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Informe de Prensa

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Lunes, 25 de septiembre de 2006

Una ley que llegará a las escuelas

El ministro de Educación de la ciudad recibirá hoy el texto consensuado tras un largo debate en la Comisión de Educación de la Legislatura porteña. El proyecto, que tiene el visto bueno de la Iglesia, será votado cuando regrese al recinto.

    “Sin claudicaciones y sin hacer una ley lavada o sin contenido”
    Las dos propuestas que no salieron


Por Eduardo Videla

Las tres fuerzas mayoritarias de la Legislatura porteña están de acuerdo. La Comisión de Educación le presentará hoy al ministro del área, Alberto Sileoni, el borrador del proyecto que establece la enseñanza de educación sexual en todos los niveles del sistema educativo público y privado de la ciudad. Sus integrantes escucharán las propuestas sobre los lineamientos curriculares que está elaborando esa cartera para cuando se apruebe la ley. Es el último paso antes de que los diputados aprueben el dictamen que será debatido en el recinto. ¿Qué pasó en la Legislatura para que un proyecto que hace dos años era resistido por la Iglesia Católica y un sector importante de la Legislatura llegue a tener un consenso amplio? Según coinciden legisladores de distintos sectores, la aprobación social del tema, la nacionalización del debate legislativo, los casos resonantes de abuso sexual y el debate sobre el aborto fueron los factores que impulsaron los acuerdos. También destacan la decisiva participación de la actual gestión del Ministerio que –a diferencia de la anterior– se comprometió con la aprobación de la pronta aprobación de la ley.

Página/12 tuvo acceso al borrador que acordaron los diputados de la Comisión de Educación. Diez de los once legisladores que la integran están de acuerdo con el texto –entre todos representan a 45 de los 60 diputados del cuerpo– y sólo el macrista Jorge Enríquez quedó en soledad defendiendo las posiciones más conservadoras, que plasmará en disidencias parciales o un despacho de minoría. Los puntos más destacados del proyecto consensuado son los siguientes:

- Se establece la enseñanza de “Educación Sexual Integral” en todos los niveles y modalidades del sistema educativo público de gestión estatal y gestión privada dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

- El Ministerio de Educación elaborará los contenidos curriculares obligatorios mínimos, graduales y transversales, teniendo en cuenta las distintas etapas de desarrollo de los/as alumnos/as.

- La Educación Sexual Integral comprende el conjunto de actividades pedagógicas destinadas a favorecer la salud sexual, entendida como la integración de los aspectos físicos, emocionales, intelectuales y sociales relativos a la sexualidad, para promover el bienestar personal y social mediante la comunicación y el amor.

- La educación sexual se basa en principios como “la valoración de la comunicación y el amor”, “el derecho a la intimidad como elemento indispensable en los comportamientos sexuales”, “el respeto a la diversidad de valores en sexualidad”, “el rechazo a toda práctica sexual coercitiva o explotadora y a todas las formas de abuso y violencia sexual”, y “el reconocimiento de la perspectiva de género para la modificación de los patrones socioculturales estereotipados con el objeto de eliminar prácticas basadas en el prejuicio de superioridad de cualquiera de los géneros”.

- Los objetivos de la Educación Sexual serán “brindar información científica, precisa, actualizada y adecuada a cada etapa evolutiva, acerca de los distintos aspectos” de la sexualidad.

- También se propone “fomentar el cuidado y la responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad, promoviendo la paternidad y la maternidad responsable y la prevención de las enfermedades de transmisión sexual”.

- Otro de los objetivos es “prevenir toda forma de violencia y abuso sexual”.

- Se promueve además “la modificación de los patrones socioculturales estereotipados con el objeto de eliminar prácticas basadas en el prejuicio de superioridad de cualquiera de los géneros.

- Los establecimientos educativos integrarán “los contenidos mínimos obligatorios a los valores de su ideario y las realidades de su Proyecto Educativo Institucional con la participación de las familias en el marco de la libertad de educación”.

- El Ministerio de Educación garantizará además la oferta de talleres de formación y reflexión para padres, madres y tutores, respetando las convicciones de cada comunidad educativa, y la formación y actualización de los docentes a fin de que puedan tener las herramientas necesarias para abordar el proceso de enseñanza sobre este tema.

Ultimos capítulos

La reunión de hoy será la culminación de un trabajo de tres meses, el tiempo transcurrido desde que los legisladores se reunieron con el ministro por primera vez para acordar la necesidad de la sanción de la ley. Desde entonces, los diputados se abocaron a limar las diferencias que mantenían, y Sileoni inició una ronda de consultas con sectores involucrados con la educación para recoger opiniones sobre el tema.

