algo para azorarse es el intendente Juez, que intenta dar razones a semejantes sinra zones y autoriza —junto a De la Sota— la actuación en el nombre de la libertad.
Nadie quisiera pensar que el conjunto busque explotar la luctuosa celebridad que le deparó la tragedia. O que persiga un marketing macabro. Pero la persis tencia de un grupo de procesados por semejante catástrofe por dar espectáculo provoca estupor sino puro espanto.
También es sorprendente que otro procesado —y único detenido— el otrora empresario Omar Chabán sea quien aporte pruebas e indicios para la investigación del caso. Desde luego, se entiende que Chabán hace todo lo posible por despegarse del horror. Pero lo raro es que no sea la Justicia la que busque denodadamente a los que tiraron las bengalas fatales en Cromañón. Y más extraño aún, que los familiares de las víctimas no parezcan especialmente interesados en saber quiénes fueron los que encendieron los fuegos finales.
Porque no hay duda ya que hubo una serie de graves irregularidades en la habilitación y control del boliche y en el desempeño policial. Y también es cierto que la descerebrada invitación de Callejeros instando a sus fans a concurrir munidos de bengalas para accionarlas en el local tenía la forma de un idiota ritual suicida.
Pero si hay una certeza es que si los tres, cuatro o cinco horribles esa noche no hubieran tirado las bengalas, no hubiese habido tragedia. Es decir, que no es menor establecer quiénes fueron los pirómanos y determinar si viven, sencillamente porque si ellos no hubieran intervenido tan drástica y estúpidamente, habría 194 personas más entre nosotros.
Del funcionamiento de la Justicia habla el hecho simple y claro de que a casi dos años de la tragedia, ocurrida en un lugar repleto de gente, con centenares y centenares de testigos, no haya podido establecer quiénes gatillaron la catástrofe.
Ibarra fue raramente destituido, Chabán continúa encarcelado y Callejeros, procesados, pero los autores materiales, si viven, pueden dormir tranquilos en su quemada inconsciencia: las ganas de encontrarlos no tiene la apariencia de sumar demasiadas voluntades.
http://www.clarin.com/diario/2006/09/20/sociedad/s-03710.htm
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