“Esta vez buscamos primero los puntos en los que estábamos de acuerdo, para luego trabajar en los más complicados de consensuar. A partir de allí, cada uno tuvo que ceder un poco”, explicó a Página/12 Marcos Peña, presidente de la Comisión de Educación.

Durante todo este tiempo las reuniones fueron informales y cerradas, sin acceso para la prensa ni para las organizaciones que boicotearon durante dos años la sanción de la ley. Tampoco habrá rondas de consulta: “Ya se hicieron en 2004 y sirven como antecedente”, argumentó el legislador macrista.

El borrador es el producto del consenso de once proyectos, entre ellos los de los diputados Diego Kravetz, Ana María Suppa, Florencia Polimeni, Enrique Olivera y Santiago de Estrada, entre otros.

Para la diputada Polimeni, radical disidente, “la discusión del tema a nivel nacional y algunos casos resonantes llevaron a abrir los ojos a los que eran más reticentes”. Para el acuerdo, destacó, fue importante haber dejado afuera del proyecto los ejes conceptuales que estaban incluidos en su propia iniciativa, hace dos años, y que hacían explícitos los temas que debía abordar la educación sexual.

Las diferencias principales, además de la inclusión de esos ejes temáticos, eran el momento en que debía comenzar la educación sexual: para los macristas era en séptimo grado, para el proyecto mayoritario debía empezar en preescolar. Otro punto de debate era si los contenidos debía fijarlos el Estado o cada comunidad educativa, con participación de los padres. Y un tercero era la inclusión de la perspectiva de género. Finalmente se acordó en comenzar en el nivel inicial, pero incluyendo el concepto de “gradualidad”. Los contenidos obligatorios serán establecidos por el Ministerio de Educación y cada establecimiento podrá aportar los valores que corresponden a su ideología y creencias. En cuanto a la perspectiva de género, se optó por aceptar ese concepto, contemplado en la Constitución porteña, con el objetivo de “modificar los patrones socioculturales estereotipados” y “eliminar prácticas basadas en el prejuicio de superioridad de cualquiera de los géneros”.

El kirchnerista Diego Kravetz sostiene que “de los temas de fondo que se incluían en nuestro primer proyecto, hace dos años, no se resignó nada: se aceptó la obligatoriedad desde la educación inicial, que los contenidos los fije el Ministerio, y la perspectiva de género”. Ese proyecto había generado un apoyo transversal: además de los kirchneristas y el ARI, lo sostenían dos diputadas macristas, Soledad Acuña y Florencia Polimeni, que todavía no se había ido de esa bancada. Pero la mayoría de ese bloque se encolumnó detrás del proyecto de Santiago de Estrada, respaldado por la Iglesia.

¿Qué ocurrió ahora con aquellas diferencias que parecían insalvables? Además de la mayor voluntad de diálogo de los legisladores, algunos diputados piensan que no se podía haber llegado hasta este punto sin la venia del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.

Rigor científico

Para el diputado del ARI Enrique Olivera, son tres los puntos clave del proyecto consensuado: “La gradualidad entendida como una formación progresiva, según el desarrollo de la personalidad del niño; la responsabilidad del Estado en fijar los contenidos mínimos obligatorios y la posibilidad de que cada comunidad educativa integre esa información con sus propios valores”.

Esto significa, por ejemplo, que la información sobre métodos anticonceptivos se brindará a alumnos de 7º grado, mientras que con los más chicos se pondrá énfasis en el cuidado del cuerpo y la prevención de formas de abuso. En el caso de las escuelas católicas, deberán dar a conocer cuáles son los métodos anticonceptivos y luego podrán explicitar su posición al respecto.

–¿Y si en algún colegio les dicen a los alumnos que los preservativos no sirven para prevenir el sida, como sostienen algunos religiosos? –le preguntó este diario a Olivera.

–Estarían faltando a la verdad. La información debe tener el mayor rigor científico.

Aunque no participó en el debate de 2004, Olivera resignó ahora su propio proyecto de “ley integral de educación” (que incluía un capítulo de educación sexual) para acordar este texto.

El único que quedó afuera del acuerdo fue el macrista Jorge Enríquez: insiste en que la educación sexual debe iniciarse en séptimo grado, reclama una participación más activa de los padres en la fijación de contenidos y sostiene que la perspectiva de género debe “apuntar a la formación de la mujer y el varón y no en la posibilidad de elegir entre cinco orientaciones sexuales”, dice, aunque en ningún momento el proyecto se refiere a esa circunstancia.

“Hasta De Estrada me ha dejado en soledad”, se lamentó Enríquez. Es que el presidente de la Legislatura, un hombre claramente ligado a la Iglesia Católica, también bendijo el proyecto consensuado: “Después de la reunión e intercambio de opiniones con el ministro Sileoni, la Comisión de Educación estará en condiciones de alcanzar un texto definitivo, sobre la base del consenso alcanzado”, declaró a Página/12.

Si todo sale como está previsto, en quince días habrá un despacho de comisión y en otras dos semanas la Legislatura podría convertir en ley este proyecto. Por lo pronto, en las escuelas porteñas debería estar todo preparado para que en el ciclo lectivo 2007 se comience a impartir educación sexual, aun sin la sanción de la ley, como prometió el ministro de Educación.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-73535-2006-09-25.html

“Sin claudicaciones y sin hacer una ley lavada o sin contenido”

El ministro de Educación Alberto Sileoni, que recibe el proyecto consensuado en la Legislatura.

Por Cristian Alarcón

El ministro es optimista. Sabe, dice, que hubo que negociar para no repetir lo que califica como “un empate catastrófico que no nos permitía hacer nada”. Se refiere a la discusión por la ley de educación sexual que terminó en enfrentamientos entre ultracatólicos y sectores progresistas, y por fin, en un camino sin salida institucional. Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Ciudad, sabe, dice, que el nuevo proyecto oficial esta vez está a punto de ser aprobado. “Cuando abordamos la tarea, dijimos que sin claudicar y sin hacer una ley lavada, sin contenido o que parezca que no sea nada, la mejor ley es la que se puede sancionar y cumplir”, le dijo a Página/12. “Porque si reeditamos las antinomias entre los que tienen posiciones atemporales que no quieren discutir nada y otras que quieren incorporar posiciones relativistas fuertes, no podemos avanzar”, sostuvo.

–¿Desde el Ejecutivo se avanza en la implementación?

–Estamos en plena etapa de reuniones con gremios, organizaciones de profesionales, psicopedagogos, psicólogos, con todos los credos. El lunes estaremos con los evangélicos. Hay siempre una tarea para ver posibilidades. Estamos elaborando los contenidos que pretenden ser el ABC de lo que el ministerio tiene obligación de ser. Vamos el lunes (por hoy) a la Legislatura y hay un proyecto bastante consensuado entre todos los bloques. Me parece que hay un ruido con alguna cuestión, pero hay mucha voluntad de llevarlo para adelante. Se han superado posiciones antagónicas. Está aprendida la lección del 2004 de los debates extremos y estériles.

–Entonces, ¿cuál es la tarea de ustedes para preparar la educación sexual en las escuelas?

–Hay un proyecto de ley que puede ser retocado, pero que en líneas generales está OK y nos da la oportunidad de elaborar los contenidos, aquello que será objeto de la temática desde el nivel inicial al superior. Estamos empezando a trabajar con la recolección de materiales, para acercárselo a los docentes. Construimos lo que son las políticas de capacitación. Estamos con los primeros bosquejos de los talleres para padres, donde Educación trabajará con otras agencias del Estado municipal, la Secretaría de Derechos del Niño, un lugar para la expresión de la intimidad del ideario.

–¿Qué hubo que negociar?

–Para decirlo con sencillez, los puntos en litigio son por un lado cuándo empezamos la capacitación, o sea quiénes serán los primeros destinatarios, en qué nivel de la educación. Hay consenso de que sea desde el origen, sobre todo porque hay un proyecto de ley nacional con media sanción de Diputados, que arranca con los programas para el nivel inicial. El otro tema que siempre fue controversial es el tema del género. Es muy sensata la definición de género que da la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires dicho en el artículo 38.

–¿Qué es lo más controversial de esa discusión?

–Hay quien entiende que la definición sexual es cultural y no biológica. Y también entre los que pensamos que deben ser los contenidos una mirada sobre los derechos, y quienes plantean que los derechos de la Constitución de la ciudad y nacional impiden invadir la intimidad, imponer conductas contrarias al marco de los derechos humanos, estimular la estigmatización de la identidad sexual. Con eso resolvemos en algún sentido lo que dice. Me parece que la sociedad está dispuesta avanzar hasta ahí. Una parte del fracaso del 2004 fue porque querían incorporar algunas cuestiones que hacían mucho ruido y que eran sustentadas por algunos ciudadanos que provocaban un fuertísimo veto por parte de otro.

–¿Qué tema hacía ruido?

–El tema del género en su veta cultural que termina en una amplia oferta de posibilidades y eso impidió que se hiciera nada. Cuando abordamos la tarea, dijimos que sin claudicar y sin hacer una ley lavada o que parezca que no sea nada, creemos que la mejor ley es la que se pueda sancionar y la que se pueda cumplir. Porque si reeditamos las antinomias del 2004 entre los que tienen posiciones atemporales que no quieren discutir nada y otros que quieren incorporar posiciones relativistas fuertes, no podemos avanzar. Estábamos en un empate catastrófico que no nos permitía hacer nada.

–¿Cuál es entonces el límite?

–Nosotros nos preocupamos por el embarazo no querido y enfermedades de transmisión sexual. Ahora le añadimos un elemento distintivo, que es maltrato infantil, abuso. Todo de acuerdo con la edad madurativa de los pibes. No está pensado trabajar para los chicos de cinco años lo que se debe hablar con los de quince. A un pibe de cinco le podés decir “nadie te puede tocar, no podés estar con nadie que no quieras”.

–¿Qué están desarrollando en torno de los contenidos?

–Ya estamos trabajando, tenemos un equipo coordinado por la directora general de planeamiento, interdisciplinario, de educadores, antropólogos, sociólogos, tampoco muy grande, y vamos a usar mucha bibliografía y material de organismos internacionales, disparadores de literatura.

–¿Los chicos van a estudiar eso como el resto de los contenidos, de los manuales escolares?

–En los manuales no, vamos a incorporar textos específicos y cuadernillos para los docentes y los pibes. Hay un eje que es construcción de la identidad y conocimiento del propio cuerpo. A partir de los cuatro años los pibes empiezan a inquirir sobre el origen de la vida. Lo que pasa es que hay una fuerte tracción de que sexualidad es genitalidad. La ley saldrá como “sexualidad integral”.

–¿Qué recabaron de las rondas de conversaciones de las que hablaba?

–Veo que por ahí estamos siendo poco amables con las expectativas. La verdad es que no descarto que pueda haber problemas, pero hoy por hoy todavía las discusiones son en un marco de aceptación. Llevamos algunos contenidos el lunes (por hoy) y puede haber cuestiones que pueden ser discutidas, y que nos digan “esto por favor traten de no ponerlo”. También podemos ir a discutir algunas cuestiones sobre el proyecto. Algunos piensan que tiene que estar más fuerte la presencia del derecho de los padres. También pienso eso, pero sin que la adaptación implique que se diluya lo que tenemos que dar.

–Por ejemplo, pueden negociar no hablar de transexualidad, pero no de métodos anticonceptivos.

–Exactamente. Anticonceptivos tiene que estar presente. Si vos, escuela de gestión privada, querés decir que algunos métodos están reprobados por la Iglesia, o equis iglesia, podés decirlo. Pero no podés dejar de enseñar todos los métodos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/73535-23850-2006-09-25.html

Las dos propuestas que no salieron

Dos propuestas de 2004: el proyecto de la mayoría y el de la minoría. El primero era la “ley de educación sexual integral”, elaborada por los dos diputados kirchneristas Ana Suppa y Diego Kravetz y la macrista María Polimeni. Esta propuesta establecía que quien regularía el modo de impartir los contenidos sería la ex Secretaría de Educación porteña.

Los chicos recibirían información desde preescolar y durante toda la enseñanza obligatoria, de acuerdo con su momento evolutivo. El proyecto incluía la noción de diversidad sexual y da a los padres espacios de participación. La propuesta veía a la educación sexual como “un instrumento esencial en la prevención de enfermedades y del embarazo adolescentes” y apuntaba a promover “una concepción positiva de la sexualidad”, a través de la transmisión de información. A la orientación sexual la consideraba una variable del “desarrollo psicofísico”.

El otro proyecto, el de la minoría, fue propuesto por el diputado Santiago de Estrada, de Juntos por Buenos Aires. Este consideraba que la educación sexual debía comenzar en séptimo grado de la primaria. Los contenidos tenían que “adecuarse a cada contexto” y la capacitación de los docentes sería “acorde a las convicciones y valores de sus destinatarios”. Así, cada escuela podía decidir, junto a los padres, la educación sexual que recibirían sus hijos.

Los contenidos debían “contemplar y respetar la diversidad cultural y las creencias religiosas de la familia”. Para que los padres también aprendieran, en las escuelas se desarrollaría un “Programa de Educación Sexual”, con un mínimo de dos jornadas anuales, que serían dictadas por un equipo de profesionales en el área designados por la máxima autoridad del establecimiento.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/73535-23851-2006-09-25.html

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